Ella renace en una novela que escuchaba antes de morir. Decidida a cambiar su destino y a no sufrir por un mal amor.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Furia 2
La tensión en la mansión Field no disminuyó con el paso de las horas.
Si acaso… empeoró.
Eric caminaba de un lado a otro por el salón como un animal encerrado. Sus pasos eran rápidos, pesados, y cada vez que giraba, su expresión parecía más oscura.
En su mente solo había una decisión.
Tenía que encontrar a Valery.
Al principio había sido rabia.
Pero ahora la rabia se mezclaba con algo mucho más inquietante.
Una imagen no dejaba de repetirse en su cabeza.
Valery riendo.
Valery hablando con otro hombre.
Valery siendo sostenida por alguien más.
Ese pensamiento lo hizo apretar los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
—No… —murmuró entre dientes.
Su respiración se volvió pesada.
—Eso no puede pasar.
De repente se detuvo.
Había tomado su decisión.
Iba a buscarla.
Fuera en las montañas.
Fuera en los pueblos cercanos.
Donde fuera.
La encontraría.
Eric caminó hacia la puerta con determinación.
Pero antes de que pudiera salir del salón, Lady Field apareció frente a él.
Había estado observándolo durante varios minutos.
Su rostro estaba preocupado.
Cansado.
—Eric.
Él intentó pasar de largo.
—No ahora, madre.
Pero ella dio un paso adelante.
—¿A dónde vas?
Eric respondió sin detenerse.
—A buscar a Valery.
Lady Field frunció el ceño.
—No.
Eric finalmente se detuvo.
Se giró lentamente.
—¿Qué dijiste?
Lady Field lo miró con firmeza, aunque su voz era suave.
—No debes ir a buscarla.
Eric la miró como si no hubiera entendido.
—¿Por qué no?
Lady Field respiró hondo.
—Porque Valery es libre de irse si así lo desea.
Las palabras apenas habían salido de su boca cuando Eric explotó.
—¡No digas eso!
El grito resonó por toda la sala.
Lady Field se sobresaltó.
Eric dio un paso adelante, furioso.
[¡Ella no es libre!]
Sus pensamientos estaban llenos de una rabia irracional.
[¡Valery es mía!]
El silencio cayó como un golpe.
Lady Field lo miró con los ojos muy abiertos.
—Eric…
Su voz tembló.
—¿Por qué?
Pero Eric ya no se controlaba.
—¡No debió irse! ¡No tiene derecho a hacerlo! ¡Debe estar donde siempre ha estado!
Sus palabras salían rápidas, desordenadas.
—¡A mi lado!
Fue en ese momento cuando Lord Field se levantó.
Hasta entonces había estado sentado, observando en silencio.
Pero ahora su expresión era completamente distinta.
Fría.
Dura.
Con un movimiento rápido, desenvainó su espada.
El sonido del acero saliendo de la vaina fue claro y cortante.
Eric se quedó inmóvil.
—Padre…
Lord Field dio un paso adelante.
Su voz fue baja.
Pero peligrosa.
—Si vuelves a gritarle así a tu madre…
levantó ligeramente la espada.
—yo me encargaré personalmente.
El silencio en la habitación era absoluto.
Lord Field continuó hablando con calma.
—A mi esposa se le respeta.
Lady Field miraba a ambos hombres con preocupación.
—Por favor…
Eric parecía haber recuperado un poco la conciencia de lo que acababa de hacer.
Su respiración seguía agitada.
—Madre… yo…
Intentó acercarse.
—No quise…
Pero Lord Field se interpuso entre ellos.
—No des un paso más.
La voz del hombre era firme.
Lady Field finalmente habló.
Su voz estaba a punto de quebrarse.
—Eric…
Él la miró.
Y por primera vez en mucho tiempo… vio algo en sus ojos que lo golpeó más fuerte que cualquier regaño.
Dolor.
—Realmente… —susurró ella.
Las lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos.
—No sé quién eres ahora.
Eric sintió que algo dentro de él se tensaba.
—Madre, yo..
Pero Lord Field tomó suavemente a su esposa del brazo.
—Vamos.
Sin darle oportunidad de continuar, la llevó fuera del salón.
Ambos subieron las escaleras lentamente.
La espada seguía en la mano de Lord Field.
La puerta de su habitación se cerró.
Y Eric quedó solo.
Completamente solo.
En medio del salón silencioso.
Durante unos minutos no se movió.
Su mente repetía la escena una y otra vez.
El grito.
La espada.
Las lágrimas de su madre.
Pero en lugar de reflexionar… su pensamiento se torció hacia un único culpable.
Valery.
Su expresión se volvió dura otra vez.
—Todo esto… Es culpa tuya.
Si Valery no se hubiera ido… Rachel no habría cancelado el compromiso.
Su madre no habría llorado.
Su padre no habría sacado la espada.
Nada de esto habría ocurrido.
Eric apretó los dientes.
—Si estuvieras aquí… donde debes estar…
Sus ojos se oscurecieron.
—Nada de esto habría pasado.
Y con ese pensamiento en su mente… su obsesión solo se volvió más fuerte.
recuerda que no eres la misma Valery
y dile a ese mequetrefe que se pierda 😡😡😡