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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:262.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

—Valentina —dijo Andrés en voz baja, pero con firmeza—. A partir de este mes, los gastos de la casa los vamos a dividir entre los dos.

La mano de Valentina se detuvo justo frente a la boca de Mateo. El niño la tenía abierta de par en par, esperando la cucharada que no llegaba.

Valentina levantó la vista despacio.

—¿Cómo que dividir? ¿Por qué?

Andrés tomó aire antes de continuar:

—Mi mamá quiere ayudarle a Gabriel a comprar una casa. Así que cada mes tengo que aportar cuatrocientos dólares más para eso.

Todos se quedaron callados, mirándose entre sí. La sala se hundió en un silencio repentino; solo se oía el ventilador viejo rechinando en la esquina.

Valentina recorrió con la mirada, una por una, las caras de la familia de su esposo que ocupaban la sala. Doña Carmen sorbía su té con toda tranquilidad. Luciana tecleaba en el celular junto a su hija Sofía. Gabriel miraba al piso rascándose la nuca.

Mientras tanto, Valentina tragó saliva con amargura. En cinco años de matrimonio, jamás había cuestionado a dónde iba a parar el dinero de su marido.

Todo ese tiempo había sido ama de casa: atendía a su esposo, criaba a sus dos hijos y mantenía el hogar en orden. Nunca se quejó del presupuesto tan ajustado que le daban, aunque sabía perfectamente que Andrés ganaba tres mil dólares al mes.

Valentina tampoco le había prohibido a su marido cubrir los gastos de sus padres y hermanos. Cada mes, Andrés le entregaba setecientos dólares a su madre para la hipoteca de su casa. A Luciana, su hermana divorciada, le daba trescientos cincuenta. Y a Matías, el menor que acababa de entrar a la universidad, le destinaba trescientos cincuenta entre colegiatura y la mensualidad de su moto.

Normalmente, a Valentina le quedaban mil dólares al mes, de los cuales doscientos cincuenta se iban en la escuela privada de Santiago. Con los setecientos cincuenta restantes, Valentina se las arreglaba para la comida, la luz, el agua, la leche y los pañales de Mateo, y la cuota del vecindario.

A Andrés le quedaban trescientos cincuenta para sus propios gastos: gasolina y lo que fuera surgiendo. Y los últimos doscientos cincuenta se guardaban como ahorro conjunto para emergencias.

—¿Y por qué la casa de Gabriel la tiene que pagar también mi esposo? ¿Gabriel no trabaja y tiene su propio sueldo? —preguntó Valentina con calma, cuidando el tono de su voz—. ¿Por qué lo que se recorta siempre es lo de nuestra casa?

Mateo empezó a quejarse porque la cucharada no llegaba. Valentina volvió a darle de comer por inercia, aunque su cabeza ya era un nudo.

Antes de que Andrés pudiera contestar, doña Carmen chasqueó la lengua con fuerza.

—¡Ay, por favor! El sueldo de Gabriel es una miseria —soltó, cortante—. Apenas le alcanza para él. Y el mes que viene ya va a tener esposa.

Valentina observó a la mujer unos segundos. Después sonrió apenas. Una sonrisa más fría que amable, una sonrisa que contenía rabia.

—Entonces recórtenle la parte a cada quien de la familia de Andrés. Porque el dinero que él me da a mí a veces ni siquiera alcanza —respondió, y la puntada fue directa. Hacía mucho que se tragaba la frustración. La familia de Andrés vivía colgada de él como si fuera su obligación.

El ambiente se congeló. Luciana levantó la cabeza de golpe. Doña Carmen frunció el ceño como una navaja.

—¿Cómo que no te alcanza? Eso es porque eres una derrochadora —escupió doña Carmen.

Valentina respiró hondo. Su voz se volvió más clara:

—Todo sube de precio, señora. El dinero que me da Andrés casi nunca alcanza. Todavía tengo que pagar la escuela de Santiago, comprar la leche y los pañales de Mateo, la luz, el agua, y además...

Un puñetazo cayó sobre la mesa con tanta fuerza que todo tembló. La taza de té se volcó y empapó el mantel.

Mateo se sobresaltó y rompió a llorar. Su cuerpecito se aferró al pecho de Valentina, temblando.

—Mami... la abuela da miedo...

—Shh, cariño, no pasa nada, aquí está mami —Valentina lo levantó en brazos enseguida y le frotó la espalda. Pero sus ojos seguían clavados en doña Carmen.

—¡Escúchame bien, Valentina! Andrés tiene responsabilidades con su familia. Es su deber ayudar a sus hermanos cuando lo necesitan —bramó la mujer.

Valentina se puso de pie despacio, con Mateo en brazos. Una mano sostenía al niño que lloraba; su cuerpo se mantuvo erguido.

—Señora, sus hijos y yo somos la responsabilidad principal de Andrés —dijo con firmeza, y luego clavó la mirada en su esposo—. No sus hermanos.

