En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 3 — En camino al Examen de Talento de Magia y Cuerpo.
Así que no podía depender de él.
Si quiero romper este compromiso...
Mis ojos se entrecerraron.
...tendré que hacerlo yo misma.
Pero antes debía descubrir cómo.
No podía simplemente presentarme ante el rey y decir:
«No quiero casarme con su hijo porque en el futuro me engañará, me destruirá y terminará asesinándome».
Me tomarían por loca.
Necesitaba un motivo.
Uno que nadie pudiera ignorar.
Uno que hiciera que incluso el rey considerara que mantener aquel compromiso era inconveniente.
Y entonces...
Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.
—Señorita Isolde, hemos terminado.
La doncella colocó los últimos adornos en mi cabello.
Me levanté.
Mis pequeños zapatos rosados estaban perfectamente combinados con el vestido. Llevaba medias blancas y delicados adornos florales entrelazados en mi cabello morado.
Las doncellas retrocedieron.
—Está preciosa.
—Parece una pequeña princesa.
—No, parece una muñeca.
Me acerqué al espejo.
Me observé detenidamente.
El vestido rosa.
Mis zapatos.
Mi cabello cuidadosamente peinado.
Todo encajaba perfectamente.
Incliné ligeramente la cabeza.
Y entonces pensé:
Vaya...
Toqué mi mejilla con una pequeña mano.
Me veo muy linda.
Por alguna razón, esa conclusión me hizo sonreír.
Sin embargo, mi sonrisa no duró demasiado.
Porque debajo de aquella apariencia dulce y delicada seguía existiendo la mujer que había muerto en la guillotina.
Una mujer que ya no tenía intención de obedecer.
..."La mujer que sería conocida...
...por ir en contra del mundo"....
—Muy bien —murmuré.
Mis ojos azules brillaron frente al espejo.
Si este mundo insiste en convertir a las mujeres en muñecas obedientes...
Sonreí con inocencia.
Entonces tendré que ser una muñeca bastante problemática.
Pero antes de poder continuar con mis pensamientos, una doncella anunció que el carruaje estaba listo.
Respiré profundamente.
Había llegado el momento.
Bajé lentamente las escaleras que conducían al vestíbulo principal del ducado.
Mis pequeños zapatos resonaban contra los escalones de mármol mientras descendía.
Y entonces los vi.
Mi familia ya me estaba esperando.
Al frente se encontraba mi padre.
Darius Valtheris.
Mi padre, Darius Valtheris, se encontraba de pie junto a la puerta principal. A sus cuarenta y cinco años conservaba una presencia imponente. Su tez blanca contrastaba con su cabello rubio dorado, cuidadosamente peinado, y sus ojos azules observaban cada movimiento con una seriedad que rara vez abandonaba su rostro.
A su lado estaban mis dos hermanos y mi madre.
Roderick Valtheris.
Mi hermano mayor, tenía doce años. Su tez era blanca y sus ojos verdes destacaban bajo su cabello dorado.
En mi primera vida, Roderick moriría antes de cumplir los dieciocho años, víctima de un accidente en la academia.
Lo miré durante unos segundos.
Aún estaba vivo.
Aún estaba aquí.
Una extraña sensación oprimió mi pecho.
No sabía si debía sentir alivio o miedo.
Después dirigí la mirada hacia mi madre.
Celestia de Valtheris.
Su ondulado cabello morado caía delicadamente sobre su espalda y sus ojos verdes tenían una belleza que todavía podía recordar incluso después de haber muerto.
Tenía apenas veintitrés años.
Demasiado joven.
En mi vida anterior moriría a los veinticinco, cuando recibiera voluntariamente un ataque de asesinato dirigido contra mi padre.
La observé en silencio.
Durante un instante quise correr hacia ella y abrazarla.
Quise decirle que la había extrañado.
Que la había visto morir.
Que había pasado años deseando volver a contemplar su rostro.
Pero no podía.
Para ellos, yo solo era una niña de diez años.
No podía explicar que dentro de aquel pequeño cuerpo existía una mujer que había vivido y muerto una vez.
Finalmente, mis ojos se posaron sobre el último integrante de mi familia.
Gideon Valtheris.
Mi medio hermano.
Cabello rubio dorado, ojos azules y tez blanca.
Tenía once años.
Era el hijo ilegítimo que mi padre había tenido con una prostituta.
Y también era el niño que, en el futuro, llevaría al Ducado de Valtheris a la ruina.
Lo observé detenidamente.
Gideon parecía completamente ajeno a los pensamientos que cruzaban por mi mente.
En mi vida anterior jamás había podido verlo con los mismos ojos.
Ahora era diferente.
Conocía el futuro.
Sabía lo que ocurriría.
Y eso hacía que cada rostro conocido pareciera esconder un secreto.
—¿Qué ocurre, Isolde? —preguntó mi padre.
Parpadeé.
—Nada, padre.
Sonreí suavemente.
—Solo estaba pensando en el té con el que acompañaría los bocadillos.
Darius me observó unos segundos antes de suspirar.
—Mujeres.
—Hoy es tu examen de talento no me defraudes.
Lo sabía.
Aunque fuera una niña y, según las normas de aquella sociedad, mi talento no tuviera importancia y la de un varón, sí, toda la familia debía estar presente durante mi Examen de Talento de Magia y Cuerpo.
Era una obligación para los hijos de una casa noble.
Y, sobre todo, era una oportunidad para conocer qué futuro le esperaba a cada niño.
Y si una niña seria de calidad al no tener talento.
Mi padre se dirigió hacia la salida.
—Vamos.
Todos comenzamos a caminar.
................
Mis padres, Gideon y yo subimos al mismo carruaje.
Roderick, en cambio, subió a uno diferente.
Era habitual que el heredero viajara separado del resto de la familia.
Me acomodé junto a mi madre.
Ella tomó mi pequeña mano entre las suyas.
Estaba tibia.
Real.
La miré de reojo.
Por alguna razón, aquel simple contacto hizo que mis ojos comenzaran a arder.
Mi madre seguía viva.
Todavía podía tocarla.
Todavía podía escuchar su voz.
Bajé la mirada para ocultar mi expresión.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Celestia.
—Un poco.
—No tienes por qué estarlo.
Sonrió.
—No importa cuál sea el resultado. Sigues siendo mi hija.
Mi corazón se estremeció.
En mi primera vida había olvidado muchas cosas.
Pero ahora recordaba cada palabra.
Cada gesto.
Cada momento que había desperdiciado.
—Gracias, madre.
Ella acarició suavemente mi cabello.
—Buena suerte, Isolde.
Cerré los ojos durante un instante.
Esta vez...
No permitiré que mueras.
No permitiré que Roderick muera.
No permitiré que el ducado caiga.
No permitiré que Gideon destruya todo lo que pertenece a nuestra familia.
Y tampoco dejaré que las escorias vivan tranquilas.
Abrí los ojos.
Pero mi expresión cambió inmediatamente.
No podía dejar que nadie descubriera que sabía lo que ocurriría en el futuro.
Los choferes ocuparon sus lugares y, después de comprobar que todo estaba listo, activaron los mecanismos mágicos.
Las runas grabadas en los laterales del carruaje brillaron suavemente.
Una luz grisácea comenzó a iluminar las ruedas.
—En marcha.
Los carruajes mágicos comenzaron a avanzar.
El sonido de las ruedas sobre el camino de piedra se mezcló con el suave zumbido de la magia.
Yo observé el paisaje a través de la ventana.
Había regresado.
Y esta vez...
El futuro sería diferente.
gracias 😍😍❤️❤️❤️