Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La mentira.
Ya no tenía ni un solo callejón de escape… ¡no me quedó más remedio que ir por todo o nada! Octavio, ese inútil y patético hombre, estaba a punto de echarme de esa casa, y no importaba lo que dijera, sin un bebé en mi vientre, salir de aquí con las manos más vacías que nunca era una certeza. ¡Y todo culpa de esa bruja de Briella, esa mujer que volvió solo para arruinar mi vida!
Pero yo no me rindo. No me doy por vencida tan fácilmente, ni me voy a ir sin dar pelea. Después de pasar toda la noche encerrada, maquinando cada detalle con la mente de una estratega desesperada, decidí que mi objetivo sería ese joven extranjero. Pero antes, me aseguré de que mi hijo tuviera su futuro asegurado hasta el último centavo. Legalmente, Rodo es hijo de Octavio… así que todo lo que ese hombre posee le pertenece por derecho a mi niño. Se lo dejaré aqui, para que el imbécil lo crie, y cuando el heredero reclame lo que es suyo, ¡volveré por todo lo mío!
Por la madrugada, mientras Octavio aún no salía de su estudio, me colé sigilosamente en la habitación de Rodo.
– Rodo… hijo, despierta, por favor –lo sacudí con fuerza hasta que por fin ese mocoso abrió los ojos, confundido y dormido.
– ¿Mamá? ¿Qué pasa? ¿Es hora de levantarse ya? –preguntó con la voz ronca del sueño.
– ¿Qué pasa? –exclamé con un tono que lo heló en el sitio. – Que tu padre ya no nos quiere más, ¡y todo es tu culpa por ser tan descuidado, por no saber comportarte! –dije sin piedad alguna, viendo cómo sus ojos se abrían como platos y las lágrimas comenzaban a brotar.
– Pero… pero papá no puede hacer eso… ¡yo le he obedecido! –balbuceó, temblando de miedo y tristeza. Lo abracé con fuerza contra mi pecho, sintiendo cómo su cuerpo estremecía en mis brazos.
– Tranquilo, mi amor –murmuré con falsa ternura. – Por el momento solo está enojado conmigo… y puede que me tenga que ir de esta casa. Todo esto es por ti, Rodo. Así que si quieres compensar a tu pobre madre por esta humillación, desde ahora tendrás que ser bueno… muy bueno… y hacerle caso en TODO lo que te pida. ¿Lo entiendes?
– ¡NO! –gritó, apartándose de mí con los ojos llenos de desesperación. – Mamá, no es justo que te vayas y me dejes aquí. Si papá ya no nos quiere, ¡nos vamos los dos!
– ¡No seas idiota, mocoso! –le grité, agarrándolo por los hombros con fuerza. – ¿Cómo vamos a vivir los dos? ¿De dónde sacaremos dinero para comer? ¿Para tener un techo? Yo me voy, pero tú te quedas… y te asegurarás de que tu padre te herede TODO. El día que eso pase, ¡seremos nosotros quienes le echaremos sin misericordia a él! Lo haremos pagar por cada golpe, por cada humillación que nos hizo pasar.
– Mamá… –susurró, con la voz rota por el llanto.
– Ahora tienes que ser un hombre, Rodo. Un hombre dispuesto a todo para sobrevivir –le dije con severidad, mirándolo a los ojos hasta que entendiera la magnitud de lo que le pedía. – Escúchame bien, si no lo haces, terminaremos los dos en la calle, sin nada, sin nadie que nos ayude.
– Esta… está bien, mamá –dijo al fin, con la cabeza baja y las manos temblando. – Haré todo lo que me digas.
¡Así de fácil conseguí el apoyo del único que me dará la vida de lujo que merezco! Le susurré cada paso que debía dar, cada palabra que debía decir, cada mentira que debía contar… absolutamente todo para que nuestro plan funcionara a la perfección. Rodo, al ver mis lágrimas fingidas, no dudó ni por un instante. Le dejé un beso en la frente y salí corriendo de la habitación, a esta hora, ese hombre ya debía estar en el hotel.
Gracias al desastre de ayer, Nadia se sentía enferma y no podía ir a buscarlo al aeropuerto… la oportunidad perfecta para que actuara yo. El único contratiempo era que quizás no estuviera invitada a la cena, pero si logro seducirlo esta misma mañana, ¡qué más da lo demás!
Llegué al hotel y, para mi suerte, su auto de lujo ya estaba aparcado en la entrada. Me colé hasta la recepción, y aunque le aseguré a la recepcionista que era una conocida, esa zorra no me dejó subir, alegando que el cuarto estaba en pleno arreglo y que debía esperar al menos diez minutos para confirmar con el personal de limpieza.
