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Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La historia de Thiago y Luna

Luna Bianchi

Mucho antes de que existiera un compromiso.

Mucho antes de los vestidos elegantes, las fiestas, los anillos y las amenazas.

Mucho antes de que Luna Bianchi y Thiago Del Monte fueran considerados una pareja perfecta por la sociedad...

Ellos solamente eran dos niños.

Dos niños que no tenían idea de que sus familias ya estaban uniendo sus caminos.

Once años atrás

Faltaba exactamente una semana para que comenzaran el jardín de niños.

Las familias Bianchi y Del Monte habían organizado una reunión en una de las enormes salas de la mansión Bianchi.

Los adultos estaban sentados alrededor de una larga mesa.

Hablaban de contratos, negocios, inversiones y futuros proyectos.

Para ellos era una reunión importante.

Para los niños era la cosa más aburrida del mundo.

Luna tenía cinco años y llevaba un pequeño vestido rojo.

Su cabello estaba recogido en dos coletas que estaban lejos de ser perfectas.

Su hermano mayor había sido el encargado de peinarla.

Y eso explicaba perfectamente el desastre.

Una de las coletas estaba más arriba que la otra y varios mechones escapaban por todos lados.

Luna no parecía preocuparse.

En sus brazos llevaba un pequeño conejo de peluche.

Era gris y tenía una característica muy particular.

Le faltaba una oreja.

Por eso Luna había decidido llamarlo:

Señor Mocho.

—No te preocupes, señor Mocho —susurró mientras acariciaba su cabeza—. Tú eres perfecto así.

A unos metros se encontraba Thiago Del Monte.

También tenía cinco años.

Pero, a diferencia de Luna, parecía un pequeño adulto.

Vestía un traje azul marino, tenía el cabello perfectamente peinado y estaba sentado muy serio junto a su padre.

En sus manos tenía su juguete favorito.

Un enorme camión de bomberos rojo con una escalera extensible.

Cada cierto tiempo hacía:

—Wiu, wiu.

Thiago movía la escalera hacia arriba.

—Wiuuu...

La volvía a bajar.

Para él era el mejor juguete del mundo.

Luna, en cambio, estaba aburrida.

Miró a los adultos.

Después miró a su conejo.

Después volvió a mirar a los adultos.

—Qué aburridos...

Se deslizó lentamente de la silla.

Nadie la vio.

Caminó hasta debajo de la mesa y se sentó allí con el señor Mocho.

—Aquí estaremos mejor.

Thiago la observó.

Frunció el ceño.

—¿Qué haces?

Luna levantó la mirada.

—Me escondo.

—¿Por qué?

—Porque estoy aburrida.

Thiago miró a los adultos.

Después miró a Luna.

—Sí.

—¿También estás aburrido?

Thiago asintió.

—Mucho.

Luna sonrió.

—Entonces ven.

Thiago se deslizó debajo de la mesa con su camión.

—¿Qué hacemos?

Luna señaló el juguete.

—¿Qué es eso?

Thiago levantó la escalera.

—Es un camión de bomberos.

—¿Puede volar?

—No.

—Entonces es aburrido.

Thiago abrió los ojos.

—¡No es aburrido!

Presionó un botón.

—¡Wiu! ¡Wiu!

La escalera comenzó a subir.

Los ojos de Luna se hicieron enormes.

—¡Mira!

Thiago sonrió orgulloso.

—La escalera llega hasta el cielo.

Luna abrió la boca sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y puede rescatar personas?

—Claro.

—¿Y a mi señor Mocho?

Thiago miró al conejo.

—También.

Luna sonrió.

—¿Me lo prestas?

Thiago se quedó inmóvil.

No le gustaba prestar sus juguetes.

Mucho menos su favorito.

—No.

Luna bajó la cabeza.

—Ah...

Thiago la miró.

Ella abrazó al conejo.

Durante unos segundos intentó mantenerse firme.

Pero finalmente suspiró.

—Está bien.

Le entregó el camión.

—Pero ten cuidado.

Luna lo tomó emocionada.

—¡Gracias!

—Es mi favorito.

—Lo cuidaré.

—Mucho.

—Muchísimo.

Y aquella fue la primera vez que Thiago le prestó algo que consideraba suyo.

Sin saber que sería el comienzo de una amistad que duraría muchos años.

Al día siguiente, Luna apareció con el camión.

Pero había un problema.

La escalera había desaparecido.

—Thi —dijo ella.

—¿Qué?

—Perdí una parte.

Thiago abrió los ojos.

—¿Qué parte?

Luna señaló el camión.

—La escalera.

Thiago casi se puso a llorar.

—¡Era mi favorita!

Luna comenzó a buscar.

Los dos recorrieron la habitación.

Debajo de la cama.

Dentro del armario.

Detrás de los muebles.

Hasta que finalmente Luna encontró la pieza.

—¡Aquí está!

Thiago corrió hacia ella.

—¡La encontraste!

—Sí.

Luna la guardó cuidadosamente en un pequeño cajón.

—Para que no vuelva a perderse.

Thiago la miró.

—¿Me la vas a devolver?

Luna negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

—Porque ahora es nuestra.

