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ERROR: Rojo Carmesí

ERROR: Rojo Carmesí

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor-odio / Policial
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Cinder Linh Nova

uno dos tres serie incompleta

NovelToon tiene autorización de Cinder Linh Nova para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2

...Canción del capitulo: ...

...The Word Needs de Ride the Cyclone...

Mientras esperaba que los refuerzos llegarán no le quitó la vista a la pantalla. Se volteó y al frente de la pintura había una escultura de un hombre. Caminó a su alrededor mirando y analizando, luego su rostro reflejó nulo interés en la escultura y volvió a la pintura.

La descolgó, demasiado naturalidad. Cómo si estuviera descolgando un gancho de ropa de su closet. Las alarmas comenzaron a sonar ruidosas y estridentes, iluminando todo con luces rojas.

«¿dónde rayos estaban los refuerzos?»

Comenzó a teclear en su computador, para grabarla. Pero se distrajo cuando la chica lanzó el cuadro al suelo y alzó la suela de su zapato. Estiró su mano y de la suela sacó un artefacto y antes de que Damián pudiera hacer algo más ella lanzo el aparato hacia la cámara dañando la y dejándola en negro.

...…

...

Sonó la alarma del reloj de su celular, Damián se sobresalto en su asiento, tomó su celular y quitó la alarma ¿Cuándo había terminado su turno?

Pasó las últimas horas mirando el artefacto que encontró incrustados en la cámara de seguridad que la señorita roja extravagante había lanzado para dañarla. Después que le confirmaran que rojita se había escapado, ordenó que le trajeran la cámara y se encontró con una especie de bumerang con la forma de una R de color rojo. La miró, y siguió mirando, sin antes haber examinado si tenía huellas dactilares, no las tenía. Intentó romperlo para ver si tenía algo por dentro pero el material era demasiado duro. No iba a salir aun de su trabajo, nada lo haría cambiar de opinión.

Su teléfono volvió a sonar.

«¿No había quitado la alarma ya?»

Tomó de nuevo su celular y el nombre de Erica Rubio apareció en la pantalla, la foto de ella con sus grandes ojos verdes y su cabello negro invadió su celular y su concentración.

—¿Hola?—Contestó al instante con una sonrisa soltando el artefacto en forma de R.

—¿Terminó tu turno ya?, Uy, ¡Me muero de ganas por verte! Dijiste que está semana ibas a llevarme a tomar un café ¡Lo prometiste!—Dijo Érica que sonaba bastante entusiasmada. Damián apartó el teléfono y suspiró.

«¿cómo le digo que no? No puedo.»

Lo volvía loco, su voz, su cabello, sus ojos…

—¡Si! Justamente acaba de terminar mi turno, es más, ya voy en camino a tu casa, quería que fuera una sorpresa.—Mintió y se vio jugueteando con el Boomerang en forma de R de color rojo, se dió cuenta y dejó de hacerlo soltandolo en la mesa. ¿Cuándo lo había vuelto a tomar?

—Que lindo eres ¡Te espero! ¡Besos!

Simplemente, esa chica era perfecta. Lo consegiría, este mes sería su nueva novia y atraparía a la chica de rojo. ¿La R es por el color? ¿Roja? Se llama Roja o algo parecido. Se levantó de su escritorio, guardo la R en su bolso, sabe que no debía llevársela, pero quería seguir analizando cuando llegara a su apartamento. A Enrique quizás no le gustaría pero no debía saberlo y si conseguía un pista sería útil. Quizás si usaba una soldadora podría hacerle un agujero. Salió de la oficina y caminó por el pasillo de pareces grises.

—¿Cómo te va con la fantasma roja, Vega?—Le preguntó la agente López.

—Apenas hoy conseguí algo nuevo. Rompió la cámara con un Boomerang en forma de R.—Le contó mientras ambos caminaban por el pasillo.

—Interesante, me imagino que no ha cambiado en nada en su aspecto inusual.—Ella lo miró y su coleta que sostenía su cabello negro se movió con gracia.

—No, su ropa muestra que quiere llamar la atención pero no deja que la vean.—dijo resignado.

Técnicamente pensó eso en voz alta. No podía evitarlo, seguía y seguía analizándola.

—Te deseo suerte, aunque sabes que si decides renunciar no pasará nada.—ambos se detuvieron en dónde el pasillo se dividía. López le coloco una mano en el hombro.—Tengo mucho tiempo en estos casos, a veces da más tranquilidad renunciar, no siempre se puede resolver todo. Somos policías, no superhéroes.

—Gracias agente.—comenzó y apartó su mano del hombro.—Pero, me estoy acercando.—Damian sintió que la convicción, la motivación le recorrió el pecho.—a veces no siempre es bueno rendirse.—Se encogió de hombros

López le sonrió y lanzó una carcajada.

—Que terco.—Dijo alargando la palabra “terco”. —No digas que no te lo advertí.—Ella lo señaló con su dedo índice.

