NovelToon NovelToon
Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Status: Terminada
Genre:CEO / Maltrato Emocional / Sustituto/a / Juego de roles / Amor eterno / Completas
Popularitas:135
Nilai: 5
nombre de autor: uutami

Valentina nunca fue suficiente.

Coja desde un accidente que nadie quiere explicar, vive como sirvienta en la casa de su propio padre, humillada a diario por su media hermana Diana y su madrastra. Cuando un joven conductor de mototaxi llamado Mateo llega a pedir la mano de Diana y es rechazado con desprecio, la familia decide deshacerse de dos problemas a la vez: obligan a Vale a casarse con él.

Lo que nadie sabe —ni siquiera Vale— es que Mateo esconde un secreto que lo cambiará todo.

Detrás de la moto destartalada y la chaqueta de conductor se oculta el heredero de una de las fortunas más poderosas del país. Y detrás del matrimonio apresurado, una promesa que Mateo juró cumplir a cualquier precio.

A medida que Vale descubre que su marido no es quien dice ser, una red de mentiras comienza a derrumbarse: el hombre que la amaba en secreto pierde la memoria, su hermana finge un embarazo para atrapar al novio equivocado, y un padre biológico que Vale creía inexistente aparece con una prueba de ADN y una fortuna que le pertenece.
Pero la verdad más devastadora aún no ha salido a la luz. Porque la persona responsable de que Vale camine con muleta lleva años en coma... y acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de uutami para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Mateo y Vale terminaron de desayunar con el estómago caliente y un ambiente aún más cálido. Los rayos del sol se colaban por las rendijas de la ventana de aquella cocina pequeña, rebotando en el piso de cemento, limpio aunque desgastado.

—Yo te ayudo a lavar los platos —dijo Mateo, poniéndose de pie cuando Vale empezó a levantar la mesa.

—No hace falta. Puedo sola —respondió ella.

—¿Puedes qué?

—Recoger esto sola.

Mateo la miró con detenimiento.

—¿Siempre lo hacías tú sola?

Vale esbozó una sonrisa y asintió.

—La señora decía que todo tiene que pagarse de alguna forma. Ellos me mantuvieron toda la vida, así que cosas como esta son lo mínimo. Es lo único que yo podía hacer a cambio —explicó con ligereza. Sin carga alguna. Sin embargo, cada palabra le heló la sangre a Mateo.

La mujer a su lado irradiaba una energía luminosa. Él, que al principio sentía rabia al saber que Vale solo había sido usada y manipulada, ahora se fue calmando. Y sonrió.

—A partir de ahora, ya no estás sola.

Las palabras de Mateo eran simples. Pero hicieron florecer una sonrisa en aquel rostro sereno. Lavaron los platos juntos, bromeando de vez en cuando.

Los platos del desayuno ya estaban en el escurridor. El fregadero, limpio.

—Bueno, ¡como ya terminamos, vámonos! —exclamó Mateo con entusiasmo.

Vale sonrió.

—Déjame cambiarme —dijo en voz baja—. Esta blusa se mojó.

Mateo asintió, secando la mesa.

—Claro. Tómate tu tiempo.

Vale entró a la habitación. Abrió el ropero y contempló la hilera de ropa que la noche anterior había acomodado con tanto cuidado. Su mano se detuvo en un gamis sencillo de un tono crema pálido. El color ya no era tan vivo como antes, pero era la prenda más presentable. La que más quería.

Se lo puso despacio, se aseguró de que el jilbab estuviera derecho y se miró en el espejo. Su rostro lucía más luminoso, aunque la ropa evidentemente no era nueva. Respiró hondo, reuniendo confianza, y salió.

—¿Lista? —Mateo alzó la vista. Y se quedó mudo.

Vale asintió.

—¿Te... vas a poner... eso? —Sus ojos recorrieron a Vale de arriba abajo.

Vale volvió a asentir.

—Me lo regaló papá. Cuando me lo dio era nuevo.

Mateo sonrió apenas, pero sus ojos no podían ocultar la ternura. Sabía de sobra que esa prenda guardaba una historia.

—Vamos.

Salieron de la casa. Mateo cerró con llave y le indicó que subiera a la moto.

—Puedo llevar la muleta yo misma —dijo Vale cuando Mateo se la quitó para ponerla al frente.

—A partir de ahora me tienes a mí. Se acabó eso de "puedo sola". Y una cosa más... —la miró—. Acostúmbrate a decir "por favor". Yo siempre voy a acudir —añadió con una sonrisa.

Vale bajó la cabeza, escondiendo una sonrisa tímida.

Al principio la ruta parecía normal, hasta que Vale se dio cuenta de que el rumbo le resultaba desconocido.

—Mateo... —Se aferró a la chaqueta de Mateo—. ¿A dónde vamos?

—A pasear —respondió él con desenfado.

Cuando los edificios altos empezaron a aparecer, Vale se inquietó. Los ojos se le abrieron enormes al ver el letrero de un centro comercial imponente frente a ellos.

—¿Vamos a entrar ahí? —preguntó. Jamás había pisado un centro comercial.

—Sí, ¿por qué?

—Mejor no. ¿Qué haríamos ahí?

