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La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

Status: En proceso
Genre:Bestia / Romance / Mundo de fantasía
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Despreciada por su linaje de serpiente y desterrada por las intrigas de una hembra celosa, Serena despierta los recuerdos de su vida pasada como médica e ingeniera agroindustrial. En lugar de dejarse morir en el bosque peligroso, decide que el barro es el mejor aliado y la ingeniería su salvación. Al rescatar al general del Clan Águila, no solo se gana el corazón de un temible y tímido depredador, sino que inicia una revolución agrícola, médica y militar que cambiará el Continente de las Bestias para siempre, desafiando las tradiciones de la poligamia y demostrando que la inteligencia es el arma más letal de todas.

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CAPÍTULO 14

Tener a un semidiós alado de dos metros de altura sentado en el suelo de una cueva de tres por tres metros era el equivalente logístico a intentar meter un piano de cola en un ascensor.

Aquiles estaba allí, con las piernas cruzadas y sus enormes alas castañas y doradas replegadas con una timidez casi cómica para no golpear las repisas de bambú de Serena. Se había quitado la capucha de piel, revelando un rostro de facciones angulosas y nobles, una mandíbula fuerte y un cabello castaño un tanto alborotado que le caía de forma rebelde sobre la frente. Sus ojos dorados, agudos y acostumbrados a escudriñar la tierra desde las nubes, seguían fijados en la pequeña serpiente con una mezcla de cautela y una absoluta fascinación.

—Muy bien, señor "repartidor de primera" —anunció Serena, saliendo de su zona de cocina improvisada con dos cuencos de piedra humeantes—. Las reglas de etiqueta de este establecimiento son muy sencillas: se come todo lo que hay en el plato, no se vuela dentro del comedor y, por favor, nada de picotear la mesa.

Depositó uno de los cuencos de piedra directamente frente a Aquiles. El aroma que ascendió del plato fue una revelación instantánea para los sentidos del guerrero. Era un estofado espeso y dorado de conejo con tubérculos locales, sazonado con jengibre silvestre, hojas de ortiga muerta secas que aportaban un toque herbal delicioso y una reducción de bayas silvestres que le daba un toque agridulce digno de un restaurante de estrella Michelin.

Aquiles miró el cuenco y luego miró la cuchara de madera tallada que Serena le ofrecía.

En sus campañas militares con el Clan Águila, la gastronomía no era precisamente una prioridad del alto mando. Los guerreros comían carne cruda sobre la marcha para no perder tiempo, o, en el mejor de los casos, apenas quemada directamente sobre las fogatas de campamento, carbonizada por fuera y fría por dentro, sazonada únicamente con ceniza y tierra. Ver una preparación tan meticulosa, donde los ingredientes flotaban en un caldo espeso que olía a pura gloria, le pareció casi un ritual sagrado.

—¿Se come... con esto? —preguntó Aquiles con su voz profunda y rítmica, sosteniendo la cuchara de madera entre sus enormes y callosos dedos como si fuera un artefacto de cristal soplado sumamente frágil.

—Sí, con eso —rio Serena, sentándose frente a él con su propio plato—. Se llama cuchara. Te permite llevar el caldo a la boca sin que parezcas un animal sediento en un charco. Pruébalo, no muerde. El único que muerde aquí eres tú si te dejo.

Aquiles imitó el movimiento de Serena con una delicadeza extrema. Tomó una porción del estofado con la cuchara y se la llevó a la boca.

Al instante, sus ojos dorados se abrieron de par en par. La combinación de sabores explotó en su paladar: la carne tierna de conejo se deshacía sin esfuerzo, el dulzor de los ñames asados contrastaba a la perfección con el toque picante y reconfortante del jengibre, y el caldo espeso acarició su garganta como un bálsamo cálido.

Se quedó completamente inmóvil, con la cuchara a medio camino, asimilando la experiencia gastronómica que acababa de reescribir su concepto de la comida.

—Por los cielos ancestrales... —consiguió articular Aquiles, tragando con dificultad—. Esto... esto no es comida. Es algún tipo de magia de tu clan.

—Se llama cocina básica e ingeniería de alimentos, mi querido amigo emplumado —respondió Serena, guiñándole un ojo con suficiencia mientras masticaba un trozo de rábano—. No es magia, es solo saber usar la química orgánica y el control de temperatura a nuestro favor.

Para romper el hielo y evitar que el imponente guerrero muriera de la vergüenza social la expresión de Serena se volvió un poco más seria, y la habitual burla en sus ojos dio paso a una chispa de indignación remota.

