Jared es el alfa de uno de los clanes de lobos más poderosos del norte. Frío, dominante y fiel a las leyes de la manada, jamás permitiría que el clan rival jugara con su honor… hasta que secuestran a su hermano.
Marlene es la hija olvidada de ese mismo clan. Rechazada desde su nacimiento, nunca ha pertenecido realmente a ningún lugar.
Cuando Jared la toma como rehén para forzar un intercambio, cree tener el control de la situación.
Lo que no espera es que ella no le tema.
Ni que despierte algo que jamás debió sentir por una enemiga.
Entre clanes enfrentados, secretos, lealtades y deseo, descubrirán que algunas guerras no se ganan con colmillos… sino con el corazón.
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encuentros y secretos
-Oh, la tuya más o menos me la sé. La hija rechazada... –dijo alegremente.
-Bueno, no quería ofender. –añadió antes de girarse hacia mi hermana con toda la atención. –¿Selena, verdad? ¿Cómo conociste a Tom? ¿Cómo se organizó todo este lío? –Sus ojos brillaban ante el posible jugoso cotilleo.
Supuse que era normal después de todo.
Esperé en silencio la contestación de mi hermana. Ella y yo charlábamos, pero no era como si fuésemos confidentes o algo así. Sentí un pequeño hormigueo de curiosidad y celos al mismo tiempo; no por Tom, sino por la facilidad con la que todos parecían integrarse en historias ajenas, mientras yo seguía siendo la observadora relegada.
-Oh, pues... Aunque está prohibido, todos los jóvenes solemos sobrepasar la línea un poco. Nos vemos con personas de la manada contraria desde lejos. Algunos llegan a hablar y eso, pero cuando cae la tarde todos volvemos a nuestro hogar. Es una aventura. –¿Los miembros normales hacían eso cuando desaparecían? –Un día, a la hora del toque de vuelta, Tom me siguió hasta que tocó la línea de nuestro clan. Simplemente me besó. Ahí empezó todo... Comenzamos a vernos prácticamente a diario. Tom es un hombre encantador pero eso lo hace muy manipulador también. Falsas promesas y excusas... Mis hermanos nos pillaron. Fin de la historia.
-No parecía para nada apenada al contar los hechos. Su tono ligero contrastaba con la gravedad de la situación.
-¿Nos disculpas un momento, Dara? –cuestioné para alejarme de ella con educación. –¿Era tu plan, Selena? ¿Qué buscabas al dejar que te pillasen y le obligasen a formalizar? Necesito saberlo. –Ella se encogió de hombros en respuesta. –Si estoy aquí secuestrada, por lo menos debería saber por qué. –dije molesta.
–Si estás aquí es porque has querido. Ellos me querían a mí. –recalcó de tal forma que me dolió. Su indiferencia era punzante, casi tangible, y me hizo apretar los puños con fuerza, deseando que el aire se llenara de otra cosa que no fuera su desprecio.
Me levanté y anduve sin rumbo fijo, no sabía dónde estaba. En los alrededores de la mansión había mucha gente, cada uno a lo suyo. Eso no quería decir que no estuviesen pendientes de mí cuando pasaba por su lado. Simplemente no me consideraban una amenaza. Cada sombra parecía observarme, cada paso retumbaba más fuerte que el anterior, como si el suelo mismo me recordara que estaba atrapada en su mundo. Al llegar a la parte de atrás, choqué con alguien. Roco. Me miró entera y se apartó como si quemase comprobando que nadie nos había visto. ¿Por qué tenía esa actitud tan rara?
Acabé siguiendo un olor a menta fresca y jabón limpio. Me encantaba esa fragancia aunque no podía saber exactamente de dónde venía. Paso a paso mi corazón fue bombeando con más fuerza hasta el mismo momento en el que me crucé con sus ojos negros azabache como dos ópalos. La luz del atardecer reflejaba un brillo profundo, como si ocultase secretos que yo debía descubrir, y algo en mi interior me dijo que no sería un encuentro cualquiera.
–¿Me buscabas? –La voz de Jared era inconfundible, pero aquel gruñido bajo era enloquecedor.