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CAPÍTULOS DE LIBERTAD (LA AUTORA DETRÁS DEL VELO)

CAPÍTULOS DE LIBERTAD (LA AUTORA DETRÁS DEL VELO)

Status: Terminada
Genre:Venganza / Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:9.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

La Protagonista Marcela: Dulce, obediente y sumisa en apariencia ante su esposo, pero una mente brillante, estratega y creadora de best-sellers mundiales en secreto. Lleva 25 años guardando su identidad con ayuda de su abogada y sus dos fieles amigas.

El Esposo Patricio: Magnate de los restaurantes, controlador y narcisista. Cree que tiene el control absoluto y decide humillarla públicamente para pedirle el divorcio, sin saber que está pisando un terreno minado. Lleva 10 años con una doble vida.

Los Aliados Clave:
Sus tres hijos: Aman a su madre profundamente y el mayor no duda en encarar al padre.

Las dos amigas Regina y Paulina: Cómplices del secreto literario y testigos de la falsedad del empresario.

El Presidente de la Nación: Su amor de juventud, viudo, padre de dos hijas y profundamente enamorado de ella desde siempre. Es el apoyo inesperado que le recuerda lo mucho que vale.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ECOS DEL PASADO Y LA TRAMPA DEL PAPEL ARRUGADO

La risa de Santiago resonó a través de la pantalla con una calidez tan familiar que por un instante pareció disolver las últimas dos décadas de silencio y formalidades impuestas. Los ojos azules del presidente de la nación brillaban con esa travesura adolescente que Marcela había guardado en su memoria como un tesoro prohibido durante veinticinco años. Estaban ahí, a miles de kilómetros de distancia y a mundos de distancia en términos de poder político, pero la complicidad entre ellos seguía intacta, alimentada por los años en los que nunca habían permitido que la comunicación del todo se apagara.

—Ay, Santiago... solo a ti se te ocurre aparecerte con tus ocurrencias justo la noche en que mi vida se desmorona en primera plana —susurró Marcela, apoyando el mentón en su mano, sintiendo que la tensión acumulada en sus hombros comenzaba a disiparse.

—¿Desmoronarse? —inquirió él, inclinándose un poco más hacia la cámara de su ordenador en el despacho presidencial, con una ceja arqueada y una sonrisa medio torcida—. Yo diría que más bien te estás sacando de encima un lastre de veinticinco años de obsolescencia. Te conozco, Marcela. Sé exactamente de qué madera estás hecha. Esa carita de niña buena y sumisa nunca engañó al chico que se sentaba contigo en la banca del viejo instituto.

Marcela bufó levemente, negando con la cabeza, aunque una sonrisa involuntaria curvaba sus labios.

Antes de que pudiera replicar con alguna de sus habituales agudezas, la puerta del despacho de Santiago se abrió de par en par sin previo aviso. Antonella, la menor de las hijas del presidente —una joven de diecinueve años, de espíritu libre, con los mismos ojos expresivos y la sonrisa luminosa de su fallecida madre—, irrumpió en la habitación llevando un par de carpetas oficiales.

Al pasar junto a la pantalla del ordenador y ver el rostro de Marcela reflejado en alta definición, la chica se detuvo en seco, dejó caer los papeles sobre un rincón del escritorio con total desparpajo y se inclinó hacia la cámara con una sonrisa radiante.

—¡Hola, tía Marcela! —saludó Antonella con esa energía desbordante que la caracterizaba, agitando la mano con entusiasmo—. ¡Ay, Dios mío, cada día estás más joven! Si supieras los dolores de cabeza que le doy a papá todo el día, te compadecerías de mí.

Marcela sintió un vuelco en el corazón y una ternura inmediata. A pesar de que las obligaciones institucionales y los caminos separados de sus vidas habían marcado distancias físicas, Marcela nunca había perdido el contacto con las dos hijas de Santiago. Las había visto crecer a través de videollamadas secretas, felicitaciones de cumpleaños y mensajes cifrados que Paulina y Regina se encargaban de entregar con discreción.

—Hola, mi niña hermosa —respondió Marcela con voz suave y genuina, olvidándose por un segundo del desastre con su todavía esposo—. Te ves preciosa. Cuidado con volver loco a tu padre, que ya bastante tiene con gobernar el país.

Antonella soltó una carcajada cristalina, se giró hacia su padre y le dio un codazo juguetón en las costillas, antes de mirar de nuevo a la pantalla con una picardía innata que había heredado de ambos lados de la familia.

—¿Ves, tía? —dijo la joven con tono conspirativo, señalando a Santiago con el dedo índice—. Dile la verdad, tía Marcela... ¿verdad que mi papá está guapo? Ya está bueno de tanto luto y tanta soledad. Tenemos que organizarle un casting nacional y buscarle una novia de una vez por todas, porque si no, me voy a volver loca viviendo con un solterón tan exigente.

Las palabras de Antonella cayeron en los oídos de Marcela como una chispa en un barril de pólvora, despertando de inmediato una punzada afilada, caliente y totalmente inesperada en el centro de su pecho: celos. Unos celos repentinos, primitivos y viscerales que la hicieron tensar la espalda. ¿Una novia? ¿Buscársela a Santiago? La simple idea de que otra mujer ocupara los pensamientos, los brazos o las risas del hombre al que ella había amado en secreto toda su vida hizo que su sangre hirviera. Sin embargo, su disciplina de hierro —forjada a lo largo de décadas de tragar amargura frente a Patricio— se activó al instante. Selló los labios, contuvo la respiración y se obligó a mantener una máscara de imperturbable serenidad. Se tragó el veneno de los celos y se juró no dejar salir ni una sola palabra que delatara su turbación.

