Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
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Capítulo 6 La distracción nacional
La sala de conferencias estaba llena.
Cámaras.
Micrófonos.
Periodistas.
El ambiente tenía esa mezcla de cansancio y adrenalina que aparece después de un evento grande.
Valeria estaba sentada en la tercera fila con su libreta abierta y su grabadora sobre la mesa.
Su plan era simple.
Hacer preguntas.
Tomar notas.
Escribir el artículo.
Irse a casa.
Nada más.
Nada de Adrián.
Nada de problemas.
Nada de situaciones ridículas.
Ese era el plan.
El problema era que Adrián Vega no conocía la palabra “plan”.
Las puertas del fondo se abrieron.
El campeón entró acompañado de su entrenador y dos organizadores del evento.
Todavía llevaba parte de su equipo deportivo.
El cabello húmedo por la ducha.
Una toalla sobre los hombros.
Y una venda blanca cruzándole la ceja derecha.
Valeria levantó la mirada.
Lo primero que pensó fue:
Le queda bien incluso la herida.
Lo segundo que pensó fue:
Eso es irritante.
Adrián se sentó frente a los micrófonos.
Los flashes comenzaron inmediatamente.
Un periodista levantó la mano.
—Adrián, gran pelea esta noche. ¿Qué pasó en el primer round? Nunca lo habíamos visto caer así.
Adrián se acomodó en la silla.
Miró la mesa.
Luego levantó la mirada lentamente.
Sus ojos recorrieron la sala.
Hasta detenerse en un punto específico.
Valeria.
Ella lo miraba con expresión neutral.
Pero Adrián sonrió.
—Fue una distracción.
Los periodistas comenzaron a murmurar.
—¿Una distracción? —preguntó otro.
Adrián asintió.
—Sí.
Pausa.
Miró directamente a Valeria.
—Una periodista con ojos verdes decidió aparecer en primera fila.
Toda la sala se quedó en silencio.
Luego varias cabezas giraron automáticamente hacia donde Adrián estaba mirando.
Directo hacia Valeria.
Valeria parpadeó una vez.
Solo una.
Adrián continuó con total tranquilidad.
—Estaba peleando, levanté la mirada…
—Y boom.
Señaló su ceja vendada.
—Resultado.
Algunos periodistas comenzaron a reír.
Otros levantaron las cámaras inmediatamente.
Valeria lo miraba.
Muy despacio.
Sus ojos se entrecerraron.
Peligrosamente.
Adrián sonrió más.
—Pero debo decir que valió la pena.
La sala estalló en risas.
Un periodista preguntó:
—¿Está diciendo que la caída fue culpa de una periodista?
Adrián se encogió de hombros.
—Los hechos hablan por sí solos.
Valeria levantó la mano lentamente.
Uno de los organizadores señaló hacia ella.
—La periodista.
Valeria tomó el micrófono.
Toda la sala estaba expectante.
Adrián la miraba con una sonrisa que decía claramente:
Esto es divertido.
Valeria habló con una voz perfectamente calmada.
—Buenas noches.
Pausa.
—Solo quiero aclarar algo.
Adrián apoyó el codo en la mesa.
Divertido.
—Adelante.
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Si vuelve a mencionar mis ojos en público…
Pausa.
La sala estaba completamente silenciosa.
—Voy a abrirle la otra ceja.
El silencio duró exactamente medio segundo.
Luego la sala explotó.
Risas.
Aplausos.
Cámaras disparando sin parar.
Adrián se inclinó hacia atrás en la silla riendo.
—Eso sería violencia contra un atleta nacional.
Valeria respondió sin perder la calma.
—Considérelo un servicio público.
Los periodistas estaban encantados.
Otro reportero gritó desde el fondo:
—¡Esto es mejor que la pelea!
Adrián levantó una mano.
—Disculpen.
Se inclinó hacia el micrófono.
—Para que conste en acta…
Miró a Valeria otra vez.
—Todavía valió la pena.
Valeria lo miró como si estuviera considerando seriamente lanzarle la grabadora.
Una hora después…
el clip estaba en internet.
Un periodista lo había subido.
Primero en redes.
Luego en todos los portales deportivos.
El video mostraba claramente:
Adrián.
La venda en la ceja.
La sonrisa descarada.
Y su frase.
“Una periodista con ojos verdes me distrajo.”
Luego la cámara enfocaba a Valeria.
Su mirada peligrosa.
Y su amenaza perfecta.
“Voy a abrirle la otra ceja.”
El video explotó.
Millones de reproducciones en pocas horas.
Memes.
Ediciones.
Comentarios.
Titulares.
"La periodista que noqueó al campeón."
"Adrián Vega culpa a una mujer por su caída."
"La pelea más viral ocurrió en la conferencia."
Camila le envió el video a Valeria a las dos de la mañana.
Mensaje:
CAMI:
"Estás en tendencia."
Valeria abrió el enlace.
El video ya tenía cinco millones de vistas.
Valeria cerró los ojos lentamente.
Otro mensaje llegó.
CAMI:
"Por cierto…"
"La gente los está shipeando."
Valeria respondió inmediatamente.
VALERIA:
"Voy a matarlo."
Valeria dejó caer el teléfono sobre la cama.
Miró el techo.
Suspiró profundamente.
Y murmuró para sí misma:
—Este hombre va a destruir mi vida.
En otra parte de la ciudad…
Adrián estaba viendo el mismo video en su teléfono.
Sonriendo como un idiota.
Repitió la parte donde Valeria lo amenazaba.
Tres veces.
Luego murmuró:
—Definitivamente valió la pena.