Thiago debería haberse enojado.

Pero no pudo.

Sonrió.

—Nuestra.

Y así comenzó todo.

Los años siguientes

A los seis y siete años eran inseparables.

Luna era Lulu.

Thiago era Thi.

Pasaban horas jugando a rescatar al señor Mocho.

El pobre conejo era secuestrado prácticamente todos los días.

Y Thiago siempre tenía que rescatarlo.

—¡Lulu! ¡El señor Mocho está atrapado!

—¡Thi, rápido!

—¡Voy!

Thiago tomaba su camión.

Luna corría detrás de él.

Y juntos inventaban historias que solamente ellos entendían.

A los siete y ocho años se volvieron todavía más unidos.

Compartían meriendas.

Jugaban después de clases.

Se esperaban en las fiestas familiares.

Si Luna no estaba, Thiago preguntaba por ella.

Si Thiago no estaba, Luna lo buscaba.

A los diez y once años dejaron de ser simplemente amigos.

Se convirtieron en mejores amigos.

Prometieron estar juntos para siempre.

Una promesa inocente.

Una promesa hecha por dos niños que no podían imaginar cuánto peso tendría en el futuro.

Thiago — 13 años

Algo cambió cuando Thiago cumplió trece.

Hasta entonces, Luna había sido su mejor amiga.

Su compañera.

Su persona favorita.

Pero entonces comenzó a verla de una manera diferente.

Fue durante el cumpleaños número doce de Luna.

La fiesta se celebraba en la piscina de la mansión Bianchi.

Había música, juegos, comida y decenas de adolescentes.

Thiago estaba sentado junto a la piscina.

Tenía sus lentes para nadar en una mano.

No estaba interesado en entrar al agua.

Hasta que escuchó una voz.

—¡Thi!

Levantó la cabeza.

Luna salió del agua.

Llevaba un traje de baño azul.

Su cabello estaba completamente mojado.

Había crecido un poco.

Su sonrisa era la misma de siempre.

Pero para Thiago...

Ya no parecía la misma niña.

Luna levantó los brazos.

—¡Mira! ¡Me tiré desde el trampolín!

Thiago se quedó mirándola.

Sintió algo extraño en el pecho.

Sus manos comenzaron a sudar.

No entendía qué le estaba pasando.

—¿Thi?

No respondió.

—¡Thiago!

—¿Qué?

Luna se rio.

—¿Por qué me miras así?

—No sé.

Antes de que pudiera decir algo más, otro niño se acercó a Luna.

—Qué bonita estás.

El niño tomó una pequeña corona de flores y se la colocó sobre la cabeza.

—Esto es para ti.

Luna sonrió.

—Gracias.

Thiago sintió algo nuevo.

Celos.

Una rabia que no comprendía.

Por un instante tuvo ganas de quitar al niño de allí y lanzarlo a la piscina.

Se levantó.

Pero se detuvo.

Respiró profundamente.

Y entonces comprendió algo.

Luna no era solamente su mejor amiga.

Se había enamorado de ella.

Era su primer amor.

Y en aquel momento, Thiago estaba convencido de que también sería el único.

Thiago — 14 años

Desde entonces comenzó a cuidarla de una manera diferente.

Siempre estaba pendiente de ella.

Si alguien la molestaba, aparecía.

Si alguien la hacía llorar, quería saber quién había sido.

Si alguien se acercaba demasiado, se ponía incómodo.

Luna pensaba que simplemente era su mejor amigo protector.

—Thi, no necesito guardaespaldas.

—Sí necesitas.

—No.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque soy tu mejor amigo.

Luna se reía.

—Eres raro.

Thiago sonreía.

Pero nunca le decía la verdadera razón.

Porque te amo.

Thiago — 15 años

A los quince años, Thiago llegó a pelearse con dos chicos de su escuela.

Todo había comenzado por una burla insignificante.

Uno de ellos había hecho un comentario sobre Luna.

Thiago no lo soportó.

La discusión terminó en golpes.

Cuando Luna se enteró, fue a buscarlo.

—¿Por qué hiciste eso?

—Se burlaron de ti.

—¿Y?

—No voy a permitirlo.

Luna suspiró.

—No puedes pelearte con todo el mundo por mí.

Thiago la miró.

—Sí puedo.

Ella negó con la cabeza.

—Eres imposible.

Pero sonrió.

Y para Thiago, aquella sonrisa era suficiente.

Luna — 16 años

Entonces ocurrió algo que Thiago llevaba años temiendo.

Luna tuvo su primer novio.

Se llamaba Andres.

Su relación duró solamente dos meses.

Pero para Thiago fueron los dos peores meses de su vida.

Cuando descubrió que Luna estaba saliendo con alguien, perdió el control.

Llegó a su casa furioso.

Golpeó una puerta hasta dañarla.

Su familia tuvo que detenerlo.

Después no quiso ir a la escuela durante dos días.

No soportaba verla con otro.

Pero Luna nunca supo hasta qué punto aquello lo había afectado.

Cuando finalmente terminó con Andrés, Luna estaba triste.

Thiago fue quien estuvo a su lado.

Se sentó junto a ella.

