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Plantada En El Altar

Plantada En El Altar

Status: En proceso
Genre:Romance / Triángulo amoroso / Venganza de la Esposa
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.

—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.

Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.

Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.

Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.

—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.

Adrian no dudó.

—Ya no la amo.

El silencio fue brutal.

—Estoy enamorado de otra persona.

Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.

—La vas a destruir.

Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.

—Entrégaselo.

Y se fue.

Se fue de su propia boda.

De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.

De una vida que prometió… y que decidió romper.

Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.

Y ese día…

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: La quiero a morir

Capítulo 19

El sonido del agua cayendo en la ducha llenaba el baño de la mansión Whitman, creando un ritmo constante que intentaba calmar la mente de Adrian. Pero no lo lograba. Cada gota que golpeaba su espalda parecía amplificar los recuerdos, trayendo de golpe la imagen de Isabella: su sonrisa, su mirada intensa, la forma en que lo miraba aquella primera vez… y cómo todo se había roto después.

Adrian cerró los ojos bajo el chorro caliente, dejando que el vapor le cubriera el rostro, intentando ahogar la frustración que crecía en su pecho. Sus manos se apoyaron contra la pared de azulejos fríos mientras respiraba hondo, intentando ordenar sus pensamientos, pero todo era un caos.

—¿Cómo pude…? —murmuró para sí mismo, la voz apenas audible entre el agua—. ¿Cómo pude hacerle eso?

La culpa lo golpeaba con fuerza, mezclada con tristeza y rabia consigo mismo. Recordaba sus propias palabras, sus errores, cada momento en el que la había dejado sola, cada decisión que la había lastimado. Sentía un vacío enorme, un nudo en la garganta que no desaparecía, un dolor que no le dejaba pensar con claridad.

El vapor y el agua caliente parecían insuficientes para borrar la sensación de fracaso, de haber perdido algo que jamás podría recuperar fácilmente. Adrian apretó los puños, frustrado consigo mismo, mientras los recuerdos seguían martillando su mente: Isabella, su orgullo, su distancia… y él, incapaz de arreglar lo que había destruido.

Por un momento, cerró los ojos y dejó que las lágrimas se mezclaran con el agua, aceptando que, a veces, ni siquiera el calor de la ducha podía calmar un corazón lleno de culpa y arrepentimiento.

No podía parar de pensar en ella porque su mente no se callaba.

—Fui un maldito idiota… —susurró, con rabia contenida.

El agua seguía cayendo, pero no lograba limpiar nada.

Porque el problema no estaba afuera.

Estaba dentro de él.

Cerró los ojos con más fuerza… y entonces la vio otra vez. Frente a él. En la oficina. Tan cerca… y al mismo tiempo tan lejos.

Y fue ahí cuando lo entendió.

Nada había cambiado.

Nada.

Todo lo que sentía por ella… seguía ahí.

Intacto.

Como si el tiempo no hubiera pasado.

Como si nunca hubiera dejado de amarla.

Eso fue lo que más lo destrozó.

Porque significaba que no solo la había perdido…

Sino que nunca había dejado de quererla.

Su respiración se quebró.

Y esta vez… no pudo contenerlo.

Las lágrimas comenzaron a caer, mezclándose con el agua que recorría su rostro.

—Te extraño… Isabella… —susurró, con la voz completamente rota.

Apoyó la frente contra la pared, dejando que el peso de todo cayera sobre él.

La culpa.

El arrepentimiento.

El amor que aún sentía.

Todo.

Y en ese momento, solo había una verdad que no podía negar…

Había perdido a la única persona que realmente había amado.

Y ahora…

Tenía que vivir con eso.

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La Biblioteca Central: Reynolds

Permanecía en un silencio casi perfecto, apenas interrumpido por el leve pasar de páginas a lo lejos y el sonido tenue del reloj en la pared. Isabella estaba sentada frente a Gabriel, con la espalda recta y la mirada fija en sus notas, intentando mantenerse completamente profesional… aunque por dentro aún cargaba con todo lo que había vivido ese día.

—El nuevo libro, Empity Heart, tuvo muy buena recepción —dijo, sin levantar mucho la mirada—. ¿Te inspiraste principalmente en alguien o en ti mismo para ese tipo de metamorfosis?

Gabriel la observaba con atención, notando cada pequeño gesto en su rostro, cada pausa, cada cambio en su tono.

—Digamos que parte de lo que escribo es sumamente de mi imaginación… nada personal —respondió con calma—. Claro, siempre dándole un toque realista a la historia.

—Ya veo… —murmuró Isabella, anotando algo.

Pero su expresión seguía siendo seria… distante.

Como si nada le convenciera.

Como si nada le importara.

