«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»
El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.
Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.
Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.
La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.
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CAPÍTULO 1: LA ANOMALÍA
LA ANOMALÍA
El chasquido del vidrio al estrellarse contra el suelo metálico sonó como una sentencia de muerte.
-No... Dios, no... -el murmullo se me escapó de la garganta hecho pedazos mientras me desplomaba de rodillas.
Las esquirlas del vial rompieron la piel de mis palmas al golpear las baldosas heladas, pero el ardor de la sangre fresca en mis manos no era nada comparado con la quema en la nuca. El líquido viscoso de mi último bloqueador militar se evaporó en cuestión de segundos al contacto con el aire del laboratorio subterráneo, dejando un rastro inútil e irrecuperable.
El supresor había fallado. O peor: me lo habían destruido.
En menos de tres latidos, la barrera química que mantenía cautiva a mi biología colapsó por completo. Mi cuerpo, traidor, abyecto y sumiso ante su propia naturaleza, abrió los poros. La anomalía por la que me habían convertido en el secreto más oscuro de Arcadia explotó en el ambiente: una ráfaga densa, ahogante y destructivamente dulce de miel de azahar y jazmín silvestre.
No era un perfume. Era una plaga biológica. Una feromona purísima diseñada para doblegar la razón de cualquier Alfa Pura Sangre y arrastrarlo directo al instinto salvaje del Rut.
BZZZZT.
Las luces halógenas del techo parpadearon dos veces antes de extinguirse. Las luminarias rojas de emergencia comenzaron a girar en un silencio sepulcral, bañándolo todo con un matiz sangriento.
«ALERTA: FUGA BIOLÓGICA NIVEL 5. SECTOR SUBTERRÁNEO BLOQUEADO.»
La voz sintética resonó sobre mi cabeza mientras los portones blindados cayeron de golpe contra sus marcos, sellando los accesos con un estruendo metálico que hizo temblar el suelo. El sistema de ventilación forzada chupó el aire helado y comenzó a redistribuir mi aroma a miel por cada rincón del espacio cerrado.
Caí de bruces, apoyando la frente contra el metal helado mientras la fiebre del celo me devoraba por dentro. El dolor no vino como un cosquilleo; vino como un latigazo. Mi nuca ardía como si me estuvieran clavando un hierro al rojo vivo, extendiendo ramificaciones de calor sofocante hasta mi cadera. La vista se me nubló de lágrimas; mi garganta se contrajo en un espasmo violento y la piel me quedó tan sensible que el simple contacto con mi propia ropa desgarrada se sentía como fuego.
-Maldita sea... mi cuerpo... no... -sollocé, clavando las uñas en las grietas del piso, intentando contener la respiración para no seguir contaminando la habitación. Fue en vano. Cada exhalación forzada expulsaba una oleada más espesa, una invitación abierta a ser devorado.
El ambiente dentro del laboratorio cambió de forma drástica. El aire dejó de ser frío. Se volvió viscoso, pesado, cargado con una presencia aplastante que me comprimió los pulmones hasta hacerme jadear.
La biología de los depredadores había respondido.
A través del cristal blindado que dividía el quirófano del pasillo central, tres sombras gigantescas se recortaron contra la penumbra roja. Tres pares de ojos brillaron con la dilatación absoluta de la caza: un ámbar incandescente, un azul glaciar y un rojo carmesí.
No esperaron a que las puertas electrónicas respondieran. La fuerza bruta de los tres colisionó contra el marco hasta hacer saltar los cerrojos de titanio.
El impacto del choque entre sus feromonas de dominancia golpeó el cuarto como una onda expansiva. Mi cerebro se cortocircuitó al instante.
Madera de cedro quemada y ozono.
Menta helada y cuero negro.
Tabaco amargo y ron ahumado.
Tres aromas de Pura Sangre disputándose el control del aire sellado. La vibración de su presencia fue tan brutal que mi cuello se dobló hacia abajo por puro instinto de sumisión, un acto reflejo y humillante que mi mente rechazaba pero que mi anatomía ejecuto sin permiso.
