La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.
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la mujer del retrato
La casa Blackwood era demasiado silenciosa por las tardes.
Valentina Rossi
ya empezaba a notarlo.
Durante el día siempre había ruido afuera.
Caballos.
Trabajadores.
Viento.
Pero dentro de la enorme casa…
todo parecía antiguo y tranquilo.
Y honestamente, la curiosidad estaba empezando a ganarle.
Así que terminó recorriendo los pasillos lentamente mientras observaba la decoración.
La madera oscura.
Las fotografías antiguas.
Las lámparas elegantes.
Todo tenía historia.
No parecía una mansión comprada para presumir dinero.
Parecía un hogar construido generación tras generación.
Eso la sorprendía más de lo que debería.
Valentina pasó los dedos por una repisa llena de libros viejos antes de entrar a otra sala enorme.
Y entonces lo vio.
Un retrato.
Gigante.
Colgado sobre la chimenea.
La mujer del cuadro era hermosa.
Cabello oscuro cayendo sobre los hombros.
Vestido azul elegante.
Ojos claros suaves.
Pero había algo triste en su expresión.
Algo que hizo que Valentina se detuviera sin entender por qué.
Se acercó lentamente.
—Así que tú eres importante aquí…
La pintura estaba hecha con tanto cuidado que casi parecía viva.
Y entonces notó algo extraño.
La mujer se parecía un poco a:
Ethan Blackwood
Los ojos.
La mirada.
La misma calma escondiendo demasiadas cosas.
—Era nuestra madre.
La voz grave detrás suyo hizo que Valentina se sobresaltara apenas.
Giró rápido encontrando a Ethan apoyado en la entrada de la sala.
No lo escuchó llegar.
Otra vez.
—Necesitas dejar de aparecer así —murmuró ella.
Él ignoró el comentario y caminó lentamente hacia el retrato.
Por primera vez desde que lo conocía…
parecía distinto.
Más serio.
Más cerrado.
Valentina volvió a mirar el cuadro.
—Era hermosa.
Ethan levantó apenas la vista hacia la pintura.
Y algo suave apareció en su expresión.
Pequeño.
Casi invisible.
Pero estaba ahí.
—Sí.
Silencio.
Valentina no sabía por qué, pero sintió que debía bajar la voz.
Como si esa sala guardara algo importante.
—¿Murió hace mucho?
Ethan tardó unos segundos en responder.
—Once años.
Eso la hizo mirarlo otra vez.
Porque aunque su voz seguía tranquila…
había algo pesado debajo.
Algo viejo.
—Lo siento.
Él asintió apenas.
Y luego el silencio volvió a llenar la habitación.
Pero no era incómodo.
Extrañamente no.
Valentina observó nuevamente el retrato.
—Pareces a ella.
Ethan soltó una pequeña risa nasal.
—No creo que eso me favorezca mucho.
—Sí lo hace.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Y ambos se quedaron quietos un segundo.
Porque eso… sonó demasiado sincero.
Valentina aclaró la garganta rápidamente.
—Quiero decir… los ojos.
Muy buena salvada.
Terrible mentira.
Ethan la observó con demasiada atención.
Y por primera vez desde que llegó al rancho…
ella sintió que había dejado de verla solo como una obligación.
Como el matrimonio arreglado.
Como la chica de ciudad que no sabía sobrevivir.
La estaba mirando de verdad.
Eso la puso peligrosamente nerviosa.
Entonces Ethan habló otra vez.
—Ella habría dicho que estás husmeando.
Valentina soltó una pequeña sonrisa.
—Estoy investigando mi prisión elegante.
—¿Y tu veredicto?
Ella miró alrededor una vez más.
La casa cálida.
Las ventanas enormes.
El retrato observando silenciosamente la sala.
Después volvió lentamente hacia él.
—Todavía no decido si este lugar me gusta… o me está embrujando.
Y por primera vez…
Ethan sonrió de una manera completamente distinta.
No burlona.
No desafiante.
Solo real.