—Usted tampoco.—Contesto Damián sonriendo.

La agente le dedicó una última sonrisa y se fue al otro lado

Salió de la estación, camino hasta el estacionamiento.

«Roja. Extravagante. No quiere ser vista.»

Llegó hasta su auto y lo encendió salió del estacionamiento

«Roja. Extravagante. No quiere ser vista.»

Dejó de repartir ese mantra que por alguna razón le comenzaba a hacer que se concentrara en el caso buscando la solución. Frenó de forma agresiva impulsandose hacia adelante cuando se dió cuenta que había llegado a la casa de Érica. Miró la casa, miró al volante, cerró sus ojos y pudo ver la figura de la ladrona roja. Suspiró de frustración y se apoyó en el volante haciendo que sonara la bocina con un “beeep” sonoro y alargado.

Se separó del volante.

«Es loca no me va a ganar»

Alzó la vista al escuchar la puerta cerrándose y sus tacones resonando en el asfalto de la acera. Abrió la boca. Traía el cabello negro planchado sin llegar hasta sus hombros. Un vestido color menta que la hacía resaltar cada vez más porque combinaba con el color de sus ojos. Ella camino con un sonrisa, su cabello se movía de un lado a otro mediante se acercaba al asiento del copiloto. Abrió la puerta y se sentó con una sonrisa.

—Hola.—Saludó con una voz baja y tímida.

—Hola.—Saludó y sus hombros calleron al mismo tiempo que soltaba el aire, sonrió. Sonrió como un idiota. Eso solo lo conseguía ella.

—¿Cómo te fue hoy en tu trabajo?—Preguntó.

Su voz llegaba a darle una sensación en su boca de haber comido una cucharada de miel y el mismo sentimiento llenaba el aire. Tomó el cinturón de seguridad y se lo abrochó. No dejó que Damián respondiera porque de sus labios soltó una risa que sonó más bien a un tintineo.

—¿Qué digo? Seguro te fue bastante bien.

—¡Si!—liberó si garganta recuperando el control.—Si, bueno… eh… esta todo bien.—sacudió su cabeza saliendo de el trance impuesto por la chica.

No, realmente no estaba bien. Había retrocedido. Érica sin saber el torbellino en su interior sonrió, aunque ahora era una sonrisa más tranquila.

—Eres genial.

Cada que escuchaba eso de Erica algo se movía dentro de su estómago.

“Encontrarás una pista pronto” “fuiste el mejor de tu clase” “eres un orgullo” “se que la atraparas”

Lo llenaba siempre con cumplidos, no era algo malo. Siempre se sentía bien al escucharla, sentia como se relajaba.

«Vale la pena»

...…...

Damián dió unos pasos más rápido que ella, posó la mano en la perilla y la giro con una rapidez que hasta el le sorprendió. Abrió la puerta sonriendo, Erica venía unos tres pasos más atrás. Se llevó una mano a sus labios ocultando su sonrisa y entró, Damián también sonrió y entró detrás de ella.

Siempre elegían el mismo lugar para invitarla, la primera vez había tenido suerte porque ella había dicho que le encantaban los lugares como ese, por eso decidió llevarla mas seguido al mismo lugar. Damián la entendía, siempre estaba decorado como un gran jardín. Las sillas eran de madera y en las patas se les enredaban unas plantas con flores, lo mismo pasaba con la mesa, además estaban talladas de una manera que les daba un toque casi hasta mágico. Era como si un hada hubiera vomitado en todo el lugar.

Damián la guío hasta la mesa colocándole una mano en la espalda. Se sentaron al lado de una gran ventana decorada alrededor con más flores.

«Falsas» pensó Damián.

Damián vio como ella se llevó la taza a los labios. Tomo un sorbo y bajo la taza de inmediato con una mueca.

—¿No te gustó?—Preguntó Damián temiendo que le dijeron que no.

—No, es que…—Inhaló aire.—Esta caliente.—Dijo al final con una sonrisa forzada.—Yo adoro el café de aquí.

—¿En serio?

—¡Claro!

—Hablando del café—Érica levantó las comisuras de sus labios mostrando sus dientes, derechos y blancos.—¡Aprobé el semestre!.. aunque eso no tiene nada que ver con el café era solo una excusa.—Ella llevo un mechón de cabello detrás de su oreja.

Damián abrió la boca.

«Eso si es una sorpresa»

Damián creía en que todos tenían diferentes tipos de inteligencia. Unos eran buenos en el arte, otros en las ciencias y otros en ventas y muchos más ejemplos… siempre vio a Érica más como una prodigio del arte. Ella podía hacer retratos, incluso, autoretratos, podía cantar, bailar, actuar, tocar el piano. No podía… No creía…Que realmente lo que de verdad estaba estudiando era enfermería. No quería subestimarla, pero se la dejaba fácil. Siempre hacia sus tareas a último minuto, llegaba tarde a sus clases y muchas veces no comprendía lo que estudiaba, simplemente hacía repeticiones.

