Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 2 — Caminos cruzados
A veces, las personas que llegan a nuestra vida aparecen en el momento menos esperado.
Algunos encuentros parecen simples coincidencias, pero con el paso del tiempo descubrimos que ciertos caminos estaban destinados a cruzarse.
Yuki todavía no lo sabía, pero aquel día sería el inicio de algo que cambiaría su vida para siempre.
Caminaba por las calles observando todo a su alrededor. Era extraño estar en un lugar nuevo, rodeado de personas desconocidas y con la sensación de que cada paso lo llevaba hacia algo que todavía no podía comprender.
Durante mucho tiempo había pensado que comenzar de nuevo sería fácil.
Pero ahora entendía que dejar atrás el pasado no significaba dejar atrás los sentimientos que venían con él.
Aun así, decidió seguir adelante.
Mientras avanzaba, escuchó varias voces cerca de él. Por un momento pensó en continuar su camino, pero algo hizo que se detuviera.
Quizás era simple curiosidad.
O quizás era el destino.
Frente a él había un grupo de personas que parecían tener personalidades completamente diferentes entre sí.
El primero que llamó su atención fue Shuto. Su manera de hablar transmitía seguridad, como alguien que había aprendido a mantenerse firme incluso en los momentos más difíciles.
A su lado estaba Asher, quien parecía tranquilo, aunque su mirada decía que guardaba pensamientos que no compartía con cualquiera.
También estaba Zamir, alguien con una energía diferente, como si intentara hacer que todo pareciera más sencillo aunque detrás de esa actitud hubiera más cosas ocultas.
Más adelante estaban Xoam, Thiago y Amets, cada uno con una presencia única que hacía difícil ignorarlos.
Y finalmente estaba Kento.
Yuki notó algo diferente en él.
No era solo por su edad.
Era por la forma en que observaba todo a su alrededor.
Kento parecía alguien que había vivido suficientes experiencias como para entender cosas que otros todavía no podían ver.
Sus ojos mostraban calma, pero también una historia que no había contado.
—Eres nuevo, ¿verdad? —preguntó Shuto al notar la presencia de Yuki.
Yuki tardó unos segundos en responder.
No estaba acostumbrado a que las personas se acercaran tan fácilmente.
—Sí... acabo de llegar.
—Entonces supongo que todavía estás intentando acostumbrarte a todo esto —dijo Shuto.
Yuki bajó la mirada ligeramente.
Era extraño.
Aquellas personas apenas lo conocían, pero por alguna razón no sentía la misma incomodidad que había sentido con otros.
Quizás porque todos ellos tenían algo en común.
Aunque sonrieran, aunque hablaran con tranquilidad, había
algo en sus miradas.
Algo que le resultaba familiar.
Como si cada uno cargara una historia que nadie más conocía.
Kento observó a Yuki en silencio durante unos segundos.
Había visto muchas personas a lo largo de su vida. Personas que fingían estar bien cuando realmente estaban rotas por dentro.
Y en Yuki reconoció esa misma mirada.
La mirada de alguien que había aprendido a esconder su dolor.
—A veces un nuevo comienzo no significa olvidar lo que pasó —dijo Kento finalmente—. Significa aprender a vivir con ello.
Yuki levantó la mirada sorprendido.
No sabía por qué esas palabras habían llegado justo en ese momento.
Pero sintió que había algo de verdad en ellas.
Ese día no sabía que aquellas personas terminarían formando una parte importante de su historia.
No sabía que viviría momentos que pondrían a prueba su fuerza.
No sabía que conocería secretos, pérdidas y emociones que cambiarían su forma de ver el mundo.
Solo sabía una cosa:
por primera vez en mucho tiempo, sentía que quizás no estaba completamente solo.
Porque a veces los caminos más inesperados son los que nos llevan hacia las personas que necesitamos encontrar.
Y aquel encuentro era apenas el comienzo.