—La verdad es que fui desterrada por el Clan del Tigre. Y no porque cometiera un crimen, sino por culpa de las bajas intrigas de una hembra coneja de la tribu —explicó Serena, cruzándose de brazos—. Esa manipuladora se dedicó a esparcir rumores, a sabotear mi posición y a convencer a los líderes del clan de que mi presencia era un peligro o un estorbo inútil. Eran tan ciegos e ignorantes que prefirieron creerle a sus mentiras llorosas Me empaquetaron en un horrible vestido de piel áspera y me mandaron aquí a morir en el Bosque de la Niebla de Sangre. Pero claro, no contaban con que tengo un cerebro entrenado para la supervivencia agroindustrial.

Mientras Serena hablaba, la atmósfera dentro de la cueva cambió drásticamente. El aire pareció volverse más pesado y frío.

Aquiles se tensó por completo. Sus ojos dorados se encendieron con una furia salvaje y peligrosa, brillando como oro fundido en la penumbra. Sus orejas emplumadas se pegaron agresivamente hacia atrás y sus colosales alas se abrieron de golpe a sus costados, rozando las paredes de piedra y tirando un manojo de hierbas secas de una repisa. La mandíbula del general se apretó con tanta fuerza que un músculo comenzó a saltar en su mejilla.

—¿Te desterraron por los caprichos de una cobarde criatura? —rugió Aquiles, con una voz tan profunda y cargada de intenciones asesinas que habría hecho temblar a un batallón entero—. ¡Qué desgraciados! El Clan del Tigre no tiene honor. Abandonar a una hembra a su suerte en este bosque por mentiras de una coneja... Si mi ejército estuviera aquí, arrasaría sus tierras por haber osado tocarte. No merecen la luz del sol.

Serena se quedó sorprendida por la violencia de su reacción. Ver a ese titán de dos metros genuinamente furioso y dispuesto a iniciar una guerra solo porque a ella la habían tratado mal, le causó una extraña y agradable calidez en el pecho.

Aquiles pareció notar que estaba asustando a las repisas de la cueva. Hizo un esfuerzo visible por controlar su respiración, replegó sus enormes alas doradas y la furia de sus ojos se transformó rápidamente en algo mucho más profundo, suave y concentrado.

Lentamente, estiró su enorme mano sobre la mesa de piedra, deteniéndose a escasos centímetros de la de Serena. Sus orejitas de plumas se agitaron con timidez, pero sus ojos dorados mantuvieron una fijeza inquebrantable, cargada de una devoción silenciosa.

—B-Bueno... —balbuceó Serena, sintiendo que sus escamas perladas en las sienes le quemaban de la vergüenza—. Tampoco hace falta que arrases ningún clan... Además, mis rábanos necesitan que el bosque esté tranquilo.

Aquiles, al verla sonrojarse por primera vez, sintió que el corazón le daba un vuelco de pura felicidad. Sus orejas de pluma volvieron a teñirse de rosa brillante, encantado con el efecto que sus palabras habían tenido en la indomable serpiente.

Con orgullo, Serena empezó a explicarle el funcionamiento de sus inventos de la cueva de la manera más simplificada posible, aunque sin poder evitar usar términos que a Aquiles le sonaban a un idioma de otra dimensión.

—¿Ves ese cilindro de bambú de la entrada? No es un adorno. Es un filtro de purificación por gravedad en tres etapas —dijo, señalando el aparato—. Las piedras grandes retienen los sedimentos macroscópicos, la arena fina filtra los microorganismos y las partículas suspendidas, y el carbón activado neutraliza las toxinas y el mal olor mediante adsorción química. El agua entra turbia y sale con un pH neutro perfecta para el consumo humano. Y ese horno de cúpula de barro utiliza el principio de convección térmica forzada para mantener el calor constante con el mínimo uso de biomasa, o sea, de tu leña perfecta.

Aquiles la escuchaba sin pestañear. No entendía absolutamente nada de lo que significaba "adsorción química", "convección térmica" o "microorganismos", pero la forma en que los ojos verdes de Serena brillaban de emoción al explicar sus esquemas, y la pasión con la que movía sus manos, lo llenaba de un respeto y una admiración que jamás había sentido por nadie. Las hembras de su clan solían hablar de tejidos, de chismes locales o de la fuerza de sus machos; Serena hablaba de dominar los elementos invisibles del mundo con una inteligencia deslumbrante.

—Eres... un ser sumamente extraño —dijo Aquiles, mirándola con una intensidad que hizo que, por primera vez, Serena sintiera un leve y agradable cosquilleo en las mejillas—. Pero eres maravillosa. Nunca había conocido a nadie capaz de hacer que la tierra y el agua obedezcan de esa manera.

—Bueno, la ciencia es el único superpoder real —dijo Serena, aclarando su garganta para disimular el repentino calor en su rostro—. Pero basta de hablar de mí y de mis filtros de agua. Te toca a ti, duendecillo de la leña. ¿Quién eres, de dónde vienes y por qué un pájaro de tu tamaño terminó estrellándose en mi jardín de rábanos con un veneno de viuda en el pecho?

Aquiles bajó la mirada por un segundo, y sus orejas emplumadas se movieron con timidez antes de volver a erguirse con orgullo militar.

