Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
NovelToon tiene autorización de Liose Tess para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
23- día de feria
El sábado llegó más rápido de lo que cualquiera de los cuatro esperaba.
A las cuatro y cincuenta de la tarde, Valentina y Camila caminaban hacia la entrada del parque central.
La feria ya estaba completamente instalada.
Las luces de los juegos comenzaban a encenderse.
El aroma de las palomitas, los churros y el algodón de azúcar llenaba el ambiente.
Niños corrían de un lado a otro.
Familias enteras paseaban entre los puestos.
Y la música sonaba desde distintos rincones del lugar.
Camila sonrió.
—Extrañaba venir aquí.
Valentina observó todo a su alrededor.
—Yo también. Hace años que no venía.
—Desde la universidad, creo.
Valentina asintió.
—Más o menos.
En ese momento un automóvil se detuvo frente a ellas.Alessandro descendió primero.
Un segundo después apareció Matteo.
Camila cruzó los brazos apenas lo vio.
—Mira... Al final sí encontraste el parque.
Matteo sonrió.
—Me trajeron.
—Eso explica muchas cosas.
Los cuatro rieron.
Alessandro se acercó a Valentina.
—¿Esperaron mucho?
Ella negó.
—Acabamos de llegar.
Matteo miró alrededor.
—Entonces... ¿Cuál es el plan?
Camila levantó un dedo.
—Regla número uno. Hoy nadie habla de trabajo.
Valentina asintió enseguida.
—Me parece perfecto.
—Regla número dos.
Continuó Camila.
—Hoy tampoco se habla del contrato. Hoy somos cuatro amigos saliendo a divertirse.
Los cuatro guardaron silencio unos segundos.
Después Alessandro sonrió.
—Acepto.
Valentina levantó una ceja.
—¿Tan fácil?
—Por unas horas... Solo quiero pasarla bien.
Aquellas palabras hicieron sonreír a Valentina.
—Entonces... ¿Con qué empezamos?
Camila señaló un enorme puesto de tiro al blanco.
—¡Con eso!
Sin esperar respuesta comenzó a caminar.
Matteo la siguió resignado.
—Estoy empezando a sospechar que aquí mando yo... Pero nadie me hace caso.
Camila giró apenas la cabeza.
—Porque nadie te cree.
Al llegar al puesto, el encargado acomodó varios rifles de aire comprimido sobre el mostrador.
—Cinco disparos por persona. El que consiga más puntos puede elegir cualquiera de los premios.
Camila tomó uno de los rifles.
—Yo primero.
Cinco disparos después...
Solo había acertado dos.
—Eso estuvo cerca.
Dijo intentando convencerse.
Matteo tomó el siguiente.
Acertó tres.
Levantó ambos brazos.
—¡Tenemos campeón!
—No cantes victoria tan rápido.
Respondió Valentina.
Tomó el rifle con una seguridad que sorprendió a los tres.
Se acomodó.
Respiró hondo.
Primer disparo.
Centro.
Segundo.
Centro.
Tercero.
Centro.
Cuarto.
Centro.
Quinto.
Centro.
Silencio. El encargado la miró sonriendo.
—Tenemos nueva campeona.
Camila abrió la boca.
—¿Desde cuándo disparas así?
Valentina dejó el rifle sobre el mostrador con toda naturalidad.
—Mi hermano me enseñó cuando éramos pequeños.
Matteo negó con una sonrisa.
—Recuérdame nunca apostar contra ti.
Alessandro la observaba divertido.
—Definitivamente no esperaba eso.
Valentina sonrió orgullosa.
—Todavía no has visto nada.
Camila soltó una carcajada.
—Cuidado... Cuando se trata de juegos...
Mi amiga se transforma.
Valentina la miró fingiendo indignación.
—Eso no es cierto.
El encargado señaló la pared llena de premios.
—Puede escoger el que quiera. Valentina recorrió los peluches con la mirada. Hasta detenerse en un enorme oso color café.
—Quiero ese.
