Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Sonrisas falsas
La mañana llegó demasiado rápido para Sonia.
El despertador sonó a las siete, pero ella llevaba varios minutos despierta mirando el techo. La noche anterior había dormido bien, aunque su mente seguía recordando la videollamada con Santiago.
Sonia soltó una pequeña risa.
—Ese hombre…
Se levantó de la cama y comenzó a prepararse para ir a la empresa. Eligió un traje elegante, pero con un pequeño detalle: un pañuelo de seda alrededor del cuello.
—Perfecto… —murmuró mirándose en el espejo— así nadie verá las marcas de ese salvaje.
Tomó su bolso y bajó las escaleras.
Como era de esperarse, Paula ya estaba en la sala.
Sentada.
Esperándola.
Sonia suspiró internamente.
—Buenos días —dijo con indiferencia.
Paula se levantó rápidamente.
—Primita, vámonos juntas a la empresa.
Sonia la observó por un segundo.
—Claro… vamos.
Minutos después ambas iban en el automóvil rumbo a la empresa.
El trayecto era silencioso.
Hasta que Paula habló.
—Prima…
Sonia no respondió.
—Prima…
—¿Qué quieres?
Paula puso una cara dramática.
—Ayúdame.
Sonia giró la cabeza un segundo.
—¿Con qué?
Paula hizo un gesto de cansancio.
—Haz algo para que Martita no me ponga más tareas agotadoras.
Sonia soltó una risa corta.
—¿Qué?
Paula cruzó los brazos.
—Soy tu prima.
Sonia volvió a mirar la carretera.
—Lo siento, primita… pero tu jefa directa es Martita.
Paula abrió los ojos.
—Pero tú eres la dueña.
—Y tú trabajas para la empresa.
Paula comenzó a fingir lágrimas.
—Prima… ¿por qué me tratas así?
Sonia levantó una ceja.
—¿Así cómo?
Paula hizo un gesto exagerado.
—Has cambiado mucho… ya no eres la misma de antes.
Sonia no dijo nada.
Paula siguió con su actuación.
—Antes me tratabas con cariño…
Se limpió una lágrima.
—¿Acaso ya no te importo?
—Snif… snif…
Sonia la miró unos segundos.
Luego negó con la cabeza.
—Ya para.
Paula la miró sorprendida.
—¿Qué?
—Te ves ridícula haciendo berrinches.
Paula se quedó callada.
Sonia señaló el edificio frente a ellas.
—Mira… ya llegamos.
El automóvil se detuvo frente a la empresa.
—Entremos —dijo Sonia— porque va a ser un día largo.
Ambas bajaron del coche.
Apenas Sonia entró al edificio, alguien se acercó rápidamente.
Rogelio.
Con una gran sonrisa.
Y un ramo de flores en la mano.
Lirios blancos.
—Hola Sonia —dijo con entusiasmo.
Sonia lo miró.
—Hola Rogelio.
Él extendió el ramo.
—Esto es para ti.
Sonia fingió sorpresa.
—Ay, Rogi… qué lindo.
Tomó el ramo.
—Gracias.
Incluso le guiñó un ojo.
Rogelio parecía encantado.
—De nada.
Se inclinó un poco hacia ella.
—¿Te gustaría almorzar conmigo hoy?
Sonia sonrió ligeramente.
—Claro… podemos vernos en la hora del almuerzo.
—Perfecto.
Rogelio parecía muy satisfecho.
Sonia caminó hacia su oficina.
En cuanto entró, cerró la puerta.
Y lo primero que hizo fue mirar el ramo.
Su expresión cambió de inmediato.
—Estúpido…
Caminó directamente hacia el basurero.
Y lanzó las flores dentro.
Luego tomó un pañuelo húmedo y comenzó a limpiarse las manos.
—Qué asco.
Dejó el pañuelo sobre el escritorio.
Justo en ese momento su celular vibró.
Era un mensaje.
De Santiago.
"Que tengas un lindo día, mi pequeña traviesa. Espero verte pronto."
Sonia sonrió automáticamente.
Comenzó a escribir.
"Igualmente, guapo."
Dejó el teléfono sobre el escritorio.
Pero en otra parte de la oficina…
Alguien estaba furiosa.
Paula.
Había visto todo.
Las flores.
La sonrisa de Sonia.
El guiño.
Sus manos temblaban de rabia.
—Maldita…
Sin pensarlo dos veces caminó hacia Rogelio y lo tomó del brazo.
—Ven conmigo.
Lo llevó a un rincón apartado del pasillo.
—¿Qué pretendes con mi prima?
Rogelio levantó las manos con calma.
—Tranquila, nena.
Paula lo miró con furia.
—Te vi regalándole flores.
—Es parte del plan.
—Mucho cuidado con lo que haces.
Rogelio se acercó a ella.
—Ella no me interesa.
La tomó de la cintura.
—Solo te amo a ti.
Paula lo miró con desconfianza.
—Más te vale.
Rogelio sonrió.
—Confía en mí.
Pero mientras la abrazaba…
En su mente pensaba otra cosa.
Sonia está muy bien…
Recordó la sonrisa que ella le había dado.
Si me divierto un poco con ella… no va a pasar nada.
Su sonrisa se volvió más amplia.
Nadie se va a enterar.
Paula no notó nada.
Estaba demasiado preocupada.
Rogelio la miró con seriedad.
—Por cierto… tenemos un problema.
Paula frunció el ceño.
—¿Qué pasó ahora?
Rogelio habló en voz baja.
—Los hombres a los que les debes dinero… ya están cerca.
El rostro de Paula se puso pálido.
—¿Qué?
—Me llamaron esta mañana.
Paula tragó saliva.
—¿Qué dijeron?
Rogelio la miró fijamente.
—Que quieren su dinero.
El silencio se volvió pesado.
—Y me advirtieron algo más.
Paula comenzó a ponerse nerviosa.
—¿Qué cosa?
Rogelio se inclinó un poco hacia ella.
—Si en dos semanas no pagas…
Hizo una pausa.
—Que te atengas a las consecuencias.
Paula sintió que el corazón se le aceleraba.
—No… no pueden hacer eso…
Rogelio la miró con frialdad.
—Son gente peligrosa.
Paula comenzó a caminar nerviosa.
—Necesito más tiempo.
—No lo tienes.
Paula apretó los dientes.
—Entonces habrá que acelerar el plan.
Rogelio levantó una ceja.
—¿Qué tienes en mente?
Paula miró hacia el pasillo donde estaba la oficina de Sonia.Escucha el plan es el siguiente..............y dile a la persona que tiene el dinero del desfalco de la empresa que me transfiera mi parte y con eso pago a esos delincuentes.
Sus ojos se oscurecieron.