🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 11: La primera sonrisa de Mateo
Los días comenzaron a pasar más rápido.
Por primera vez desde el nacimiento de los cuatrillizos, la felicidad parecía abrirse paso entre tantos problemas.
Camila seguía en la mansión.
Seguía observando.
Seguía planeando.
Pero Lucía decidió concentrarse en algo mucho más importante.
Sus hijos.
Cada mañana despertaba pensando en ellos.
Y cada noche se dormía imaginando el momento en que finalmente podría llevarlos a casa.
Aquella mañana recibió una llamada del hospital.
Y apenas escuchó la voz de la enfermera, sintió que el corazón se aceleraba.
—Señora Lucía.
Tenemos buenas noticias.
Lucía se puso de pie inmediatamente.
—¿Qué ocurrió?
—Los bebés continúan mejorando.
Y queremos que venga al hospital.
Hay algo que debería ver.
Lucía intercambió una mirada con Adrián.
—Vamos ahora mismo.
Menos de una hora después llegaron al hospital.
Lucía caminó tan rápido como pudo hasta la unidad neonatal.
Su corazón latía con fuerza.
No sabía qué esperar.
Al entrar, encontró a varias enfermeras sonriendo.
—¿Qué sucede?
Preguntó nerviosa.
Una de ellas señaló una de las incubadoras.
—Mire.
Lucía se acercó.
Y entonces lo vio.
Mateo la estaba observando.
Sus pequeños ojos parecían seguir cada uno de sus movimientos.
Y de pronto...
sonrió.
Fue apenas un instante.
Una pequeña sonrisa.
Pero suficiente para que el corazón de Lucía se derritiera.
Las lágrimas llenaron inmediatamente sus ojos.
—Mi bebé...
Susurró.
—Mi niño hermoso.
Las enfermeras sonrieron.
—Lo hizo varias veces esta mañana.
Parece reconocer su voz.
Lucía comenzó a llorar.
Pero esta vez eran lágrimas de felicidad.
Adrián observaba la escena desde atrás.
Y sin darse cuenta sonrió también.
Ver a Lucía feliz se estaba convirtiendo en algo importante para él.
Más importante de lo que quería admitir.
—¿Viste eso?
Preguntó Lucía emocionada.
—Sí.
Respondió él.
—Creo que tiene tu sonrisa.
Lucía soltó una carcajada.
—No seas ridículo.
—Lo digo en serio.
Y por primera vez en mucho tiempo, ambos rieron sin preocupaciones.
Mientras tanto, Gabriel comenzaba a ganar peso.
Sofía ya respiraba mucho mejor.
Y Valentina seguía demostrando que era una verdadera luchadora.
Los médicos estaban sorprendidos.
Los cuatro bebés evolucionaban más rápido de lo esperado.
—Son muy fuertes.
Comentó uno de los especialistas.
—Y tienen una razón para luchar.
Lucía miró a sus hijos.
—Siempre la tendrán.
Respondió.
Aquella tarde, cuando regresaron a la mansión, encontraron una sorpresa.
Isabella había transformado una habitación vacía.
Lucía abrió la puerta.
Y se quedó sin palabras.
Había cunas.
Peluches.
Móviles musicales.
Paredes decoradas.
Y cuatro pequeñas placas con nombres.
Mateo.
Gabriel.
Sofía.
Valentina.
Lucía llevó una mano a su boca.
—¿Qué es esto?
Isabella sonrió orgullosa.
—La habitación de mis sobrinos.
—¿La hiciste tú?
—Con ayuda de Rosa.
Y un poco de mi padre.
Y bastante dinero de Adrián.
Alejandro soltó una carcajada.
—La mayor parte fue dinero de Adrián.
Todos terminaron riendo.
Pero Lucía comenzó a llorar nuevamente.
Aquella habitación representaba algo que había perdido hacía mucho tiempo.
Esperanza.
Un hogar.
Una familia.
Victoria observó la escena desde la puerta.
Y por primera vez tomó una decisión.
Aquella noche llamó a Lucía a su despacho privado.
La joven llegó nerviosa.
No sabía qué esperar.
Victoria la invitó a sentarse.
Durante varios segundos ninguna habló.
Finalmente la mujer rompió el silencio.
—Te juzgué mal.
Lucía quedó sorprendida.
—¿Qué?
—Pensé que estabas aquí por interés.
Confesó Victoria.
—Pero estaba equivocada.
Los ojos de Lucía se llenaron de lágrimas.
—Victoria...
—No.
Déjame terminar.
La mujer sonrió suavemente.
—Tus hijos son una bendición.
Y tú también.
Aquellas palabras significaron más de lo que Lucía podía expresar.
Porque finalmente sentía que era aceptada.
De verdad.
Pero mientras la felicidad comenzaba a instalarse en la mansión...
Camila observaba todo desde las sombras.
Y cada vez estaba más desesperada.
Porque no importaba lo que hiciera.
La familia se acercaba más a Lucía.
Adrián se acercaba más a Lucía.
Y aquello la estaba volviendo loca.
Entonces recibió un mensaje.
Uno inesperado.
Lo leyó una vez.
Luego dos.
Y finalmente sonrió.
Porque aquella información era mucho más peligrosa que cualquier cosa que hubiera descubierto antes.
Mucho más.
—Ahora sí.
Murmuró.
—Ahora todo cambiará.
Y por primera vez en semanas, Camila sintió que volvía a tener ventaja.