Durante días, las hermanas Caroline y Estefany Richi mantenían un romance secreto y prohibido, con los que se supone que son sus enemigos Marco y Fabián Rossi, desafiando el odio ancestral entre sus familias. Sin embargo, cuando un ataque brutal de la Bratva rusa destruye el hogar de los Richi, lo que era un pecado oculto se convierte en la única vía de salvación: un matrimonio oficial para unir a los dos clanes más poderosos de Chicago
Sin embargo, la unión estalla cuando descubren que el patriarca de los Rossi, Dante, fue el autor intelectual del asesinato de Elena, madre de las Richi. Ante la traición, los hermanos Rossi eligen a sus prometidas por sobre su padre, convirtiéndose en fugitivos. Ahora, los cuatro luchan desde las sombras para derrocar a Dante, eliminar a los rusos y reclamar el trono de Chicago.
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Caroline …
La huida de la mansión Rossi fue una operación de extracción silenciosa y letal. No podíamos permitir que Dante se diera cuenta de que nos llevábamos la pieza más importante del tablero: a mi padre. Marco y Fabián se encargaron de neutralizar a los guardias del ala baja con una eficiencia que me recordó que, aunque odiaran a su padre, seguían siendo hijos de su entrenamiento.
El aire de la noche golpeó mi rostro como una bofetada de realidad mientras ayudábamos a mi padre a subir a la furgoneta negra. Vittorio Richi se veía anciano bajo las luces de vapor del garaje, pero cuando sus ojos se cruzaron con los míos, vi que el fuego de la venganza seguía ardiendo en sus pupilas. Le habíamos contado la verdad en susurros mientras cruzábamos los pasillos: Dante era el asesino de mi madre
— Ese bastardo... — rugió mi padre, su voz era un estertor de furia — Lo tuve en mi mesa. Le di mi confianza mientras él tenía las manos manchadas con la sangre de mi Elena
— Ahora no es momento de lamentarse, papá — dije, ajustándole el chaleco antibalas — Ahora es el momento de desaparecer para poder golpear con más fuerza
Conducimos hacia los suburbios del oeste, lejos de las luces de neón y de las cámaras de seguridad de los Rossi. El destino era un taller de desguace que servía de tapadera para "La Vieja Guardia", los capitanes que habían servido a mi abuelo y que seguían siendo leales a la sangre Richi por encima de cualquier alianza de conveniencia.
Al llegar, las luces del taller se encendieron. Seis hombres armados con fusiles de asalto salieron de entre las sombras. Al frente estaba Lorenzo, el capitán más antiguo de mi padre, un hombre con más cicatrices que palabras
— Don Vittorio — dijo Lorenzo, bajando su arma y haciendo una señal a sus hombres para que rodearan el perímetro — Hemos oído lo de la mansión. Pensamos que los rusos…
— No fueron los rusos, Lorenzo — interrumpió mi padre, bajando del coche con la ayuda de Marco — Dante Rossi nos traicionó. Necesito que me protejas mientras estos cuatro terminan lo que empezamos
Lorenzo miró a Marco y a Fabián con una desconfianza evidente. Para él, seguían siendo el enemigo
— Están con nosotros, Lorenzo — sentenció Estefany, bajando del vehículo con la carpeta de los archivos bajo el brazo — Han elegido el lado correcto de la historia
— Si uno de ellos parpadea mal, los llenaré de plomo, Caroline — gruñó Lorenzo, pero se hizo a un lado para dejar pasar a mi padre hacia el búnker subterráneo del taller — Estará seguro aquí. Nadie conoce este lugar, ni siquiera los radares de los Rossi
Me despedí de mi padre con un abrazo rápido. Sabía que dejarlo allí era lo más inteligente, pero sentir que nuestra familia se fragmentaba una vez más me dejaba un sabor amargo. Marco me tomó de la mano, apretándola con una fuerza que me anclaba al suelo