—¿Siempre son así de irrealistas?

Gabriel levantó la mirada, sorprendido por el comentario.

—¿Irrealistas?

Isabella alzó la vista lentamente y lo miró directo a los ojos.

—Me refiero a que siempre tienen finales felices… —dijo con una calma que ocultaba algo más profundo—. No estoy en contra de eso… pero aquello no existe.

Su tono era frío.

Pero en el fondo… dolía.

Gabriel frunció ligeramente el ceño, intentando entender.

—¿Por qué lo dices?

Por un segundo, Isabella se quedó en silencio.

Sus ojos vacilaron apenas.

Pero enseguida desvió la mirada.

—Por nada… olvídalo.

Y volvió a sus papeles como si nada hubiera pasado.

Como si no hubiera dicho nada importante.

Gabriel la observó en silencio unos segundos más, analizando cada detalle. No era solo su respuesta… era su actitud, su forma de cerrarse.

—Supongo que la vida te ha tratado de la peor manera para que pienses así… ¿o me equivoco? —dijo, esta vez con un tono más serio.

Isabella no respondió.

Ni siquiera levantó la mirada.

—¿Cuál de tus libros recomiendas y por qué? —continuó, cambiando el tema con frialdad.

El cambio fue tan evidente… que Gabriel no pudo evitar notar que estaba huyendo de algo.

Sonrió apenas.

—Creo que ya entiendo el porqué de tu carácter.

Isabella levantó la mirada de golpe, claramente confundida… y molesta.

—¿Mi carácter?

—No te ofendas… —dijo él con tranquilidad—, pero necesitas cambiarlo.

El aire se volvió pesado.

Isabella dejó el bolígrafo sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

—¿Desde cuándo te pedí un consejo?

Su tono era cortante.

Defensivo.

Cargado.

Gabriel suspiró, apoyándose en el respaldo de la silla.

—Y seguimos con lo mismo…

—¿Disculpa? —respondió ella, frunciendo el ceño.

Él se encogió de hombros, sin perder la calma.

—Solo trato de ser honesto.

La miró fijamente, sin apartar los ojos.

—Y aquello… solo malogra tu persona.

Esa frase fue suficiente.

Isabella sintió cómo algo dentro de ella explotaba. No era solo por él… era todo lo que venía cargando desde antes. Todo lo que había intentado contener.

—¿Sabes qué?… —dijo, levantándose de la silla de golpe—. No hace falta continuar con esto.

Tomó sus cosas con rapidez, metiendo sus papeles sin demasiado cuidado.

Su respiración estaba ligeramente agitada.

Su paciencia… completamente agotada.

Gabriel la observó, sin levantarse.

—Ok… como gustes.

Su tono fue tranquilo.

Casi indiferente.

Y eso la irritó aún más.

Isabella apretó los labios, evitando decir algo de lo que pudiera arrepentirse… y comenzó a caminar hacia la salida.

Cada paso era firme.

Decidido.

Pero por dentro… todo seguía desordenado.

—Adiós, cuídate —dijo Gabriel desde su lugar.

Ella no respondió.

Ni siquiera volteó.

Simplemente salió.

La puerta se cerró suavemente detrás de ella, dejando un silencio aún más profundo en la biblioteca.

Gabriel se quedó mirando el espacio vacío por unos segundos. Luego bajó la mirada, apoyando el codo sobre la mesa, pensativo.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Negó con la cabeza, soltando una leve risa.

—Qué chica…

Se quedó en silencio un momento más.

Porque en el fondo…

No era solo su carácter.

No era solo su forma de hablar.

Era todo.

Su frialdad.

Su intensidad.

Esa mezcla de enojo y tristeza que no intentaba ocultar del todo.

Era diferente.

Muy diferente a todas las demás.

Y, sin querer admitirlo demasiado…

Eso le había parecido peligrosamente atractivo.

^^^Continuará...^^^

1
Limaesfra🍾🥂🌟
y Gabriel🤔 este sujeto 🤔🤔🤔 tem cuidado Isa eres ingenua😎
Yolanda Plazola Arroyo
yá lo dejé esun 🪳🪳🤭
Yolanda Plazola Arroyo
probecita desgrciado🪳
Maria Garcia
pobre duele pero no merece su amor es un idiota que le gusta el dinero tiene que ser fuerte y seguír adelante ya encontrará algo mejor
Limaesfra🍾🥂🌟
ds un idiota rata de 2 patas.
excelente capitulo gracias, vamos x mas
Limaesfra🍾🥂🌟
ooohhhh
Limaesfra🍾🥂🌟
eres.un cucaracho🤬
Limaesfra🍾🥂🌟
duelee😢😭😡🤬🤬🤬
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