—No llores.

—Me duele.

—Él no te merecía.

Luna apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Pensé que lo amaba.

Thiago sintió una punzada de celos.

Pero la abrazó.

—En algún lugar existe un chico mejor para ti.

Luna levantó la mirada.

—¿Tú crees?

Thiago sonrió.

—Sí.

Y en su mente pensó:

Ese chico soy yo.

Desde los dieciséis hasta los veintiún años, Luna no tuvo otra relación seria.

Thiago estuvo siempre cerca.

Como amigo.

Como confidente.

Como la persona que siempre aparecía cuando ella lo necesitaba.

Luna jamás sospechó que él esperaba pacientemente el momento en que pudiera decirle lo que sentía.

Pero ese momento nunca llegó.

Porque entonces apareció Nicolás.

Luna — 21 años

Nicolás comenzó a trabajar en la mansión Bianchi.

Era un empleado más.

Al menos al principio.

Pero Luna comenzó a hablar con él.

Después comenzaron a pasar más tiempo juntos.

Sus hermanos lo notaron.

Y no les gustó.

Hicieron todo lo posible para conseguir que lo despidieran.

Y finalmente lo lograron.

Nicolás dejó de trabajar en la mansión.

Pero eso no terminó su relación con Luna.

Simplemente hizo que comenzaran a verse en secreto.

Thiago no sabía nada.

Hasta que un día los vio.

Thiago — 22 años

Fue por casualidad.

Había ido a buscar a Luna.

Entonces la vio.

Estaba con Nicolás.

Luna se estaba riendo.

Una sonrisa diferente.

Una sonrisa que Thiago conocía.

Pero aquella vez no era para él.

Nicolás levantó la mano y acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de Luna.

Ella lo miró.

Sus ojos brillaban.

Estaban demasiado cerca.

Por un instante pareció que iban a besarse.

Thiago se quedó completamente quieto.

Sintió que algo se rompía dentro de él.

Había esperado durante años.

Había pensado que algún día Luna descubriría que él era la persona que más la amaba.

Pero ella ya había elegido.

Y no lo había elegido a él.

La noche de la pijamada

Semanas después, Thiago estaba en la mansión Bianchi.

Luna había organizado una pequeña pijamada.

Todos estaban conversando y riéndose.

En algún momento, Luna salió de la habitación.

Thiago se quedó solo.

Fue entonces cuando vio su diario.

Lo tomó.

Sabía que no debía abrirlo.

Sabía que era algo privado.

Pero los celos pudieron más que su conciencia.

Abrió una página.

Y leyó.

Después otra.

Y otra.

Hasta que encontró aquello que no quería encontrar.

Luna estaba enamorada de Nicolás.

No era una aventura.

No era un simple gusto.

Lo amaba.

Thiago cerró el diario.

Se quedó mirando la portada durante varios segundos.

Había pasado años pensando que algún día Luna sería suya.

Ahora sabía que el corazón de ella pertenecía a otro.

Y aquello cambió algo dentro de él.

Luna — 22 años

El día que cumplí veintidós años, todos pensaban que estaba feliz.

La fiesta había sido maravillosa.

Había recibido regalos.

Había sonreído.

Había estado con mi familia.

Y también había estado Nicolás.

Para mí, él era la persona con la que quería compartir mi futuro.

No sabía que, en otra parte de la ciudad, Thiago ya había tomado una decisión.

Una decisión que cambiaría nuestras vidas.

Esa noche decidió que ya no iba a quedarse callado.

Pero en lugar de confesar sus sentimientos...

Mintió.

Le dijo a mi familia que nosotros teníamos una relación.

Que llevábamos tiempo juntos.

Que nos amábamos.

Y antes de que pudiera entender lo que estaba sucediendo, ya habían convertido aquella mentira en un compromiso.

Cuando finalmente me enteré, intenté negarme.

Intenté detenerlo.

Pero Thiago ya había preparado todo.

El compromiso.

La fiesta.

El anuncio.

El anillo.

Mi futuro.

Todo.

Y lo peor era que yo no lo amaba.

Para mí, Thiago seguía siendo aquel niño que se había escondido debajo de una mesa conmigo.

El niño que me había prestado su camión de bomberos.

El niño que jugaba conmigo a rescatar al señor Mocho.

Mi mejor amigo.

Pero para él, yo había dejado de ser solamente su mejor amiga hacía muchos años.

Yo era su primer amor.

Y él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para no perderme.

Incluso si para conseguirlo tenía que destruir la vida que yo había elegido.

Años después, mientras Luna miraba el anillo que llevaba en el dedo, no podía evitar pensar en una sola cosa.

Nunca imaginó que aquel niño del camión de bomberos terminaría convirtiéndose en el hombre que decidiría su futuro.

Y Thiago, por su parte, tampoco imaginó que conseguir que Luna estuviera a su lado no significaría necesariamente conseguir su corazón.

Porque podía obligarla a decir sí.

Podía convertirla en la señora Del Monte.

Podía organizar la boda perfecta.

Podía darle todo lo que tenía.

Pero había una cosa que todavía no podía comprar.

Su amor.

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Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
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