El hombre se lo entregó. Ella lo abrazó sonriendo.
Alessandro no pudo evitar reír.
—Hace dos minutos parecías una francotiradora profesional. Y ahora pareces una niña de ocho años.
Valentina levantó el oso delante de ella.
—¿Y cuál es el problema?
—Ninguno.
Respondió él sin dejar de sonreír.
—Solo que empiezo a descubrir que eres mucho más competitiva de lo que aparentas.
Ella levantó la barbilla con orgullo.
—Nunca pierdo.
Camila y Matteo intercambiaron una mirada.
Después sonrieron al mismo tiempo.
—Eso...
Dijo Camila.
—Es exactamente lo que dice siempre...
Justo antes de perder en el siguiente juego.
Valentina giró inmediatamente hacia ella.
—¡Eso nunca ha pasado!
—¿Ah, no?
Preguntó Matteo divertido.
Camila negó con una sonrisa traviesa.
—Pues creo que tendremos que comprobarlo.
Valentina abrazó con más fuerza el enorme oso de peluche. Y sonrió.
—Acepto el reto.
Camila caminó unos metros más adelante hasta detenerse frente a un puesto de dardos.
En la pared colgaban decenas de globos de colores.Y, sobre una repisa, descansaban varios premios.
Osos.
Conejos.
Pandas.
Y un enorme dragón de peluche.
—Este me gusta más.
Dijo Valentina señalando un enorme oso panda.
El encargado sonrió.
—Tres dardos.
Si revientas los tres globos marcados, el premio es tuyo.
Valentina tomó los dardos con toda la confianza del mundo.
—Esto será fácil.
Primer lanzamiento.
Falló.
Segundo.
Volvió a fallar.
El tercero apenas rozó el globo.
El encargado sonrió con amabilidad.
—Casi.
Valentina frunció el ceño.
—Otra vez.
Pagó una nueva ronda.
Respiró hondo.
Primer dardo.
Falló.
Segundo.
Falló.
Tercero.
Falló por muy poco.
Camila comenzó a reír.
—Vale... Creo que ese no es tu juego.
—No. Es que los dardos están desbalanceados.
Matteo soltó una carcajada.
—Claro. La culpa siempre es del equipo.
Valentina lo ignoró por completo.
Sacó nuevamente dinero.
—Una última vez.
El encargado volvió a entregarle tres dardos.
Camila cruzó los brazos.
—¿No te cansas de perder?
Valentina negó con total convicción.
—No. Es que quiero ese panda.
Los tres siguieron la dirección de su dedo.
El enorme oso panda ocupaba el centro de la repisa.
Camila sonrió.
—Ahora entiendo.
Alessandro extendió la mano.
—Déjame intentarlo.
Valentina le entregó los dardos.
—Pero no digas que no te advertí. Este juego está arreglado.
Alessandro sonrió apenas.
Se colocó frente a la línea.
Observó el tablero durante apenas un segundo.
Lanzó el primer dardo.
Centro.
Segundo.
Centro.
Tercero.
Centro.
Los tres globos explotaron casi al mismo tiempo.
El puesto quedó completamente en silencio.
Camila abrió mucho los ojos.
—¡¿Desde cuándo tienes tan buena puntería?!
Valentina hizo un pequeño puchero.
—Eso fue pura suerte.
Matteo tuvo que morderse el labio para no reírse.
"Suerte..."
"Si supieras las horas que ese hombre pasó entrenando con armas..."
Pensó para sí.
El encargado bajó el enorme panda de la repisa.
—Felicidades. Es suyo.
Alessandro tomó el peluche.
Caminó directamente hasta Valentina.
Y se lo entregó. Ella lo miró sorprendida.
—Pero... Ese te lo ganaste tú.
Él sonrió con naturalidad.
—Sí. Pero lo gané para ti.
Valentina sintió cómo sus mejillas comenzaban a calentarse.
Abrazó el panda contra su pecho.
Después levantó el enorme oso café que había ganado unos minutos antes.
