Entre planes de venganza, celos asfixiantes y besos que saben a guerra, Valeria y su mejor amigo Julián han trazado una estrategia para conquistar a sus imposibles. Pero en este juego de poder, las máscaras caen y las fieras despiertan. Cuando el deseo se vuelve posesivo y los secretos se filtran en los pasillos, solo queda una pregunta: ¿Quién se rendirá primero ante el caos del corazón?"
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Estrategias de Guerra y Heridas de Guerra
El viernes amaneció con un cielo gris, pero el ambiente en la "guarida" de Valeria y Julián —un rincón olvidado detrás de las canchas de baloncesto— estaba al rojo vivo. Valeria llegó pateando una lata de refresco, con el cabello más revuelto que de costumbre y una chispa de irritación bailando en sus ojos. Julián ya estaba allí, sentado en un muro bajo, luciendo como si no hubiera dormido en tres días.
—Si vuelvo a ver a una "barbie" de segundo año respirando el mismo aire que Damián, juro que me inscribo en el club de esgrima solo para tener una excusa legal para usar un arma —soltó Valeria a modo de saludo, dejándose caer al lado de su amigo.
Julián soltó un bufido que sonó a derrota.
—Tú al menos tienes a Damián marcando territorio. Yo tengo a Elena dándose el lote con el soso de Mateo como si fuera un escaparate de San Valentín. Casi vomito mi dignidad, Valeria. Literalmente la vi besarlo y me miró a los ojos mientras lo hacía. Fue... quirúrgico.
Valeria se olvidó de su propio drama por un segundo y soltó una carcajada descarada.
—¡Te lo dije! Esa chica es una psicópata del romance. Te ha devuelto la jugada con intereses. ¿Duele, verdad? El pequeño Julián está descubriendo que los celos no son tan divertidos cuando el cuchillo está en tu espalda.
—No es gracioso —gruñó Julián, pasándose las manos por la cara—. Me sentí como un extra en una película barata. Pero tienes razón, la fiera salió. El problema es que ahora usa sus garras contra mí. ¿Cuál es el siguiente paso? Porque si los veo besarse otra vez, voy a terminar rompiendo algo, y probablemente sea la cara de Mateo.
Valeria se puso seria, o al menos lo más seria que una chica con calcetines de colores diferentes podía ponerse. Se inclinó hacia Julián, bajando la voz.
—Escucha, "Capitán Desastre". El error fue dejar que ella tuviera el control del escenario. Si Elena quiere jugar a los novios perfectos, vamos a romperle el guion. Mañana es la fiesta en casa de la rubia, ¿no? Perfecto. Vas a ir, pero no vas a buscarla a ella. Vas a buscar a la persona que más odie Elena en ese lugar.
—¿A su prima la competitiva? —preguntó Julián, arqueando una ceja.
—Exacto. Indiferencia selectiva, Julián. Si ella te ve divirtiéndote con alguien que no puede soportar, su fachada de "dulzura" se va a desmoronar en cinco minutos. Las fieras son territoriales, recuérdalo.
—¿Y tú qué vas a hacer con el Sr. Perfección? —preguntó Julián, recuperando un poco el ánimo—. Ayer parecía que Damián estaba a un paso de esposarte a su escritorio para que dejaras de morder a las demás.
Valeria sonrió con malicia, recordando la presión de la mano de Damián en su cintura.
—Damián es posesivo, pero es un reprimido profesional. Cree que puede controlarme, que soy un "caso perdido" que él puede ordenar. Mi estrategia para la fiesta es la "Sobrecarga de Caos". Voy a ser la vida de la fiesta, voy a bailar con todo el mundo, voy a ser la Valeria más desatada que ha visto nunca.
—¿Y eso cómo ayuda? —Julián frunció el ceño—. Eso solo hará que se enfade.
—¡Exacto! —exclamó ella, dándole un golpe en el hombro—. Quiero que pierda los estribos. Quiero que su necesidad de control choque contra su deseo. Damián necesita darse cuenta de que no puede "ordenarme" en su estantería de trofeos. Si quiere tenerme, va a tener que venir a buscarme entre la multitud y admitir, delante de todos, que soy la única distracción que no puede permitir que nadie más toque.
Julián asintió lentamente, una sonrisa malévola extendiéndose por su rostro.
—O sea que el plan es: yo incendio el orgullo de Elena y tú incendias la paciencia de Damián.
—Es un plan brillante —concluyó Valeria, levantándose y sacudiéndose el polvo de la falda—. Mañana en la fiesta, vamos a hacer que esos dos se vuelvan locos. Si vamos a caer, que sea provocando un incendio forestal.
Se dieron la mano, sellando el acuerdo de guerra emocional. Sabían que estaban jugando con fuego. Julián sentía un vacío en el estómago al pensar en Elena, una mezcla de rabia y una atracción que lo asustaba. Valeria, por su parte, sentía la adrenalina de saber que Damián la estaría observando cada segundo, analizando cada uno de sus movimientos con esa intensidad oscura que la hacía sentir más viva que nunca.
—Por cierto —dijo Julián antes de irse—, si Damián intenta matarme por darte consejos, dile que fue idea tuya.
—Tranquilo, Juli —rió ella—, si Damián intenta matarte, será porque le pareces una competencia, y eso... bueno, eso solo facilitaría mi trabajo.