Un escritor exitoso transforma el destino de una mujer marcada por cicatrices.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 6
La mañana había comenzado como cualquier otra.
Gianna caminaba por las calles con el estómago vacío y la esperanza cada vez más pequeña. Después de varios días buscando trabajo sin éxito, ya no sabía cuántas puertas había tocado.
Al pasar frente a una pequeña cafetería, el aroma a pan recién horneado hizo que su estómago protestara.
Entró.
Con las pocas monedas que tenía, compró un cruasán. Se sentó en una esquina y comió lentamente, intentando que aquel pequeño desayuno le durara el mayor tiempo posible.
Mientras, escuchó a una mujer que estaba sentada cerca del mostrador.
—Necesito encontrar a alguien que me ayude en la casa donde trabajo —comentó la señora—. La persona que estaba allí se marchó hace tiempo y ahora se está acumulando el trabajo.
La joven que atendía la cafetería negó con la cabeza.
—Lo siento, señora Michela. No conozco a nadie que esté buscando trabajo.
Gianna levantó discretamente la mirada.
¿Trabajo?
La mujer terminó su café, tomó su bolso y salió de la cafetería.
Gianna no lo pensó demasiado.
Dejó el dinero sobre la mesa, se levantó rápidamente y salió detrás de ella.
—¡Señora!
La mujer se detuvo y giró.
Gianna se acercó un poco, todavía nerviosa.
—Disculpe... estoy interesada en el empleo.
La mujer la observó de arriba abajo.
—¿De dónde saliste, muchacha?
—Soy Gianna Esposito. —Tragó saliva—. Recién llegué a la ciudad y estoy buscando un empleo. Por favor, ayúdeme.
La mujer frunció ligeramente el ceño.
—No te conozco. No sé qué intenciones tienes.
Gianna sintió que la desesperación comenzaba a apoderarse de ella.
—Por favor, ayúdeme. Le juro que no tendrá ninguna queja de mí. Puedo limpiar, cocinar, hacer mandados... lo que sea necesario. Solo necesito una oportunidad.
La mujer permaneció en silencio.
La observó detenidamente.
Su ropa sencilla.
Sus zapatos gastados.
El cabello ligeramente desordenado.
Y, sobre todo, aquella mirada cansada que intentaba esconder la desesperación.
Michela había conocido suficientes personas en su vida para saber cuándo alguien estaba mintiendo.
Y aquella muchacha no parecía estar buscando aprovecharse de ella.
Parecía estar luchando por sobrevivir.
Finalmente, su expresión se suavizó.
—Yo soy Michela Romano.
Gianna esperó.
—Y voy a ayudarte.
Los ojos de Gianna se abrieron con sorpresa.
—¿De verdad?
—Es obvio que lo necesitas. Tendrás un sueldo, techo y comida.
Gianna sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Durante días había escuchado únicamente negativas.
Por primera vez alguien le estaba tendiendo una mano.
—Muchas gracias —dijo con la voz entrecortada—. No sabe cuánto se lo agradezco.
Michela sonrió ligeramente.
—No me agradezcas todavía. Primero quiero ver cómo trabajas.
Gianna asintió rápidamente.
—Haré lo que sea necesario.
—Estoy segura de que sí.
Michela comenzó a caminar y Gianna la siguió.
Después de unos pasos, la mujer agregó:
—Te llevarás bien con Chiara.
Gianna la miró.
—¿Quién es?
—Mi hija.
Por primera vez en muchos días, Gianna sonrió de verdad.
Quizá aquella pequeña oportunidad era exactamente lo que había estado esperando.
......................
Durante el camino, Michela caminaba a paso tranquilo mientras Gianna permanecía a su lado, sujetando con fuerza las correas de su mochila.
Después de tantos días durmiendo en aquel pequeño parque, la idea de tener un techo bajo el cual dormir todavía parecía demasiado buena para ser verdad.
Michela rompió el silencio.
—Antes de llegar, quiero advertirte.
Gianna la miró.
—¿Sí?
—Los señores de la casa son bastante exigentes.
Gianna asintió inmediatamente.
—No me importa.
