Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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cap 14
La comida transcurre de forma pacífica: los He dicen una que otra cosa casual mientras que Lena y Sean solo escuchan.
Sean quiere que el almuerzo pase rápido, ya que aún tiene mucha curiosidad por el repentino cambio de novia.
Cuando se dirigen de nuevo al salón a conversar un rato, Sean no logra aguantar más.
—Ahora sí, quisiera saber la historia de esta hija suya —dice mirando directamente al duque He.
—Bueno…
—Mi padre… —intenta hablar Lena, pero Sean le tapa la boca.
—Quiero escucharlo a él.
Lena se cruza de brazos.
—Ni siquiera me importa contarte.
La verdad es que nunca habían creado una historia. Lena quería ser quien contara la versión fantasiosa de la mendiga, pero en su lugar tiene que hablar el viejo He, que seguro es patético inventando relatos.
—Bueno… —el duque He mira al suelo como si sintiera vergüenza—. Ya se lo conté a mi esposa y me perdonó. —La duquesa asiente—. Lena es hija de una concubina exterior. Estuve con Mina por un tiempo, le había alquilado una vivienda fuera de la capital y la visitaba en ocasiones, pero un día fui y ella no estaba: la casa estaba vacía. No sabía que estaba embarazada cuando desapareció, pero justo hace un mes Lena apareció en mi puerta.
El duque suelta algunas lágrimas. Tanto Lena como el resto lo miran con incredulidad, sin poder creer que haya inventado semejante historia.
—No creí en un inicio que fuera mi hija, pero al ver el colgante de jade que me entregó, lo supe. No había mentira en sus palabras, era mi sangre.
Lena aplaude internamente. Ese duque es experto en mentir, todo un corrupto profesional.
—Sufrió bastante; vivió fuera del imperio un tiempo y vagó por el mundo los primeros años con su madre y luego sola. Sentí tanto dolor que, cuando quiso casarse contigo, no lo dudé —se seca las lágrimas—. Le había fallado tanto a ella como a su madre.
—Padre… —Lena finge también llorar—. No es tu culpa.
—Claro que lo es. —El duque He abre sus brazos. Lena se levanta y responde al abrazo.—¿Estás conforme? —le pregunta él al oído.
—Perfecto. Por cierto, dame el jade de mi madre.
—Bastarda… —Murmuran entre risas y llanto fingido antes de separarse.
—Te amo, padre.
—Yo a ti, hija.
El resto de la familia He sufre reteniendo las ganas de reír a carcajadas. Tanto el duque como Lena se han pasado de desvergonzados; hasta se abrazaron y cerraron con un "te amo", algo totalmente patético.
Sean los mira con una mezcla extraña de desconcierto; se nota a leguas lo actuado de ambos.
—¿Cuándo te enamoraste de mí? —interroga Sean.
—Cuando venía hacia la ciudad imperial. Pasé por el ducado y te vi: ese cuerpo hermoso y esa coleta en tu cabello te hacen ver divino —se sienta a su lado—. Y como experta descarada, pregunté tu nombre. Casualmente mi hermana se casaba contigo —lo mira fijo y parpadea varias veces con coquetería—. Estábamos destinados.
Sean se cubre el rostro y con la mano libre la aleja un poco.
—Ya.
Sean no quiere preguntar más. Sabe que le están mintiendo, pero no tiene el valor de hacer otra pregunta.
Ya casi llega la hora del Gallo (5-7pm); entre cuentos, mentiras y la coquetería ocasional de Lena hacia Sean, el día se acaba. Los duques ya le tenían preparada una habitación para quedarse, pero Sean tiene otros planes.
—No se preocupe, suegro. Mi esposa y yo nos vamos a mi mansión en la capital. Tenemos que quedarnos algunos días y ese ir y venir al ducado será agotador para Lena. Ella puede venir a visitarlos cuando esté libre —dice Sean despidiéndose en la entrada de la mansión.
—Me parece bien —dice Lena mirando a los He—. ¿Qué dices, madre?
—Ven cuando gustes.
—Hecho. —Lena agarra la mano de Sean—. Vamos.
Lo lleva a rastras hacia el carruaje. Con su reducido metro sesenta, jalonea a Sean como si no pesara nada.
—Hasta luego, suegros.
—Chao, padres —dice antes de entrar al carruaje.
Todos se preguntan lo mismo en cuanto ella desaparece: “¿Chao?”.
Sean es el peor. “¿Chao? ¿Quién es ese?”.
Antes de subir al carruaje, mira a Ren, quien se acerca de inmediato.
—Averigua quién es Chao. Quiero esa información para ya.
Ren asiente y Sean entra al carruaje.
En el camino a la mansión, Lena mira a Sean, que se ve un tanto extraño. No se sienta frente a ella como de costumbre para cruzar miradas; se ha colocado de lado, con los brazos cruzados y sin dirigirle la palabra.
—¿Te pasa algo? —pregunta Lena tiempo después, cansada del silencio.
—No, estoy perfecto.
—¿En serio?
De pronto, Sean se lanza hacia ella. Apoya los brazos a los lados de su rostro acorralándola y dejando sus caras a milímetros. Por impulso, baja la mirada hacia los labios de Lena y traga seco, dejando a la joven en shock.
—Sean, ¿qué te pasa?
Sean saborea la tentación; aquella cercanía lo está matando y, sin poder contenerse más, la besa. Lena no puede creerlo y abre los ojos de par en par.
—¡Llegamos! —grita Ren desde afuera y el carruaje se detiene.
Sean se separa bruscamente y baja rápido del carruaje.
“A ver si sigues pensando en ese Chao”, piensa al salir.
En el interior, Lena permanece inmóvil, clavada en el asiento y con los dedos rozándole levemente los labios. Su mente, por primera vez en todo el día, se ha quedado completamente en blanco.