—Entonces... Toma. Es para ti.
Matteo se quedó completamente inmóvil.
Parpadeó una vez. Luego otra.
No podía creer lo que estaba viendo.
"¿Alessandro Moretti...?"
"¿El principe del infierno de la familia Moretti...?"
"¿Sosteniendo un oso de peluche porque una doctora se lo regaló?"
Aquello era demasiado.Definitivamente...
No iba a dejar pasar la oportunidad de burlarse de él. Matteo observó a Alessandro sosteniendo el enorme oso de peluche.
Después miró a Valentina.
Volvió a mirar el oso. Y finalmente negó muy despacio.
—Necesito un momento para procesar esto.
Camila arqueó una ceja.
—¿Qué pasa?
Matteo señaló a Alessandro.
—Llevo más de quince años con él.
Lo he visto dirigir reuniones con cientos de empresarios.
Lo he visto negociar contratos imposibles.
Lo he visto enfrentarse a hombres que duplicaban su tamaño sin pestañear.
Hizo una breve pausa.
—Pero jamás... Jamás imaginé verlo cargando un oso de peluche.
Camila soltó una carcajada.
Valentina intentó contener la risa.
Alessandro, en cambio, permanecía completamente serio.
—¿Terminaste?
—Todavía no.
Matteo cruzó los brazos.
—Creo que voy a tomar una foto.
Nadie en la oficina me va a creer esto.
Alessandro levantó lentamente la vista.
—Hazlo... Y tu próxima evaluación anual será mucho menos agradable.
Matteo guardó inmediatamente el teléfono.
—Era una broma.
Camila lo miró divertida.
—Qué valiente eres.
—Lo soy. Pero también quiero conservar mi empleo.
Los cuatro comenzaron a caminar nuevamente entre los puestos de la feria. Valentina abrazaba el panda con una sonrisa que no conseguía ocultar.
Alessandro llevaba el oso café bajo el brazo.
No parecía incómodo.
Solo... poco acostumbrado.
Camila se acercó discretamente a Valentina.
—¿Te diste cuenta?
—¿De qué?
—Te regaló el panda sin pensarlo dos veces.
Valentina acarició distraídamente una de las orejas del peluche.
—Solo estaba siendo amable.
—Ajá... Y tú le regalaste el otro.
—Porque era justo.
Camila sonrió para sí.
—Si tú lo dices.
Unos pasos más adelante...
Matteo caminaba junto a Alessandro.
Lo miró de reojo.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Qué cosa?
—Que el oso combina contigo.
Alessandro cerró los ojos un segundo.
—Matteo...
—Dime.
—Voy a contar hasta tres. Si cuando termine sigues hablando... Voy a descontarte el sueldo de un mes.
Matteo levantó ambas manos.
—Está bien. Me callo.
Permaneció en silencio...
Exactamente cinco segundos.
—Aunque debo admitir que... El peluche tiene cara de director ejecutivo.
Alessandro negó resignado.
—Definitivamente debí dejarte en la oficina.
Las carcajadas de Camila y Valentina hicieron que varias personas voltearan a mirarlos.
Por un instante... Ninguno de los cuatro pensó en contratos. En citas a ciegas. Ni en problemas.
Simplemente siguieron caminando entre las luces de la feria, riéndose unos de otros como si llevaran mucho más tiempo compartiendo momentos juntos del que realmente había pasado.
Liose me dejaste intrigada 🤔🤔🤔❓❓❓❓
se supone que el es Vestick el apellido de Matteo que dirán y que harán 🤔🤔🤔❓❓❓
Valentina dará ese paso y seducirá a Alessandro veremos si darán ese primer paso.
porque van a paso de tortuga 🐢🐢 cuando va a estrenar lo que dejó Camila y ahora se fue de compras y pensó en nosotros tazas tú y yo, camisas y suéter están muy lentos como escribió otra lectora.
QUIEN SERÁ EL OSADO SECUESTRADOR❓❓❓...
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