En ese mismo instante, lo vi bajar por el ascensor. ¡No podía estar equivocada! Alto, rubio, con un porte que gritaba dinero y posición social… ¡era él! Corrí hacia él sin pensarlo dos veces, tomándolo por el brazo con una seguridad que no sentía por dentro, bajo las miradas curiosas de todos los presentes. Aunque la expresión fría en su rostro me hizo dudar por un instante.
– Michael… ¡qué placer conocerte por fin! –dije con la más dulce de mis sonrisas, pegándome cada vez más a su cuerpo, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo la ropa.
– ¿Quién eres? –su voz fue tan fría como el hielo del Ártico, cortándome en seco.
– Soy Roxana, la mejor amiga de Nadia –mentí sin pestañear. – Cuando me dijo que no podría venir, quise hacerlo yo misma para que no te sintieras tan solo en esta ciudad tan desconocida para ti. –La vieja de su madre me había salvado la vida esa mañana cuando la llamé, en su voz noté que Nadia no le había contado nada de lo sucedido, sino que le había dicho que tenía fiebre y no podría salir. ¡La oportunidad perfecta!
– ¿Nadia te envió? ¿Y ella está bien? –preguntó con una chispa de preocupación en sus ojos azules.
– Sí, sí… solo que los nervios de verlo después de tanto tiempo le ganaron –seguí mintiendo. – Y bueno, aquí estoy yo. Espero no te moleste mi presencia… –de verdad me quedé asombrada, era aún más guapo de lo que imaginaba, con un cuerpo trabajado que prometía mucho. ¡Sin dudas estaba a punto de ganarme el cielo! Nadia, esa tonta ingenuita, no se merece a un hombre como él.
– Por favor, déjeme mi espacio –ordenó con dureza, quitándome mis manos de su brazo con una movida brusca. – No la conozco, y no me gusta que alguien invada mis espacios personales de esta forma.
– Lo… lo siento mucho –dije, agachando la cabeza y fingiendo timidez, aunque en realidad la sangre me hervía de ira al ser rechazada así. – Es solo que estoy muy feliz de conocerte… ella siempre habla tan bien de ti.
– ¿Usted es la esposa del hermano de Nadia, Octavio? ¡La madre de Rodo! –exclamó de repente, y en su rostro se dibujó una expresión de rechazo aún mayor.
¡Maldición! Esa mocosa demoníaca de Nadia ya le contó todo. ¡Cálmate, Roxana! No te dejes llevar por el impulso, no arruines todo ahora…
– No soy la esposa de Octavio –dije con la voz quebrándose de forma calculada. – Solo somos amigos de toda la vida que vivimos en la misma casa. De hecho, los tres somos muy unidos desde pequeños… y bueno, por circunstancias de la vida, Octavio me obliga a decir que somos pareja. –Mis ojos se llenaron de lágrimas que caían como agua libre.
– ¿Sucede algo malo? –su tono cambió un poco, mostrando un atisbo de compasión.
– No, no… –murmuré, acurrucándome en su pecho sin que pudiera evitarlo. – Es que él ha estado enamorado de mí durante años, y cuando me encontré en una situación muy delicada, sin dinero ni hogar, no me quedó más remedio que aceptar esta mentira. –Las lágrimas no paraban de caer mientras contaba mi fábula. – Lo siento tanto por decírtelo sin siquiera conocerte, pero nadie tiene idea de lo que realmente pasa en esa casa… de las presiones que soporto todos los días.
– No entiendo nada de lo que me está contando, señora –dijo, y sus manos me apartaron de su lado con fuerza esta vez. En ese momento, un guardaespaldas apareció de la nada, colocándose firme al lado mío. ¡Maldición! Esto no estaba saliendo como lo planeé… aunque por suerte tenía un plan de respaldo listo.
– Creo que me excedí por mis emociones… lo siento mucho, joven –intente disculparme con una voz baja, pero ese hombre ya no me dejó ni siquiera acercarme, metiéndose de lleno en su celular como si yo no existiera. ¡Tengo que hacer algo rápido antes de que Nadia llegue y se arruine todo!
Después de horas de charlas vagas y de intentar ganarme su confianza con historias sobre Nadia, me armé de todo mi valor para lanzar mi jugada final.
– Sabes… a Nadia le encanta una pieza en especial en la ciudad –dije con un tono conspirativo. – Ha estado obsesionada con ella durante meses… y creo que sería el regalo perfecto para este reencuentro. ¿Quieres que te lleve a verla?
– ¡Por supuesto! –por fin vi una sonrisa iluminar su rostro, y en ese instante, cada vez me gustaba más.
Este hombre tiene que ser mío. No importa el precio que tenga que pagar, ni las mentiras que tenga que decir… ¡será mío!