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Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey Alfa

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey Alfa

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Hombre lobo / Amor a primera vista / Ascenso de clase social / Amante arrepentido
Popularitas:33.8k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solís entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Ríos, el Alfa que la Diosa Luna había marcado como su compañero predestinado. Pero la noche en que él volvió sano y victorioso, la humilló frente a toda la manada: rompió su vínculo y eligió a Catalina como su nueva Luna.
Todos esperaban verla caer. Valentina, en cambio, se mantuvo de pie.
Con el corazón destrozado y la marca rota ardiendo en su piel, Val decide recuperar todo lo que le quitaron: su dignidad, su poder y su nombre. Mientras desenmascara traiciones dentro de la manada Ríos, una presencia imposible comienza a seguirla desde las sombras: Damián Montero, el Rey Alfa.
Él no solo parece conocerla. Su lobo la reconoce como destino.
Y cuando Valentina descubra el sacrificio que Damián hizo en silencio por ella, entenderá que la Luna no la estaba castigando. La estaba guiando hacia el hombre que siempre la esperó.

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Capítulo 12

Cap 12: La Flor Que Lo Cambió Todo

El grito llegó desde el patio de entrenamiento antes de que Val pudiera reaccionar.

—¡Llamen a un curandero! ¡Rápido!

Val salió al pasillo justo a tiempo para ver a dos guardias cargando el cuerpo convulsionante de Sebastián, la boca manchada de sangre oscura, los ojos en blanco, el cuerpo a medio transformar: garras en una mano, dedos humanos en la otra, el rostro atrapado entre dos formas que se negaban a completarse.

—Intentó una semitransformación de práctica —jadeó uno de los guardias, sin aliento—. Y su cuerpo simplemente... se detuvo. Empezó a toser sangre.

Val se quedó inmóvil en el marco de la puerta. No sintió compasión. Reconoció esos síntomas.

"Otra vez", pensó. "El veneno nunca se fue del todo."

---

Tres años antes, cuando todavía era Luna, cuando el enlace todavía ardía cálido en su pecho en lugar de doler, Val había visto ese mismo cuerpo convulsionar de la misma manera exacta, sobre el mismo patio de entrenamiento.

Aquella vez había sido una flecha. Una flecha negra, disparada desde el bosque durante una cacería de rutina, con la punta bañada en acónito concentrado hasta la médula. Sebastián la había recibido en el hombro sin siquiera ver de dónde venía, y para cuando Val llegó corriendo, el veneno ya se abría paso hacia su núcleo del lobo, esa fuente invisible de donde nacía toda transformación, toda fuerza, toda conexión con la luna.

—Se está muriendo. —El curandero mayor de Hacienda Ríos, viejo y con las manos temblorosas, no se atrevió a mirar a Val a los ojos—. El veneno llegó al núcleo. No hay hierba en esta casa que pueda revertirlo.

—Entonces dime qué sí puede.

El hombre dudó antes de responder.

—La Flor de Luna Sagrada. Crece solo en los acantilados del norte, donde la luz de la luna golpea directo sobre la roca sin nubes que la cubran. Nadie ha logrado bajar viva de ahí en veinte años.

Val no recordaba haber tomado la decisión de ir. Recordaba, eso sí, el frío que le cortó la respiración en cuanto puso un pie en la ladera helada, y el aullido de su propia loba, aterrada, suplicándole que se detuviera.

Subió de rodillas los últimos metros, porque el hielo no permitía otra cosa. Las uñas se le rompieron una a una contra la roca. La niebla de acónito silvestre que envolvía la cima —una neblina viva, venenosa, que se filtraba en los pulmones de cualquiera que la respirara por más de unos minutos— casi aplastó a su loba interior antes de que Val lograra alcanzar el saliente donde crecían las flores.

Solo dos. Dos flores pálidas, luminiscentes, temblando en el viento sobre un abismo de piedra negra.

El cuerpo de Val ya no le respondía bien cuando estiró la mano hacia la primera. La arrancó de raíz, la envolvió contra su pecho y empezó el descenso. Sabía que no tendría fuerzas para volver por la segunda.

Se equivocó en un solo detalle: necesitaba dos flores para una cura completa. Una sola bastaba apenas para contener el veneno, no para expulsarlo.

Cuando llegó, medio congelada, con la ropa desgarrada y la sangre de sus propias manos manchando los pétalos, Sebastián apenas respiraba. Val no perdió tiempo en palabras. Dejó que su loba guiara la esencia de la flor hacia él, canalizando su propia fuerza a través de sus manos temblorosas, empujando cada gota de calor que le quedaba hacia el cuerpo que se enfriaba bajo las suyas.

El veneno se detuvo. No desapareció. Se quedó ahí, dormido, latente, esperando.

Sebastián abrió los ojos dos días después y le preguntó, con una sonrisa débil, si había ido personalmente al mercado a comprarle medicina.

Val nunca le dijo la verdad completa. Nunca le habló de los acantilados, ni de sus uñas rotas, ni de la niebla que casi mata a su loba. En ese entonces todavía creía que amar también significaba callar.