— Tenemos que movernos — dijo Marco — Mí padre no tardará en notar que su sistema de seguridad ha sido vulnerado. No podemos quedarnos aquí. Necesitamos un refugio que él no pueda rastrear, algo que no esté en sus mapas de propiedad
— Pixelín — sugerimos Estefany y yo al unísono
Conducimos durante otra hora, cambiando de coche dos veces para borrar el rastro. Terminamos en un loft industrial en el distrito de los almacenes, un lugar que parecía abandonado por fuera pero que por dentro era una nave de mando tecnológica. Pixelín nos esperaba con una ojeras que llegaban al suelo y una taza de café que parecía su única fuente de vida
— Han hecho un desastre, chicas — dijo Pixelín, tecleando a una velocidad sobrehumana — Dante ha puesto precio a sus cabezas. Ha dicho a los capitanes que ustedes secuestraron a Vittorio y que sus hijos han sido manipulados. Ha bloqueado todas las cuentas. Estamos operando con mis ahorros de emergencia
— Tenemos las pruebas, Pix — dije, lanzando los documentos sobre su mesa — Necesito que esto llegue a cada familia de la Comisión. Que sepan que Dante Rossi rompió el código. Matar a la mujer de un aliado es una sentencia de muerte automática
— Tomará tiempo desencriptar todo y distribuirlo sin que nos rastreen — advirtió ella — Mientras tanto, este es su nuevo hogar. No hay lujos, no hay seda. Solo hormigón y el ruido de mis servidores
Me giré hacia Marco. Estábamos en una habitación abierta, con colchones en el suelo y el olor a metal frío. La tensión de la huida empezó a transformarse en algo más denso. Marco se quitó la funda del arma y me miró con una intensidad que me hizo olvidar que estábamos en un almacén mugriento
— Ya no somos prisioneros, Caroline — susurró, acorralándome contra una de las columnas de hierro del loft — Pero tampoco somos libres. Somos fugitivos en nuestra propia ciudad
— Prefiero ser una fugitiva contigo que una reina en la casa de tu padre — respondí, rodeando su cuello con mis brazos. La adrenalina de haber salvado a mi padre y de tener la verdad en nuestras manos nos había dejado eléctricos
— Yo no sabía lo que mí padre hizo hace 20 años, lo juro Caroline — me dice él con un tono de miedo
— Lo sé, solo que aún me cuesta entender porqué te pusiste en contra de tu padre para ayudarme a mí — le digo algo confundida, ya que Dante es su padre, el hombre que lo engendró y lo crío toda su vida
— Porque te amo Caroline, ¿aún no te has dado cuenta de eso? Eres mí tesoro más preciado y no quiero perderte jamás — me dice abrazándome
— Yo también te amo Marco, y cuando supe lo que tu padre hizo, temí perderte, temí que lo eligieran a él siendo tu padre y volviéramos a ser enemigos. No sabría que haría si tuviera que enfrentarme a ti nuevamente como enemiga. No creo poder jalar el gatillo para matar al hombre que amo — le digo abrazándolo
— Yo tampoco podría hacerlo, por eso decidí quedarme a tu lado sin importar ponerme en contra de mí padre, se que es mí padre, pero vos sos más importante en este momento, no quiero perderte — me vuelve a decir
Lo abracé y así permanecimos por mucho tiempo, en silencio solo escuchando el sonido de nuestras respiraciones y el latir de nuestros corazones. A partir de ahora éramos un equipo, cuatro contra el mundo para defender nuestro amor .
Aquella noche, mientras el sonido de los ventiladores de los servidores de Pixelín llenaba el aire, supe que habíamos cruzado el punto de no retorno. Estefany y Fabián estaban en el otro extremo del loft, compartiendo su propio silencio cargado de promesas de sangre
Habíamos puesto a salvo a nuestro padre y teníamos las pruebas para destruir a Dante. Ahora solo quedaba esperar al amanecer para empezar la caza. Ya no éramos piezas en el tablero, éramos los jugadores que iban a prenderle fuego al casino entero