-Míralo... -la voz de Kaelen retumbó en las paredes, lenta, pesada, cargada con el peso inconfundible de la nobleza guerrera. El olor a cedro quemado me llenó la boca con un sabor metálico-. Tantas medidas de seguridad, tanta propaganda sobre el invencible "Sujeto Cero"... para verlo arrastrándose en el suelo, humillado por su propia sangre.
Traté de arrastrarme hacia atrás, buscando a ciegas algún bisturí o trozo de metal para defenderme, pero una mano implacable como una prensa hidráulica se cerró alrededor de mi garganta desde arriba.
Valen me arrancó del suelo con una frialdad espeluznante, obligando a mi espalda a arquearse. Su aroma a menta helada y cuero se pegó a mi piel sudorosa. Sentí su respiración pausada chocando directamente contra la cuenca de mi oreja mientras sus dedos presionaban con precisión quirúrgica justo al lado de mi glándula.
-Tu orgullo siempre fue una molestia, Lian -susurró Valen, dándome un apretón en la tráquea que me sacó un gemido ahogado-. Fui yo quien alteró los componentes de tu dosis esta mañana. Quería medir el punto exacto en el que tu resistencia se rompía... y ver cómo la miel de tu sangre te dobla las rodillas ante nosotros es el mejor experimento de mi vida.
-¡Suéltalo, maldito sea tu nombre, Valen! -el rugido de Eren no pertenecía a un hombre. Era el bramido de una bestia entrando en Rut.
Eren avanzó apartando una mesa de acero de un golpe que la estampó contra la pared. Su aroma a tabaco rancio y ron envolvía la habitación como un humo tóxico. De un tirón salvaje, me arrancó del agarre de Valen y me estampó contra su pecho duro como la piedra, rodeándome la cintura con un brazo que amenazaba con partirme las costillas.
Un alarido de dolor me brotó del pecho cuando sus uñas se clavaron en mi carne. Eren hundió el rostro en la curva de mi cuello y aspiró la miel con una violencia animal, pegando sus labios a mi piel ardiente mientras un temblor de posesión descontrolada corría por sus músculos.
-Es mío -gruñó Eren, enseñándole los colmillos salivantes a los otros dos-. Ninguno de ustedes va a tocar lo que huele a mi victoria. Está temblando... se va a romper en cualquier momento, y quiero ser yo quien le marque la nuca.
-Atrévete a clavarle un solo diente, Eren, y te saco el corazón antes de que toques su piel -sentenció Kaelen.
Entonces, Kaelen liberó su Voz de Mando.
La onda sonora de la Alfa Voice no solo se escuchó; se sintió en los huesos. La orden implícita de sumisión cayó sobre el recinto con la fuerza de una losa de hormigón. El efecto en mi cuerpo debilitado por el celo fue devastador: mis músculos sufrieron un espasmo violento, la garganta me emitió un chillido agudo e involuntario de obediencia, y la poca fuerza que me quedaba se disipó por completo, dejándome colgado del brazo de Eren como un muñeco de trapo.
El llanto me quemó las mejillas. Estaba encerrado en una tumba de concreto y cristal. Sin medicinas, sin aire limpio, con el vientre ardiendo en la fiebre del celo y a la merced de tres depredadores cuyo único pensamiento era marcarme, reclamarme y reclamar la presa antes de que la puerta volviera a abrirse.
Kaelen dio un paso al frente, se agachó frente a mí y me sujetó la mandíbula con la palma de la mano, apretando con la fuerza justa para obligarme a mirarlo directamente a sus ojos ámbar, consumidos enteros por la pupila dilatada del cazador.
-No nos mires con pánico, Lian -murmuró Kaelen con una sonrisa oscura que me congeló la sangre-. Tú provocaste esta tormenta con tu olor. La puerta no se va a abrir, los supresores no van a regresar... y los tres tenemos demasiado hambre.
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."