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RUMORES EN LA OFICINA
La tarde avanzaba lentamente en el piso veinte de Montenegro Group, y aunque todo parecía tranquilo, Valeria Duarte sentía que la tensión no desaparecía del todo.
Después de haber pasado tanto tiempo dentro de la oficina de Gael Montenegro, no lograba concentrarse igual que antes.
Cada vez que recordaba lo cerca que había estado de él, sentía un nerviosismo extraño, como si algo hubiera cambiado sin que ella se diera cuenta.
Sacudió la cabeza levemente.
—Concéntrate… —murmuró.
Tenía varios documentos que organizar antes de que terminara el día, y no quería darle ninguna razón para volver a molestarle.
Estaba escribiendo en la computadora cuando escuchó voces acercándose por el pasillo.
Dos mujeres del departamento administrativo se detuvieron cerca del escritorio, hablando en voz baja… aunque no lo suficiente.
—¿Es la nueva secretaria? —susurró una.
—Sí… la que entró hoy.
Valeria fingió no escuchar, manteniendo la vista en la pantalla.
—Durará menos que la anterior.
—Seguro.
La otra rió suavemente.
—Nadie aguanta al señor Montenegro.
Valeria apretó los dedos sobre el teclado, intentando ignorarlas.
No era la primera vez que escuchaba algo así… pero aun así dolía.
—Dicen que ni la mira a la cara —continuó una de ellas.
—O peor… cuando la mira, es para despedirla.
Las dos soltaron una pequeña risa antes de alejarse por el pasillo.
Valeria dejó de escribir por un momento.
Miró la pantalla sin ver realmente lo que tenía enfrente.
Sabía que no lo decían con mala intención…
o tal vez sí.
Pero en el fondo, ellas no estaban equivocadas.
Gael era difícil.
Frío.
Exigente.
Y ella apenas llevaba un día.
Soltó el aire despacio y volvió a trabajar.
No podía pensar en eso.
No podía permitirse pensar en eso.
Estaba revisando unos correos cuando la puerta de la oficina se abrió.
Se puso de pie de inmediato.
Gael salió con expresión seria, como siempre, sosteniendo una carpeta.
—Valeria.
—Sí, señor.
Él dejó el folder sobre el escritorio.
—Necesito que prepares estos documentos para la reunión de mañana.
Ella asintió.
—Claro.
Gael la miró un segundo más, como si notara algo diferente.
—¿Qué pasa?
Valeria parpadeó.
—¿Perdón?
—Estás distraída.
El corazón le dio un pequeño salto.
—No… solo estaba revisando unos correos.
Gael la observó en silencio.
Esa mirada fija que parecía ver más de lo que uno decía.
Valeria bajó la vista un momento, incómoda.
—Lo haré ahora mismo.
Gael no respondió enseguida.
Se quedó ahí, quieto, como si estuviera pensando en algo.
Finalmente habló.
—No me gusta repetir las cosas.
Ella levantó la vista.
—Lo sé.
—Entonces concéntrate.
Su voz no fue dura… pero tampoco suave.
Solo firme.
Valeria asintió.
—Sí, señor.
Gael tomó la carpeta que tenía en la mano, dudó un segundo… y luego la dejó también sobre el escritorio.
—Y revisa esto.
Ella la tomó con cuidado.
—Está bien.
Gael la miró una vez más antes de girarse.
Pero justo cuando iba a entrar a su oficina, se detuvo.
—Valeria.
Ella levantó la vista.
—Sí.
Hubo un pequeño silencio.
—Si alguien te dice algo… no le prestes atención.
Valeria se quedó inmóvil.
No esperaba eso.
No esperaba que él dijera algo así.
—Yo… no…
Gael frunció levemente el ceño, como si no quisiera explicar más.
—Aquí la gente habla demasiado.
Eso fue todo.
Entró a su oficina y cerró la puerta.
Valeria se quedó mirando la madera oscura unos segundos.
Su corazón latía rápido otra vez.
No había sido amable.
No había sonreído.
Pero… la había defendido.
Y eso era lo último que esperaba de alguien como él.
Se sentó lentamente.
Miró los documentos sobre el escritorio.
Y sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Tal vez trabajar con Gael Montenegro no iba a ser fácil.
Tal vez iba a ser lo más difícil que había hecho.
Pero por primera vez desde que llegó…
sentía que tal vez
podía quedarse.