Luego de morir, reencarna en el cuerpo de la villana de un juego. Decidida a no morir, se va de vacaciones con su fortuna. Pero su paz es interrumpida con la llegada de un huevo de dragón.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 5.
La daga permanecía apoyada sobre el cuello del desconocido.
La hoja ni siquiera rasguñaba su piel, y no usaba su magia por el niño.
Él no intentó apartarla.
Tampoco levantó las manos.
Solo mantuvo la mirada fija sobre la pequeña cuna.
Vivienne habló sin alterar la voz.
—Tienes una oportunidad para explicar por qué entraste en mi casa.
—Ya lo hice.
—No. Solo dijiste que vienes por tu hijo.
El hombre guardó silencio.
—Eso no basta.
Antes de que pudiera responder, un pequeño sonido rompió la tensión.
Ren abrió lentamente los ojos.
Parpadeó varias veces, todavía adormilado, hasta encontrar a Vivienne. En cuanto la vio, estiró ambos brazos hacia ella.
Vivienne no apartó la daga.
Con la mano libre tomó al pequeño en brazos.
—Tranquilo.
Ren apoyó la cabeza sobre su pecho.
Entonces el desconocido dio un paso instintivo.
Solo uno.
La punta de la daga volvió a presionar su cuello.
—Te dije que no te acercaras.
Él obedeció de inmediato.
Miró al niño con una mezcla de alivio y preocupación.
—Ren... así se llama.
El bebé levantó la cabeza.
Sus ojos se cruzaron durante apenas unos segundos.
El hombre le sonrió con una calma que contrastaba con todo lo ocurrido.
—Ven conmigo.
Ren no respondió.
Sus pequeñas manos comenzaron a aferrarse con fuerza al vestido de Vivienne.
Un instante después rompió a llorar.
No era un llanto suave.
Se escondió completamente contra ella mientras temblaba y sujetaba la tela con tanta fuerza que parecía negarse a soltarla.
Vivienne comenzó a acariciarle la espalda.
—Ya pasó.
El niño seguía llorando.
—Estoy aquí.
El desconocido cerró los ojos unos segundos.
Cuando volvió a abrirlos había frustración en su rostro.
—Lo imaginaba.
Vivienne lo observó sin bajar el arma.
—Empieza a hablar.
El hombre dejó escapar un largo suspiro.
—Los dragones somos diferentes a los humanos.
Ella permaneció en silencio.
—Cuando un dragón nace, la primera persona que ve al romper el cascarón se convierte en su ancla.
Vivienne frunció ligeramente el ceño.
—¿Ancla?
—Durante sus primeros años, todo su instinto gira alrededor de esa persona. Busca su presencia, su voz y su protección. Separarlo de ella solo provoca miedo.
Ren seguía escondido entre los brazos de Vivienne.
El hombre continuó.
—Hasta que sea capaz de controlar completamente su magia y entender ese vínculo por sí mismo, seguirá aferrándose a ti.
Vivienne bajó la vista hacia el pequeño.
Comprendía perfectamente lo que estaba viendo.
No era un simple capricho.
Ren realmente se sentía seguro únicamente con ella.
Volvió a mirar al intruso.
—Eso no demuestra que seas su padre.
Él no respondió enseguida.
Vivienne sostuvo su mirada.
—Escúchame bien. Encontré ese huevo por casualidad y desde ese día hice todo lo posible por encontrar a su familia. Pregunté a comerciantes, envié cartas, busqué noticias sobre niños desaparecidos y esperé alguna respuesta durante meses.
Acarició distraídamente el cabello plateado de Ren.
—Mi intención siempre fue devolverlo cuando encontrara a sus padres.
Su voz se volvió más firme.
—Así que, si esperas que entregue a este niño solo porque apareciste diciendo que es tu hijo, estás perdiendo el tiempo.
El hombre asintió lentamente.
—Es razonable.
—Quiero pruebas.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Finalmente él habló.
—Toda esta guerra comenzó por él.
Vivienne sintió que sus ojos se estrechaban.
—¿Qué has dicho?
—Lo buscamos por todo el continente.
Su voz seguía siendo tranquila.
—Creí que lo encontraría en la capital humana. Era el lugar más lógico para ocultarlo. Su madre...—él se cortó de una vez
Vivienne no dijo nada. Hasta que volvió a continuar.
—Pero hace unos días sentí su magia.
Se llevó una mano al pecho.
—Muy débil al principio... luego cada vez más cerca.
Vivienne permaneció inmóvil.
La manera en que hablaba resultaba extraña.
Como si pudiera percibir la presencia de Ren desde una distancia imposible.
No parecía una exageración.
Hablaba con absoluta naturalidad.
Entonces él llevó ambas manos hasta la capucha negra que cubría su cabeza.
La dejó caer lentamente sobre el suelo.
Vivienne observó con atención.
Dos cuernos oscuros sobresalían entre su cabello.
Su forma era prácticamente idéntica a los pequeños cuernos de Ren.
Durante unos segundos nadie habló.
Vivienne bajó la vista hacia el niño dormido entre sus brazos.
Luego volvió a mirar al hombre.
Los rasgos.
Los cuernos.
Los ojos.
Ahora encontraba semejanzas que antes habían pasado desapercibidas.
Soltó un pequeño suspiro.
—...Así que de verdad eres su padre.
El hombre inclinó apenas la cabeza.
—Sí.
Vivienne no apartó la daga.
—Eso solo responde una parte de mis preguntas.
Él sonrió por primera vez desde que había entrado en la habitación.
Era una sonrisa serena, casi divertida.
—Eres una mujer interesante.
Ella arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque acabas de apoyar una daga en el cuello del gobernante del Imperio de los Dragones.
Vivienne permaneció completamente seria.
Él soltó una breve risa.
—Y aun así sigues sin temblar.
Ella respondió con absoluta tranquilidad.
—Si hubieras entrado por la puerta y llamado antes, probablemente no tendría una daga en la mano.
El hombre volvió a sonreír.
—Tal vez.
Se llevó una mano al pecho a modo de presentación.
—Mi nombre es Gariel.
Hizo una breve pausa.
—Emperador de los Dragones.
Esperó alguna reacción.
No llegó.
Vivienne simplemente acomodó mejor a Ren, que seguía abrazada a ella.
Gariel terminó negando con la cabeza mientras una expresión de diversión aparecía en su rostro.
—Supongo que no puedes darte el lujo de matarme.
Vivienne sostuvo su mirada.
—¿Tan seguro estás?
—Sí. Ni yo a ti.
Su sonrisa se amplió apenas un poco.
—Porque eres el ancla de mi hijo... y yo jamás le haría daño a la persona que él considera su hogar.
Gracias por compartir tan maravillosa historia💕