Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Despertar 2
Aquella noche fue interminable.
Davina permaneció sentada junto a la ventana, envuelta en una manta mientras observaba la luna iluminar los jardines de la mansión.
No podía dormir.
Cada vez que cerraba los ojos recordaba las imágenes que había visto en aquella oscuridad.
El embarazo oculto.
Las fajas.
El parto.
El bebé.
Y aquel final que se negaba a aceptar.
Apretó los puños.
[No.]
[Eso no va a pasar otra vez.]
Ella no era la antigua Davina.
No era una mujer que aceptara el sufrimiento en silencio.
Era testaruda.
Obstinada.
Luchadora.
Y, según muchos de los que la conocieron en su otra vida...
Un poquito agresiva.
[…Bueno, quizás bastante.]
Apoyó la cabeza contra el respaldo de la silla.
Comenzó a ordenar sus ideas una por una.
[Primero.]
[Sobrevivir.]
[Segundo.]
[Que el bebé sobreviva.]
[Tercero.]
[Resolver el desastre que dejó la otra Davina.]
Suspiró.
Era un buen plan.
El problema era el "cómo".
Permaneció varios minutos en silencio.
Hasta que una idea comenzó a tomar forma.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Luego frunció el ceño.
Y, finalmente, golpeó con fuerza el apoyabrazos de la silla.
—¡Claro que sí!
Se puso de pie de un salto.
—¡¿Por qué demonios estoy pensando solo en mí?!
Comenzó a caminar de un lado a otro.
—¡Los bebés se hacen de a dos!
Se señaló el vientre.
—¡Yo soy la que está embarazada!
Levantó un dedo.
—¡Yo soy la que va a sufrir el parto!
Otro dedo.
—¡Yo soy la que se está comiendo este problema gigantesco!
Apretó ambos puños.
—¿Y el muy desgraciado dónde está?
Resopló con indignación.
—No, señor.
Se cruzó de brazos.
—Aquí nadie desaparece como si nada hubiera pasado.
Comenzó a imaginar distintas posibilidades.
—Primera opción...
Levantó un dedo.
—Va a hacerse responsable como corresponde.
Otro dedo.
—Segunda opción...
—Si no quiere hacerse responsable...
Sonrió con una expresión peligrosamente tranquila.
—Le hago un escándalo tan grande que toda la nobleza se va a enterar.
Asintió satisfecha.
—Sí.
Eso sonaba bastante bien.
Incluso demasiado bien.
[Imagínate la escena...]
Enderezó la espalda y adoptó una expresión teatral.
—"¡Excelencias! ¡Este caballero es el padre de mi hijo!"
Ella misma respondió con otra voz.
—"¡¿Qué?!"
Volvió a cambiar de voz.
—"¡Sí! ¡Y ahora que responda delante de todos!"
Se quedó unos segundos imaginando el caos.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
[Me gusta ese plan.]
Pero enseguida volvió a ponerse seria.
—Aunque...
Se llevó una mano al mentón.
—Tampoco quiero obligar a nadie a criar un hijo que no desea.
Comenzó a enumerar posibilidades.
—Nos casamos.
Hizo una mueca.
—Nace el bebé. Cumple con sus obligaciones. Y después nos divorciamos.
Encogió los hombros.
—Problema resuelto.
Pensó unos segundos más.
—O... Si no quiere casarse... Que me dé dinero. Mucho dinero.
Lo suficiente para empezar una nueva vida.
Me voy a otro reino.
Crío a mi hijo tranquila.
Y que él siga con su existencia.
Frunció el ceño.
—Aunque...
Se quedó completamente inmóvil.
Parpadeó.
—¿Habrá custodia compartida en este mundo?
El silencio respondió.
Miró el techo.
—Sería bastante moderno, la verdad.
Se imaginó a un juez diciendo:
—"El niño pasará tres días con la madre y cuatro con el padre."
Negó lentamente con la cabeza.
—No... Creo que eso todavía no existe.
Suspiró.
—Qué atraso.
Volvió a sentarse.
Su entusiasmo comenzó a desaparecer.
Había un pequeño inconveniente.
Bueno.
No era pequeño.
Era gigantesco.
Se quedó completamente inmóvil.
Su expresión fue cambiando poco a poco.
Primero confusión.
Luego sorpresa.
Después horror.
Y finalmente una rabia indescriptible.
—¡¡¡MALDICIÓN!!!
Se levantó de golpe.
—¡¡¡¿QUIÉN CARAJOS ES EL PADRE?!!
Se llevó ambas manos a la cabeza.
Los recuerdos de Davina estaban allí.
Podía recordar el baile.
Las conversaciones.
La música.
Las copas.
Incluso la sensación de nerviosismo de aquella noche.
Pero...
Cada vez que intentaba recordar el rostro del hombre...
Solo aparecía una niebla espesa.
Como si alguien hubiera arrancado ese recuerdo.
—¡No!
Cerró los ojos.
Intentó concentrarse.
Cabello.
Nada.
Ojos.
Nada.
Nombre.
Nada.
Escudo familiar.
Nada.
Absolutamente nada.
Abrió los ojos de golpe.
—¡¡¡MIERDA!!!
Golpeó la mesa con tanta fuerza que un florero tembló.
—¡¡¡¿CÓMO PUEDES SER TAN TONTA?!!
Comenzó a caminar furiosa por toda la habitación.
—¡¿Ni siquiera preguntaste su nombre?!
Dio otro paso.
—¡¿No sabes dónde vive?!
Otro.
—¡¿No sabes qué título tiene?!
Otro.
—¡¿No recuerdas su cara?!
Se detuvo.
Respiró profundamente.
Luego volvió a gritar.
—¡¡¡¿QUÉ HICISTE ESA NOCHE, DAVINA?!!
Apretó los dientes.
No era capaz de enfadarse con aquella muchacha por haber amado.
Podía comprender el miedo.
La vergüenza.
La presión de la nobleza.
Pero aquello...
Aquello era demasiado.
—¡¿Cómo se te ocurre acostarte con un hombre y no saber ni cómo encontrarlo después?!
Se dejó caer nuevamente sobre la cama.
Exhausta.
Pasó una mano por su rostro.
Respiró una vez.
Dos veces.
Tres.
Poco a poco consiguió calmarse.
Miró el techo.
—Está bien.. Si no recuerdo quién es... Lo averiguaré. Si tengo que revisar la lista completa de invitados de aquella reunión... Lo haré. Si tengo que interrogar a medio reino... Lo haré. Y si ese hombre cree que puede desaparecer como si nada...
Una sonrisa desafiante apareció lentamente en sus labios.
—Se equivocó de mujer.
Porque la antigua Davina habría llorado en silencio.
Pero ella no.
Ella pensaba encontrar al padre de ese bebé.
Y cuando lo hiciera...
Él también tendría que enfrentarse a las consecuencias de aquella noche.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer