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Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor eterno / Mafia
Popularitas:77
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.

Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.

Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.

Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.

Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 20

...⚔️...

Después de la emboscada, el trayecto de regreso a la mansión transcurrió bajo un silencio extraño. Dentro del auto, nadie parecía tener demasiadas ganas de hablar.

Ricci estaba sentado frente a Valeria, con una de sus manos presionando una herida que todavía le causaba molestias. Alonzo, a su lado, revisaba constantemente su celular mientras recibía informes sobre lo ocurrido en el lugar de la emboscada.

Valeria, en cambio, permanecía junto a la ventana. No había dicho prácticamente nada desde que habían abandonado aquel lugar. Su rostro estaba sereno, demasiado sereno. Pero su mente estaba lejos de allí.

Volvían una y otra vez al mismo instante aquellos ojos verdes, esa voz grave, ese acento extranjero. La manera en que aquel hombre había aparecido entre el caos de la explosión y sobre todo, aquella palabra.

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valeria frunció ligeramente el ceño.

No entendía por qué aquel hombre había conseguido quedarse en su cabeza.

Había conocido a cientos de personas peligrosas a lo largo de su vida. Había tratado con hombres capaces de matar sin pestañear y con personas que podían ocultar sus intenciones detrás de una sonrisa.

Pero aquel hombre era diferente.

No sabía por qué.

Y aquello le molestaba.

—¿Es mi imaginación o noto que llevas quince minutos mirando por la ventana? —comentó finalmente Ricci.

Valeria no apartó la mirada del exterior.

—¿Y? ¿Qué pasa con eso?

—Que normalmente, cuando estás pensando, haces preguntas en voz alta. Esta vez no has preguntado absolutamente nada.

Alonzo levantó la vista de su teléfono.

—Tiene razón.

Valeria soltó un suspiro.

—¿Desde cuándo los dos se convirtieron en expertos en analizar mi comportamiento?

Ricci sonrió ligeramente.

—Desde que te conocemos.

—Entonces deberían saber que cuando no quiero hablar, no hablo.

—Eso también lo sabemos —respondió Alonzo—Precisamente por eso nos preocupa.

Valeria giró finalmente la cabeza hacia ellos.

—No estoy preocupada.

Ricci sostuvo su mirada durante unos segundos.

—No he dicho que estés preocupada.

Valeria guardó silencio.

Alonzo intercambió una mirada con Ricci.

—¿Qué ocurrió realmente después de la explosión?

Valeria se acomodó en el asiento.

—Ya lo he explicado.

—No exactamente.

—Tío Alonzo...

—Valeria —la interrumpió con calma—Estábamos separados. Hubo una explosión. Perdimos contacto contigo. Después te encontramos. Y, considerando lo que ocurrió, saliste demasiado bien de allí.

—¿Quieres que me queje de haber sobrevivido?

—No. Quiero entender cómo sobreviviste.

Valeria lo observó unos segundos.

Su mente regresó inmediatamente al hombre.

La mano que había sujetado su brazo.

El instante en que la protegió.

La manera en que había permanecido frente a ella sin miedo cuando ambos se apuntaron con un arma.

No podía contarles aquello.

No todavía.

—Tuve suerte.

Ricci soltó una pequeña risa.

—Nunca has creído en la suerte.

—Entonces supongo que esta vez hice una excepción.

El vehículo continuó avanzando.

Ricci la observó con atención.

—Hay algo más.

—No.

—Ni siquiera he dicho qué.

—No importa. La respuesta sigue siendo no.

Alonzo sonrió de lado.

—Definitivamente estás ocultando algo.

Valeria volvió a mirar por la ventanilla.

—Quizá simplemente estoy cansada.

Y aquella vez nadie volvió a insistir.

Sin embargo, cuando las puertas de la mansión aparecieron finalmente a lo lejos, Valeria sintió que una parte de ella respiraba aliviada.

Aunque no sabía exactamente por qué.

El auto se detuvo frente a la entrada principal.

Los hombres de seguridad se acercaron inmediatamente para comprobar que todo estuviera en orden.

Valeria abrió la puerta antes de que alguien pudiera hacerlo por ella.

Bajó de él y apenas había dado un par de pasos cuando vio a Markus acercándose rápidamente.

Su padre había estado esperando.

Como siempre.

Markus recorrió su rostro, sus brazos y su cuerpo con una mirada rápida, buscando cualquier herida que pudiera haber pasado desapercibida.

—¿Estás herida?

—Estoy bien.

—Déjame comprobarlo.

Markus extendió una mano hacia ella, pero Valeria la apartó.

—Estoy bien, padre. No hay necesidad de que me examines como si acabara de salir de una guerra.

Markus frunció el ceño.

—Para mí casi fue una guerra.

—Solo fue una explosión.

—Una explosión preparada específicamente para vosotros.

—Y salí viva.

—Ese no es el punto.

Valeria suspiró.

—Entonces dime cuál es.

Markus se acercó un poco más.

—El punto es que estabas allí. Podías haber muerto.

La expresión de Valeria se suavizó ligeramente.

Sabía que su padre no estaba hablando como líder de una organización criminal. Estaba hablando como un padre queriendo proteger a su hija.

—Pero no morí.

—Esta vez.

Valeria levantó una ceja.

—¿Quieres que me quede encerrada en la mansión?

—Quiero que seas más cuidadosa.

—Lo fui.

—No lo suficiente.

Valeria cruzó los brazos.

—Padre...

—Estaba preocupado. Tu madre también.

La expresión de Valeria cambió ligeramente al escuchar aquello.

—Lo siento.

Markus negó con la cabeza.

—No quiero que te disculpes. Quiero que entiendas que una misión así no puede volver a hacerse sin analizar cada posibilidad.

—Lo entiendo.

—¿De verdad?

—Sí.

Markus la observó unos segundos.

Después hizo una pregunta que consiguió tensar ligeramente el ambiente.

—¿Cómo supieron que estabas allí?

Valeria no respondió inmediatamente.

—No lo sé.

—¿No lo sabes?

—Pudo haber sido un infiltrado.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Markus comenzó a caminar lentamente junto a ella.

—Ricci y Alonzo estaban separados de ti cuando ocurrió la explosión. Perdimos comunicación. Entonces apareces tú, sola, sin que sepamos exactamente cómo conseguiste salir.

Valeria mantuvo la expresión completamente tranquila.

—Observé la situación y actué.

—¿Eso es todo?

—Sí.

Markus se detuvo.

—Valeria.

Ella también se detuvo.

—¿Qué?

—Te conozco.

—Eso no significa que sepas todo lo que pienso.

—No necesito saberlo todo. Solo necesito saber cuándo estás ocultándome algo.

Valeria sostuvo su mirada.

Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

Finalmente, ella respondió con absoluta seguridad:

—No te estoy ocultando nada que pueda poner en peligro a la familia.

Markus entrecerró ligeramente los ojos.

Era una respuesta inteligente.

Pero no era una respuesta completa.

—Es una forma bastante hábil de evitar mi pregunta.

—Aprendí del mejor.

Markus casi sonrió.

—Eso no me tranquiliza.

—No pretendía hacerlo.

Markus negó lentamente con la cabeza.

—Sigues siendo igual de difícil.

—Y tú sigues haciendo demasiadas preguntas.

—Porque eres mi hija.

Valeria bajó ligeramente la mirada.

—Lo sé.

Markus observó su rostro.

—Estás cansada.

—Estoy bien.

—No.

Valeria suspiró.

—Padre…

—Sé que estás mintiendo, pequeña.

Aquella palabra consiguió que Valeria lo mirara inmediatamente.

Markus la conocía demasiado bien.

—Ve a descansar.

—No necesito descansar.

—No es una sugerencia, es una orden.

—¿Desde cuándo das órdenes en casa?

—Desde que eres incapaz de reconocer cuándo estás agotada.

Valeria rodó los ojos.

—Está bien.

Markus sonrió ligeramente.

—Eso esperaba escuchar.

Valeria comenzó a caminar hacia la mansión.

Antes de entrar, Markus añadió:

—Y Valeria...

Ella se giró.

—¿Sí?

—No vuelvas a hacerme pasar por algo así.

Valeria lo observó durante unos segundos.

—Haré lo posible.

—Eso es lo máximo que voy a conseguir de ti, ¿verdad?

—Probablemente.

Y continuó caminando.

Cuando Valeria abrió la puerta de su habitación, encontró a Charlotte sentada frente al espejo, limándose tranquilamente las uñas.

Charlotte levantó la mirada.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Dios mío.

Dejó la lima sobre la mesa y se levantó.

—¿Qué te ha pasado?

Valeria cerró la puerta detrás de ella.

—Nada.

Charlotte la miró de arriba abajo.

—Eso no es nada.

—Estoy viva.

—Ese no es un argumento.

—Para mí sí.

Charlotte se acercó.

—Tienes el cabello desordenado, tienes polvo en la ropa y tienes una expresión que parece decir que quieres matar a alguien.

Valeria dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Entonces sigo siendo yo.

