Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Alguien observa.
Un par de días después Vivían ya tenía movilidad absoluta, tenía que ir al hospital, y habían anunciado la llegada de la madre de Dominic aunque ella tenía un poco de miedo, la abuela le prometió que le encantaría.
Dominic le dio instrucciones a su chofer de llevarla, así Vivían llegó al hospital sin problemas, no tuvo que buscar trasporte público como siempre lo hacía.
— Mami, - me alegra verte ya de pie, creo que pronto podrán darte el alta.
— Mi amor. - si no hubiera sido por ti, no lo hubiera contado. Una lágrima resbaló por su mejilla.
— No mami, yo hubiera hecho lo posible.
— ¿Hasta casarte con Elliott Foster? - comentó dándole a saber que lo sabía todo.
Por supuesto que de eso estuvo hablando con Dominic, sabía lo obstinada que era su madre.
Un suspiro de resignación salió del pecho de su hija.
— Mamá ya no pienses en eso. - le pidió, enfócate en tu recuperación.
— Vivían, la abuela de tu marido vino a visitarme.
Vivían no estaba enterada de eso y se sorprendió.
— Solamente vino a saber cómo estaba, y a felicitarme por la hija que tengo.
Vivían sonrió, sabía que la abuela tenía un estilo muy peculiar. Pero observó una preocupación en su madre y casi podría asegurar porque era.
— No se nada de Theo Vivían y aunque se que se desvió del camino, también es mi hijo.
— Yo también me preocupo por él mami, pero debes saber qué Dominic se encargó de él, no se nada de él, sólo me informó que se iba a encargar de qué aprendiera hacer útil.
— Es tu esposo nena, te refieres a él por su nombre. - le sonrió, las cosas entre los dos pueden cambiar, ¿no lo crees?
— Mamá… no si esta conversación nos lleve algún punto.
— Mmm…- murmuró Zoila, mirándola con curiosidad. ¿Dime Vivían te estás cuidando? - Usan protección?
— Los ojos de Vivían se abrieron y un color rojo se extendió por su rostro.
— ¡Mamá! - se avergonzó, no deberíamos estar hablando de estos temas aquí.
— Vivían, fui una mujer descuidada con ustedes pero soy mujer y entiendo que te de pena. Solamente quería aconsejarte. Pero si no…
— Me puse una inyección trimestral. - le informó pregunté antes de hacerlo, Dominic no era el hombre con el que me iba a casar, - reiteró, era Elliott Foster y ese tipo debe tener una docena de críos regados por la ciudad.
Zoila se sintió afligida.
— No mamá. - le sostuvo una mano, no te sientas culpable de nada, nos diste mas de lo que piensas, trabajando dos turnos. - le recordó, y en casa nos apoyabas cansada en todo, tareas, enfermedades. ¿Eso no significa nada? - Porque para mí fue una enseñanza de amor maternal, y fortaleza mami eso nunca lo voy a olvidar. - expresó abrazándola.
El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos, Vivían se tenía que retirar, tenía que pasar a la biblioteca a buscar un libro. Se despidió de su madre, en poco tiempo ya le darían el alta y también quería convencerla de irse con ella, aunque sabía que no lograría convencerla, lo intentaría de cualquier modo.
Salió del hospital más tranquila, el estacionamiento del hospital estaba cerca, y el chofer debía estar aburrido de tanto esperar. Pero antes de cruzar la calle una voz conocida la hizo parar en seco.
— Vaya vaya preciosa, no esperaba encontrarte eres un majestuoso premio. - dijo Elliott aproximándose a ella.
Vivían se tensó, pero lo ignoró siguiendo su camino.
— ¿Porque huyes señora Blackwood? - dijo Juliana burlándose.
— No tengo nada que hablar con ustedes. - reiteró Vivían. - siguiendo su camino.
Pero sintió un jalón de uno de sus brazos.
— Suéltame. - intentó soltarse del agarre de Elliott. - ¿!Que es lo que te pasa!?
— Quedamos a medias ese día. - contestó el hombre sonriendo, recorriendo su figura de arriba abajo.
— Hubiera dejado que te matara. - exclamó la chica frunciendo sus facciones.
— ¿Porque tanto desdén preciosa? - añadió con una voz socarrona. - tú serias mía, aún lo puedes ser.
El chofer alcanzó a ver lo que sucedía reconociendo al tipo que estaba molestando a la señora de su jefe, abriendo la puerta con el teléfono llamando a su jefe. Pero antes que hiciera algo. Óscar apareció sin prisa en medio del escándalo.
— Yo creo que mejor la sueltas. - Dominic ya ha sido informado, y creo según me enteré que te tiene sentenciado. los hombres empezaron a rodearlos. Pero Juliana alcanzó a escapar antes de ser vista, por alguno de los hombres de Dominic.
— Señor Blackwood yo solo estaba vacilando. - se puso nervioso. Si no se iba antes de que Dominic apareciera, estaría en graves problemas.
— Está bien te creo, - le guiñó un ojo.
Elliott le sonrió cómplice. Empezando a retroceder y desaparecer a toda prisa.
— Infeliz. — dijo susurrando, me hubiera gustado enseñarte un poco de lo que soy capaz por los míos.
Se acercó a Vivían.
— ¿Te encuentras bien? - preguntó dándole un recorrido cerciorándose que estaba bien. En realidad, Dominic le había encargado que le acompañara en completa discreción ya sabían que tarde o temprano, Elliott intentaría hacer cualquier acto.
— Estoy bien gracias. - le respondió observándole de medio lado. ¿Acaso lo había mandó su flamante esposo?
— Vivo en la calle detrás de esta, pasé a comprar licor, le mostró una bolsa donde claramente se observaba la botella solamente pasaba por aquí.
— Que oportuno. - gracias por tu ayuda, dijo dándose la vuelta para seguir su camino, el chofer le esperaba, pero una figura imponente vestido de negro se atrasó antes de llegar al auto.
— Ringo puedes irte, yo llevaré a mi esposa. - le tomó la mano, haciendo que la chica lo mirara como si hubiera visto un ángel aunque en realidad fuera un maldito monstruo endemoniado para todos.
Antes de llegar a su auto la revisó de arriba abajo, porque hay de aquel que osará ponerle una mano encima, a Elliott tenía que hacerle una pequeña visita para dejarle en claro que a su esposa nunca más volvería a intimidarla.
Le abrió la puerta del automóvil haciendo que su esposa lo esperará dentro, cuando observó la llegada de Óscar.
— Tenías razón Elliott tenía que volver a intentarlo.
— Le voy a dar una lección. - expresó con una oscura mirada.
— Nos observa detrás de las columnas. - espetó disimulando.
Dominic asintió ya lo había visto.
— Maldito seas Blackwood, voy a encontrar como destruirte. - murmuró con dientes y puños apretados.
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