—Quería darte las gracias.

Esa rase lo sacó de sus pensamientos con una alarma. Instintivamente Damián miró a su alrededor. Ella posó su mano sobre la silla que estaba hecha un puño, el la suavizó cuando sintió el tacto frío y la miró a los ojos. Luego volvió a mirar sus manos, el la alzó enganchando sus dedos juntos, ella se quedó hipnotizada.

—No fue nada Érica… me gusta ayudar.—Su voz era baja gutural

—Significo mucho para mi.

—Para mi también.

Nunca, nunca le había dicho a nadie sobre que el usaba su habilidad para pasar fácil, para encontrar la información para… cambiar resultados. Pero ella lo sabía, tenía su confianza y le había contado todo, y le había pedido con desesperación que la ayudará ¿Cómo le diría que no a esos ojos de esmeralda?

—Fue pan comido, pero recuerda, este método es…

—Solo para emergencias, ya lo sé. Esto era una emergencia.—Ella lo interrumpe con una sonrisa.

Si, una emergencia que se ahorraría. Estaba buscando el momento perfecto para que decirle que seria mejor dejara esa carrera, no era para ella.

—No me gusta abusar de eso, es todo.— Menciona Damián, no quiero dejar de esforzarme por las cosas y simplemente hackearla.

—Por eso eres perfecto.—Érica suspira y acerca la silla a la de el.

—¿En serio?

—Si.

Damian lo siente, es su oportunidad. Le ha dado el paso para decirlo, por fin, después de tantos meses puede decirle lo que no se atrevió y que tantas veces quiso decirlo, la palabra mágica, la importante declaración.

—Me gustas mucho, Erica.

Ella parpadeo varias veces.

—Tu también me caes muy bien Damián.

«Auch»

—No.—Damian negó con la cabeza frenéticamente.—En serio me gustas, no solo me caes bien.

En su interior un grito desesperado comenzó a invadir su cerebro, sintió como su corazón iba a salir de su pecho. Hasta que vio una sonrisa lenta que comenzaba a formarse en sus labios y vió como su oreja la cual le había apartado un mechón de cabello estaba completamente roja, sus mejillas y hasta su cuello…

Un sonrojo intenso.

«Como el rojo intenso de la ladrona»

El estómago se le revolvió, no era momento para pensar en el trabajo y menos en ella. Pero en ese momento comprendió que no volvería a ver el color rojo de la misma manera.

—Pensé que nunca lo dirías.—Dijo con una voz cantarina y entrecortada.

Seguido de eso ella se levantó de una forma tan agil que lo desarmó, se apoyó en la pequeña mesa, extendió sus manos y envolvió sus dedos en la tela de el y lo acercó a sus labios.

Damián no pudo reaccionar, no pensó en devolverle el beso. Pero sintió satisfacción, y un calor agradable que le envolvía el pecho, una sensación que lo envolvió desde la cabeza a la punta de los pies. También sintió que se sonrojaba levemente. La chica de sus sueños la estaba besando.

«¿Estoy soñando?» dudó en su mente.

Era un estallido máximo que no creía que fuera posible demostrar.

Siempre planeó todo, todo le estaba saliendo bien. Todo era como el quería.

Ella se separó de el con una sonrisa, con una mano le acaricio la mejilla y Damián le sonrió.

—Por fin.—Comentó él y ella lanzó una carcajada, se sentó de nuevo en su silla.

—Por fin.—Repitió Érica aun sintiendo su cara ardiendo.

Su mirada se deslizó a un lado a la ventana, entrecierro sus ojos. No pudo evitarlo. Desvío la mirada para ver a Èrica que tenía esa misma cara de revista perfecta que siempre lo hechizaba. Pero por el rabillo del ojos la volvió a ver. Una chica, pero no era a la chica lo que veía era su vestido. Pero no así, lo que le llamó la atención era que el vestido era del mismo tono que la rojita que el andaba buscando. La chica ni siquiera se parecía a ella, era más alta y con el cabello pelirrojo natural y con pecas que la cubrian hasta el cuello.

El color rojo ya comenzaba a molestarle bastante, quería ver a ese color tras las rejas.

—¿Quieres un poco de vino?—La pregunta Erica lo volvió a sacar de su encierro mental.

A su lado había un mesero que lo miraba con el ceño fruncido y una botella de vino en la mano inclinada sirviendo el vino en la copa de Érica. El vino caía con una gracia y con un bello color rojo

—Yo mejor paso.

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Gấu bông
Me enamoré de tu manera de escribir, solo necesito saber cuándo publicas el próximo capítulo. 😍
Cinder Linh Nova: posiblemente mañana! y gracias por.todos 🥰
total 1 replies
Ludmila Zonis
¡No pares, sigue escribiendo!
Cinder Linh Nova: Eso haré!!!
total 1 replies
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