—Definitivamente.

Charlotte la tomó del brazo.

—Siéntate.

—Charlotte...

—Siéntate, Valeria.

Valeria terminó obedeciendo.

Se dejó caer sobre la cama y apoyó la espalda contra el cabecero.

Charlotte se sentó frente a ella.

—Ahora quiero que me cuentes todo.

—No hay mucho que contar.

—Ha habido una explosión, has desaparecido durante varios minutos, Ricci ha terminado herido y Alonzo parece haber envejecido diez años en una tarde.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Eso último es bastante exagerado.

—No me cambies de tema.

Charlotte se inclinó ligeramente hacia ella.

—¿Qué ocurrió?

Valeria permaneció en silencio durante unos segundos.

Charlotte la conocía.

Sabía cuándo estaba ocultando algo.

—Puedes contármelo —dijo más suavemente—. No voy a juzgarte.

Valeria finalmente cedió.

—Bien.

Charlotte sonrió.

—Sabía que terminarías hablando.

—Pero no me interrumpas.

—Prometido.

Valeria comenzó a contarle lo ocurrido.

La propiedad abandonada.

Los hombres.

El dinero.

La sensación de que algo estaba mal.

La explosión.

El caos.

La separación de Ricci y Alonzo.

Y finalmente...

El desconocido.

Charlotte permaneció en silencio mientras escuchaba.

Cuando Valeria terminó, la habitación quedó en completo silencio.

—Espera —dijo Charlotte finalmente—. ¿Me estás diciendo que un hombre apareció en medio de todo aquello, te sacó de la zona de la explosión y después terminó apuntándote con un arma?

—Sí.

—¿Y tú también le apuntaste?

—Por supuesto.

Charlotte abrió mucho los ojos.

—Eso es lo más parecido a una historia romántica que he escuchado en mi vida.

Valeria la miró con incredulidad.

—No fue romántico.

—Te salvó la vida.

—Eso no lo convierte en romántico.

—¿Era guapo?

Valeria se quedó callada.

Charlotte sonrió.

—Eso ha sido una respuesta.

—No empieces.

—¿Era guapo?

Valeria apartó la mirada.

—Sí.

Charlotte soltó una pequeña carcajada.

—¡Lo sabía!

—He dicho que era guapo. Nada más.

—Claro.

—Charlotte.

—Está bien, está bien.

Charlotte levantó las manos.

—Pero entonces dime algo. ¿Por qué sigues pensando en él?

Valeria no respondió.

Porque no tenía una respuesta.

Había algo en aquel hombre que no podía explicar.

No era solamente su apariencia.

Era su seguridad.

La forma en que la había mirado.

El hecho de que no pareciera tener miedo.

Y aquella extraña sensación de que, aunque acababan de conocerse, él la había observado como si intentara descubrir quién era realmente.

—No lo sé —admitió finalmente.

Charlotte la miró con más seriedad.

—Entonces deberías investigar.

Valeria frunció el ceño.

—¿Investigar qué?

—Quién es él.

—No tengo tiempo para eso.

—Valeria...

—Tenemos enemigos que intentaron matarnos. Tenemos una organización que proteger y una investigación pendiente.

Charlotte la observó.

—Estás evitando la pregunta.

Valeria se levantó de la cama.

—Tenemos sospechosos.

—Eso no significa que no puedas investigar al hombre.

Valeria caminó hacia el espejo.

Se miró durante unos segundos.

Su rostro seguía mostrando la misma seguridad de siempre.

—Primero descubriré quién estuvo detrás de la emboscada.

Charlotte cruzó los brazos.

—¿Y después?

Valeria permaneció en silencio.

Porque la verdad era que ya sabía lo que quería hacer.

Quería volver a encontrarlo.

Pero no pensaba admitirlo.

—Después veremos.

Charlotte sonrió.

—Claro.

Valeria se giró hacia ella.

—¿Qué?

—Nada.

—Te conozco.

—Y yo a ti.

Valeria volvió a mirar el espejo.

Durante unos segundos intentó concentrarse en otra cosa.

Pero fue inútil.

Volvió a recordar aquellos ojos verdes.

La voz.

La cercanía.

La manera en que la había llamado.

Pequeña.

Valeria apretó ligeramente la mandíbula.

No entendía por qué aquel hombre había conseguido permanecer en sus pensamientos.

Y eso era precisamente lo que más le molestaba.

Porque Valeria Becker Vindicta no estaba acostumbrada a perder el control sobre su propia mente.

Y mucho menos por un desconocido.

...CONTINUARÁ......

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