---

—¡Doña Milagros! —La voz de una criada resonó por todo el corredor—. ¡El joven Sebastián está enfermo otra vez! ¡El veneno viejo, dicen que ha vuelto!

Val observó, desde la distancia prudente que ahora la protegía de tener que fingir nada, cómo Doña Milagros cruzaba el patio a toda prisa, la bata de dormir arrastrándose por el suelo, gritando órdenes a cualquiera que se cruzara en su camino.

—¡Busquen todas las hierbas de la casa! ¡Manden mensajeros a los curanderos de tres pueblos! ¡No me importa el costo!

Nadie mencionó los acantilados del norte. Nadie, en tres años, había vuelto a subir hasta ahí. Y Doña Milagros, que jamás preguntó de dónde había salido la primera flor, tampoco lo preguntaría ahora.

Val sintió a Sofía acercarse por detrás, su presencia silenciosa, protectora.

—¿Val? —Sofía le tocó el brazo con suavidad—. Estás muy pálida. ¿Necesitas sentarte?

—Estoy bien.

—No pareces bien.

Val se giró hacia ella. Su rostro estaba tranquilo, pero por dentro hervía.

—Hace tres años, subí sola a los acantilados del norte y bajé con la única flor capaz de salvarle la vida. Casi muero en el intento. Mi loba casi muere en el intento. —Su voz salió firme—. Lo arriesgué todo por él. Y él ni siquiera lo recuerda como algo importante. Cree que fue una medicina cualquiera, comprada en un mercado cualquiera.

Sofía se quedó sin palabras un largo momento.

—Val... nunca me contaste eso.

—Nunca se lo conté a nadie. —Val volvió a mirar hacia el patio, donde Sebastián seguía convulsionando entre los brazos de dos guardias mientras Doña Milagros gritaba órdenes inútiles—. Ya no importa. Ese veneno es su problema ahora. Yo pagué mi parte hace tres años, con sangre propia.

---

Ya de noche, en la soledad de su habitación, Val abrió el cajón más profundo del cofre que Sofía guardaba bajo llave, el mismo donde dormían los documentos de su dote.

Debajo de las escrituras y los libros de cuentas, envuelto en un paño de seda azul que nadie más había tocado en tres años, encontró lo que buscaba: los pétalos secos de la Flor de Luna Sagrada, guardados desde la noche en que bajó de los acantilados, un fragmento pequeño que nunca llegó a usar porque el resto ya había sido suficiente para contener el veneno.

Los sostuvo entre los dedos. Todavía conservaban un resplandor tenue.

Val caminó hasta la ventana, la abrió de par en par, y dejó que el viento nocturno entrara cargado del frío de las montañas.

—Ya no te debo nada, Sebastián.

Abrió la mano.

Los pétalos secos salieron volando hacia la oscuridad. Giraron bajo la luz de la luna y se dispersaron entre los árboles hasta desaparecer.

Val no lo supo, no podía saberlo, pero en ese mismo instante, a varios kilómetros de distancia, en la torre más alta del Palacio Montero, Damián levantó la cabeza de golpe, los ojos dorados fijos en la ventana abierta de su habitación, el aire de la noche trayéndole un aroma que no sentía desde hacía tres años.

—Ella todavía la tenía... —murmuró, la voz apenas un hilo.

Su mano se cerró en un puño tan tenso que los nudillos se le pusieron blancos.

1
Marleys Sofia Cervantes
Excelente
Marleys Sofia Cervantes
Excelente
Marleys Sofia Cervantes
Menos mal porque esto está fuera de control
Sofia Carruso
Así se pone la novela sin emoción
Sofia Carruso
Cuando pensé que ya iba ser feliz
se jodió esto
Marleys Sofia Cervantes
Doña Carmen es un espectáculo acido🤣🤣🤣🤣
Marleys Sofia Cervantes
Doña Carmen no se da por vencida 🤭🤭🤭
Marleys Sofia Cervantes
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
por fin ya era hora
Patricia vanesa Prados
espectacular doña Carmen caerá por su propio peso espero más capitulo autora está q me como las uñas
Celmira Sucerquia
ay está novela me encanta
Patricia
yo aquí atrapada, que buena novela, antes no me gustaba este tipo de novelas de alfas, ahora me encantan
Marleys Sofia Cervantes
Muchos misterios 👏
Margarita Maria Tordecilla Villalba
se está poniendo poco cansona
Marleys Sofia Cervantes
Y en qué momento perdió los hijos si ellos no compartían ni recamara 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Hector Spagnuolo
esta historia es igual a soñe con mi alfa pero el marco a otra
Marleys Sofia Cervantes
Pero porque dice que el padre no va entender, si fue el padre quien le dijo que Damián sacrificó tres años por ella y Val es un tira y escoje uff pacho
Marleys Sofia Cervantes
Dsmian hace tanto por ella y ella no hace nada por el
Marleys Sofia Cervantes
Carmen no aprende
Marleys Sofia Cervantes
Damian y Val amores
Sofia Carruso
Ni terminan un problema y le viene otro encima
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