—Mi nombre es Aquiles —dijo, pronunciando su nombre con una solemnidad que hizo que Serena dejara la cuchara en el plato—. Soy el General de Guerra del Clan Águila. Mis guerreros custodian las fronteras de las nubes del norte.

—¿Un general? —Serena levantó ambas cejas, verdaderamente sorprendida—. Vaya, con razón traías ese aire de superioridad y esas alas que casi me tiran las repisas. Así que salvé a un alto mando del ejército. Debería enviarle la factura al rey de tu clan.

Aquiles soltó una risa suave, un sonido grave y melodioso que resonó en el pecho de Serena.

—Fui emboscado por los guerreros pantera en el límite del bosque —explicó él, acariciando inconscientemente la zona de su herida sobre el top de lino—. Usaron armas untadas con el veneno de la Viuda del Bosque, una sustancia maldita que pudre la carne y paraliza el aliento. Mi ala fue dañada y caí. Pensé que los cielos me reclamaban... hasta que desperté en tu cueva y vi a una serpiente de ojos verdes que me golpeaba el pico por intentar defenderme.

Serena soltó una carcajada limpia.

—Te lo tenías merecido por intentar asustarme con esas alas gigantes. En mi cueva, el tamaño de las alas no te da inmunidad diplomática —dijo con humor—. Pero me alegra que estés bien, Aquiles. Tienes un buen nombre. Y un excelente gusto para la comida, debo añadir.

Aquiles la miró fijamente. Bajo la luz danzante de la fogata, la cercanía de la pequeña serpiente, la suavidad de su risa y la forma en que sus escamas perladas enmarcaban su hermoso rostro creaban una atmósfera de intimidad que aceleraba el pulso del guerrero más que cualquier batalla aérea.

Lentamente, Aquiles estiró su enorme mano sobre la mesa de piedra, deteniéndose a escasos centímetros de la de Serena. Sus orejitas de plumas se agitaron con timidez, pero sus ojos dorados mantuvieron una fijeza inquebrantable, cargada de una devoción silenciosa y profunda.

—En mi clan, cuando un guerrero debe su vida a alguien, pertenece a esa persona hasta que la deuda sea saldada —dijo Aquiles con voz suave y ronca—. Pero yo... yo no quiero saldarla para marcharme. Quiero asegurarme de que nunca te falte nada en este bosque, Serena.

Serena miró la gran mano del general y luego levantó la vista hacia su rostro sonrojado. Su habitual mente cínica y científica intentó buscar una explicación lógica o una respuesta sarcástica para romper la tensión, pero al ver la honestidad brutal y el cariño que brillaba en los ojos dorados de Aquiles, simplemente sonrió con dulzura.

Deslizó su mano delgada sobre la de él, entrelazando sus dedos con suavidad.

—Bueno, General Aquiles —dijo Serena, con una sonrisa traviesa pero sumamente tierna—. Para empezar, vas a tener que seguir trayendo conejos gordos y cortando madera por las noches. Y por favor, trabaja en esos saltitos tuyos, que el huerto de rábanos es sagrado.

Aquiles apretó su mano con delicadeza, soltando una risa feliz mientras sus orejas emplumadas se teñían de un rosa brillante una vez más. La cena de los "extraños" en la cueva del bosque prohibido continuó bajo la luz de la luna, sellando una alianza que desafiaba a la naturaleza y que prometía cambiar el destino de ambos para siempre.

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Lena
Nooo!!!!!! Boreas que hiciste!!!!!
Lena
.
Flor R
ya está encontrando su punto el Aquiles para que su serpiente 🐍 no amuele seguido y pueda hacerle travesuras a ellas sin que el parezca un tomate 🍅 rojo
Flor R
pobre pajarito es una ternura se imagina cuando la dama le robe u. beso ese día se desmaya ese pajarito 🙈🙈🙈🙈🙈
yoselin
Más capítulo esta bueno este pajarito es chistoso 🤣🤣🤣🤣
Lena
Quien diría que el "pollo gigante" es un principe 🤭🤭
Lena
Su hembra dice 🤭🤭🤭🤭
Lena
No sé ustedes pero para mí eso fue una declaración 🤭🤭🤭😂🤭🤭
Lena
me gusta esta futura parejita😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
Que tierno es Aquiles 😂😂🤭🤭🤭 para ser un grandulon 😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
está muy interesante está novela
Flor R
creo que soy la única que se rió sola en su casa con estos capítulos pobre mi pajarraco no aguanta los piropos suaves 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Flor R: se chivea muy rápido 🙈🙈🙈🙈
total 3 replies
Alexandra Luna
me gusta la novelas sigue actualizando 😍😍🙏
yoselin
Más capítulo por favor /Determined//Determined//Determined/
Alianay Guirola
Por fa 👏 sigue actualizando estoy segura q cuando más personas te lean más popular será ♥
Anabelle
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