Andrés se estremeció. Había algo en los ojos de su mujer que nunca había visto. Una valentía nueva. Un desafío abierto contra su familia.

—¡No te creas tanto, Valentina! —saltó Luciana con veneno—. Si Andrés tiene éxito es gracias a nosotros, a su familia, que siempre lo apoyamos.

—¡Exacto! —se sumó doña Carmen al instante—. Tú nomás vives de gorra.

Don Eduardo, callado hasta ese momento, intervino:

—Si eres tacaña con la familia, la prosperidad se te va a cerrar, Valentina.

Valentina soltó una risa breve. Fue suficiente para que todos se callaran. No se reía porque le pareciera gracioso. Se reía porque por fin entendía algo: durante años, sus sacrificios fueron vistos como una obligación, mientras que la ayuda de Andrés a su familia era considerada una virtud.

—Lo que deberías hacer es trabajar —la picó doña Carmen otra vez—. En lugar de vivir del dinero de mi hijo.

—Así es —Luciana se cruzó de brazos—. Lo único que haces es sentarte en la casa. Andrés se mata trabajando todos los días, hasta haciendo horas extras.

Valentina las miró a las dos, una tras otra. Su mirada bajó hasta las uñas recién pintadas de Luciana. Luego, hasta la pulsera de oro en la muñeca de doña Carmen. Y después se miró a sí misma: las manos agrietadas de tanto lavar, las uñas rotas, la blusa manchada con papilla de Mateo. ¿Y ellas decían que no hacía nada?

Con calma, dejó a Mateo de vuelta en su silla. Tomó aire largo.

—Está bien —su voz salió serena—. Si según ustedes yo no trabajo y lo único que hago es rascarme la panza en esta casa —dijo, recorriéndolos a todos con la mirada—, entonces a partir de ahora voy a cobrar por cada cosa que hago aquí.

Andrés frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir con eso?

Valentina sonrió apenas.

—Que voy a cobrar por cada tarea que haga en esta casa.

1
Geovanny Berrio Marsiglia
Que triste mujer me imagino todo lo que sufriste
Beatriz Piñero
hermosa novela me falto saber que paso con Rodrigo Mariana y los mellizos
Geovanny Berrio Marsiglia
Me dan ganas de meterme en la historia y darle unos buenos correazos a ver si se reinicia por completo este idiota
Geovanny Berrio Marsiglia
Que va mijito ojalá y ya bajes de la luna 🌑 dónde estás montado
Geovanny Berrio Marsiglia
Jajaj y vas a preguntar gran imbecil de verdad que tú no eres normal
Geovanny Berrio Marsiglia
Pero si ese hombre no los quiere ni a ellos como hijos ni a ella como esposa. Se quedó ahí con ese par de brujas y ya .
Porquería de hombre no sirve para nada
Geovanny Berrio Marsiglia
Deja que los niños se vean con su papá pero tú no
Geovanny Berrio Marsiglia
Yo quiero ver a esa gente cuando vean la realidad de quién es Valentina
Geovanny Berrio Marsiglia
Uff que fuerte como va a dejar a su esposa e hijos en un segundo plano.

Como se debe dejar sentir una persona con esposo así.
Geovanny Berrio Marsiglia
Bueno pero y ella cuando será que dejará la idiotez 🐛
Geovanny Berrio Marsiglia
Bueno pero y ella aún sigue ahí pero autora busque un camión y saque a esa muchacha de ahí. Dele una cachetada para que se le reinicie el casett jajajaj nosotras la ayudamos🥰
Geovanny Berrio Marsiglia
Y El un idiota pero qué clase de hombre es este bendito la bruja de la mamá como que le dio contra el piso cuando nació
Geovanny Berrio Marsiglia
Tienen que abrirle es la cabeza y sacarle los bichos 🐛 que tiene
Geovanny Berrio Marsiglia
Definitivamente el tiene el síndrome de hombre idiota y ella el de mujer tonta
Geovanny Berrio Marsiglia
El no es malo solo que tiene retraso mental pobrecito tiene el síndrome del hombre idiota
Geovanny Berrio Marsiglia
pero será que este hombre es normal o tiene algún síndrome de retraso mental
Geovanny Berrio Marsiglia
bueno pero Valentina tiene dinero o no?
tien3 empresas o no?
Geovanny Berrio Marsiglia
exelente
Geovanny Berrio Marsiglia
Historia que te atrapa desde el inició.
👏👏
Geovanny Berrio Marsiglia
bueno yo trabaje 20 años pero ya me cance me dedico a los que haceres de la casa . Es más desgastante que salir a trabajar. Claro los fines de semana casi siempre salimos a comer a la calle y en la semana la cena le corresponde hacerla a mi esposo cuando llega de trabajar.
y en el años salimos de viaje a disfrutar unos 15 días o un mes.
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