—No es solamente limpiar una habitación y ya. Hay muchas cosas que hacer. La casa es grande, y esperan que todo esté impecable.
—Puedo hacerlo.
Michela la observó de reojo.
—También tendrás que aprender sus rutinas. Uno de los dueños trabaja muchas horas y no le gusta que lo interrumpan cuando está escribiendo.
Gianna bajó la mirada.
—Entiendo.
—Y la familia es muy particular. Tienen ciertas costumbres y esperan que el personal las respete.
Gianna respiró profundamente.
—Haré todo lo que me pida.
Michela sonrió ligeramente.
—No quiero asustarte, muchacha. Solo prefiero que sepas dónde estás entrando.
—No me asusta.
Michela arqueó una ceja.
—¿Segura?
Gianna asintió.
—Sí. He tenido trabajos mucho más difíciles.
No dijo más.
No quería contarle de dónde venía.
No todavía.
Michela notó que la joven había bajado la mirada y decidió no insistir.
Después de unos minutos, Gianna habló nuevamente.
—Muchas gracias. Le prometo que no tendrás ninguna queja de mí.
Michela sonrió.
—Eso espero.
—Haré mi mejor esfuerzo.
—Con eso me basta.
Caminaron algunas calles más hasta llegar a una zona mucho más tranquila y elegante.
Gianna comenzó a notar el cambio.
Ella miró alrededor con cierta sorpresa.
—¿Aquí es donde trabajas?
—Sí.
—Es muy bonito.
Michela soltó una pequeña risa.
—Espera a ver la casa.
Gianna siguió caminando a su lado.
Unos minutos después, llegaron frente a una enorme residencia.
Gianna se quedó completamente quieta.
Nunca había visto una casa tan grande.
Michela la miró y sonrió.
—Bienvenida a la mansión De Santis.
Gianna tragó saliva.
—Es... enorme.
—Te acostumbrarás.
Michela sacó unas llaves de su bolso y abrió la puerta.
Antes de entrar, Gianna respiró profundamente.
Michela entró primero.
—Vamos.
Gianna la siguió.
Apenas cruzó el umbral, se quedó unos segundos contemplando el enorme vestíbulo. Todo era completamente diferente a lo que había conocido durante toda su vida.
Michela notó su expresión.
—Bienvenida a la mansión De Santis.
Gianna asintió lentamente.
—Es... muy grande.
—Y eso que todavía no has visto nada.
Michela comenzó a caminar mientras Gianna la seguía unos pasos detrás.
—Antes de que empieces a trabajar, quiero hablarte un poco de la familia.
Gianna prestó atención.
—Aquí viven los señores De Santis. Son personas muy importantes y, como te dije antes, bastante exigentes. Tendrás que ser muy responsable y respetar sus horarios y su privacidad.
—Sí, señora.
Michela sonrió.
—Primero está el señor Alessandro De Santis. Él es el jefe de la familia y el dueño de varias empresas. Es un hombre serio, muy estricto y le gusta que todo se haga correctamente.
Gianna asintió.
—Después está la señora Isabella De Santis, su esposa.
—¿Es amable?
—Puede serlo. La señora Isabella es una mujer elegante y educada, pero también es muy perfeccionista. Si algo no está como debe, seguramente te lo hará saber.
Gianna asintió nuevamente, intentando memorizar cada detalle.
Michela continuó:
—Tienen dos hijos. El señor Matteo De Santis es el mayor. Trabaja en la empresa familiar. Está casado con la señora Dora.
Gianna volvió a asentir.
—La señora Dora está de viaje con su familia. Se llevó a su hijo Kevin.
—Ah...
Michela siguió caminando.
—Y después está el señor Rocco De Santis.
Gianna esperó.
—Él se dedica a escribir.
Gianna frunció ligeramente el ceño.
Michela la miró de reojo.
—¿Nunca has escuchado hablar de él?
Gianna negó con la cabeza.
—No.
Michela pareció sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
—Es bastante conocido.
Gianna bajó la mirada, un poco avergonzada.
—Lo siento...
Michela soltó una pequeña sonrisa.
—No tienes que disculparte por eso.
Gianna guardó silencio.
No había forma de que conociera a Rocco.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Michela Romano
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Chiara Romano