—Es un centro comercial: paseamos, compramos cosas —contestó Mateo, sin darle importancia.

Vale se removió, nerviosa.

—No traje dinero.

Mateo rio entre dientes.

—Yo sí traigo.

—Mejor vamos al mercado.

—Si ya fuimos al mercado esta mañana.

—En el mercado también se puede pasear y comprar. ¿Qué quieres comprar?

Mateo contenía la risa; la ansiedad de Vale era evidente.

—Ropa.

—En el mercado también hay ropa. De todo.

Su esposa seguía negociando. A Mateo le daba cada vez más ternura.

—La ropa que busco no está en el mercado.

—Toda la ropa tiene la misma función.

Mateo apagó la moto al borde de la calle. Se volvió hacia Vale con dulzura.

—¿Por qué no quieres ir ahí?

Vale bajó la mirada.

—Mejor al mercado. Ahí... es un lugar elegante. Seguro es carísimo.

—¿Seguro?

—Nunca he entrado. Pero... Diana decía que ahí todo es muy caro, que la ropa de ahí no es para alguien como yo.

Mateo sonrió. Comprendía que el entorno familiar de Vale no solo había sido tóxico, sino que le había destruido la autoestima desde niña. «Llevas demasiado tiempo ahí... Tragándote el discurso de que no mereces nada. Poco a poco voy a reconstruir tu confianza, porque tú mereces mucho más que todo eso, Vale.» Ese pensamiento resonó en la mente de Mateo.

—Vamos allá —señaló una fila de tiendas en la acera, no lejos del centro comercial.

Vale pareció aliviada.

—¿Qué ropa quieres comprar?

—Un gamis.

—¿Un gamis? ¿Tú vas a usar gamis?

Mateo rio quedamente.

—¿Me dejas?

—Eso es ropa de mujer... —Vale frunció el ceño, un poco molesta.

—Bueno, el gamis es para ti. Yo te lo compro.

La expresión de Vale cambió.

—Eres mi esposa. Es mi obligación comprarte ropa.

—Todavía tengo ropa.

—Pero no te la regalé yo. Un esposo tiene que darle ropa a su mujer. Ahora, ¡elige! ¡Vamos!

Las mejillas de Vale se sonrojaron. Era la primera vez en su vida que alguien le decía que eligiera ropa para ella misma.

Dentro de la tienda, las prendas colgaban apretadas en los percheros. Vale acariciaba las telas con ojos brillantes.

Mateo lo notó, pero también recordó perfectamente que al entrar, la mirada de la dependienta les había cambiado. Repasó a Vale de pies a cabeza y luego las ignoró. Eso no le gustó.

—Mateo... —Vale le susurró, con los ojos centelleantes, levantando un gamis gris—. ¿Este está bonito?

—Bonito.

—Quiero este.

—Creo que te queda grande.

—No importa. —Vale parecía encantada.

—¡Disculpe!

Ninguna dependienta respondió.

—¡Señorita! ¿Este modelo viene en una talla más chica?

Mateo se contuvo. Nadie hizo el menor esfuerzo por atenderlos.

—¡Mateo! Mejor llevo este. La ropa holgada es más cómoda.

—No, no, no. Vinimos a comprar. Con dinero. —Mateo empezaba a irritarse por la indiferencia.

Se acercó a una dependienta que simulaba acomodar ropa en los ganchos.

—Disculpe... ¿este modelo viene en talla más chica?

—¡No hay! —respondió la empleada con brusquedad.

Mateo se irritó más.

—Mateo... —Vale lo alcanzó apoyada en su muleta.

—Ya —dijo Mateo de pronto, devolviendo la prenda—. Nos vamos.

Vale se sobresaltó.

—¿Irnos? Pero...

—Buscamos otra tienda. Hay muchas con mejor servicio. —Mateo le tomó la mano.

—Pero el de hace rato estaba bonito...

—Hay mejores. Yo sé dónde. Y la gente es amable —replicó Mateo.

—¡Hmp! ¡Clientes creídos! Apenas si traen dinero y quieren que los atiendan como reyes —murmuró la dependienta. Bajo, pero lo bastante audible para Mateo.

El joven se exasperó más. Rio en silencio, una risa de fastidio, porque estaba seguro de que esa empleada no tenía idea de quién era él.

Se detuvo en la puerta de la tienda. Y sacó su teléfono. Sí, el teléfono que llevaba desde la noche anterior resistiendo no sacar, y que ahora salió a la luz arrastrado por la emoción.

Llamó a alguien. Esperó unos minutos hasta que apareció el dueño de la tienda.

—¡Señor Mateo!

Mateo sonrió; todavía con la sonrisa a medio contener de su irritación.

—Disculpe. No esperaba que viniera a esta tienda.

Mateo no se anduvo con rodeos. Señaló a Vale.

—Ella es mi esposa.

El dueño se mostró sorprendido.

—Estamos buscando un gamis.

—Tenemos gamis, señor Mateo. —El dueño llamó a una de sus empleadas, pero no a la de antes—. Por favor, ayúdala a elegir algo para la esposa del señor Mateo.

—¡No! ¡No, no! Quiero que sea ella —interrumpió Mateo, señalando a la empleada que los había despreciado—. Quiero que ella atienda a mi esposa.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play