Santiago, al notar el repentino silencio de Marcela y la sutil rigidez en sus hombros, ahogó una sonrisa socarrona. Él conocía a esa mujer mejor que nadie; conocía cada uno de sus mecanismos de defensa y sabía perfectamente cuándo estaba reprimiendo una emoción intensa.

—Anto, querida... creo que tus deberes de asesoramiento sentimental de tu padre pueden esperar hasta mañana por la mañana —interrumpió Santiago con una falsa seriedad que delataba la diversión en sus ojos azules—. La tía Marcela está descansando de una jornada larga. Vete a dormir.

—Ay, papá, qué aburrido eres. ¡Buenas noches, tía hermosa, te quiero! —se despidió Antonella tirando un beso a la cámara antes de desaparecer por la puerta del despacho, dejándolos solos otra vez.

Santiago se recostó en su sillón presidencial, cruzó los brazos y miró fijamente a Marcela a través de la pantalla, con una sonrisa lenta y peligrosa.

—¿Con que celosa, eh? —murmuró él con voz baja, disfrutando cada segundo—. No sabía que la famosa escritora le importara tanto la soltería de este viejo presidente.

Marcela entrecerró los ojos, recuperando la compostura con una elegancia soberbia, y levantó la barbilla.

—No digas tonterías, Santiago. Solo pensaba en la paciencia que hay que tener para aguantar las ocurrencias de tus hijas —respondió ella con tono impecable, aunque el rubor sutil en sus mejillas la delató por completo—. Buenas noches, señor presidente. Descansa.

Cortó la videollamada antes de que él pudiera replicar. Se quedó a oscuras en el estudio, con el corazón latiéndole a mil por hora, comprendiendo que el verdadero peligro de su nueva vida no era el divorcio que se avecinaba, sino el fuego viejo que amenazaba con consumirla por completo.

Al día siguiente, a las diez en punto de la mañana, la realidad corporativa e implacable de Patricio Iglesias hizo su entrada en la mansión a través de un sobre manila entregado por el abogado personal del magnate.

Marcela lo recibió en el salón principal, sentada con las piernas cruzadas y una taza de café humeante entre las manos. No necesitó mucho tiempo para leer las cláusulas redactadas por los letrados de su marido. El documento era una declaración de guerra en toda regla, diseñada con saña para destruir su supuesta dependencia económica. Patricio había ordenado dejarla prácticamente en la ruina: cero participación en las acciones de la cadena de restaurantes, ninguna compensación por los veinticinco años de dedicación conyugal, y una pensión alimenticia calculada al milímetro, miserable y restrictiva, destinada únicamente a cubrir los gastos mínimos de la casa. La única concesión era la titularidad de la mansión, un trofeo de piedra y mármol que él creía se convertiría en su prisión dorada, pues estaba convencida de que, sin un centavo en las cuentas bancarias, Marcela tendría que arrastrarse por los suelos, llamarlo llorando y suplicarle clemencia financiera.

El abogado de Patricio, un hombre de rostro estirado y maletín de cuero negro, la miró con condescendencia, esperando ver el colapso absoluto.

—Señora de Iglesias... o bueno, pronto solo Marcela —comenzó el letrado con voz sibilina—. El señor Patricio ha sido muy claro. Esta es la oferta definitiva. Si firma ahora, conservará el techo sobre su cabeza y una pequeña asignación mensual. Si intenta objetar algo en los tribunales, se asegurará de que no reciba absolutamente nada. Él sabe que usted nunca ha trabajado y que no tiene cómo sostener este nivel de vida por sí sola. Es una propuesta generosa considerando las circunstancias.

Marcela dejó la taza de porcelana sobre la mesita con un chasquido seco. No parpadeó. No mostró ni una gota de indignación. Al contrario, una sonrisa fría, sutil y profundamente peligrosa se dibujó en su rostro.

—Dile a tu jefe —respondió Marcela con una voz tan suave y helada que hizo retroceder al abogado un paso—, que guarde bien su pluma, que mañana mismo firmaré cada una de estas páginas sin objetar un solo punto. Y dile también... que disfrute el poco aire que le queda respirando como un hombre rico, porque no tiene la menor idea de quién es la mujer a la que acaba de intentar dejar en la calle.

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Enith García
Y el odio de Patricio hacia su ex esposa es por?
Marta Patitucci
Q HISTORIA TAN ATRAPANTE, NO PUEDO DEJAR DE LEER, ESCRITORA.?? FELICITACIONES POR TAN BELLA NOVELA, UNA TRAMA DISTINTA Y MUY BIEN REDACTADA..!!!! 👏👏👏👏👏
Naibelys Perez: 🫂 gracias ❤️ te invito a ver mi otras novelas 🫂
total 1 replies
Marta Patitucci
Q mala persona Patricio, no conforme en arruinarles la vida, sigue con la maldad en sus venas..!!!!
Marta Patitucci
Q BUEN CAPITULO..!!!! JAJAJA 😂😂 Y AHORA QUIEN SE RIE MEJOR.??? HAY MAURICIO.!! TAN VIVO Q TE CREIAS..!!!
Marta Patitucci
estoy impaciente x leer la caida del q se siente el ganador...!!! 🤭🤭🤭🤭
Marta Patitucci
muy buen comienzo.!!! ya me atrapo' tu bistoria.!!! 👏👏👏
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