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La Asistente Del Diablo.

La Asistente Del Diablo.

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Ybet Renú

Él es el hijo del hombre que destruyó a mi familia.
Yo soy la mentira que duerme en su cama.

Entré a BlackStone Corp para vengarme.
No para enamorarme de *Adrian BlackStone*.

Pero él me dio su chaqueta cuando tuve frío.
Me salvó la vida hace 15 años y no se acuerda.
Y ahora me mira como si fuera *Luna* la única mujer del mundo.

El problema:
Si descubre quién soy, me va a odiar para siempre.
Y si no lo hago... traiciono a mi padre.

NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La duda.

Cena con los inversionistas... Y aquí la duda empieza a carcomer.

Luna Giraldi.

El piso 40 de BlackStone Corp olía a dinero.

Cristal, cuero italiano y vino de $800 la botella.

En la mesa larga de mármol negro estaban sentados 12 hombres. Todos con trajes de más de 5 mil dólares y sonrisas que no llegaban a los ojos.

Era la cena anual con los inversionistas.

Y yo no debería estar aquí.

"Siéntate a mi derecha, Luna"

La voz de Adrian cortó el murmullo de la sala.

Todos voltearon.

Yo. La asistente. En la cabecera. Al lado del CEO.

"Señor BlackStone, ¿ella es...?" preguntó uno de los viejos, con una copa de vino en la mano.

"Mi asistente personal" dijo Adrian, sin mirarme. "Y la mejor que he tenido. Se queda."

Me senté. Las piernas me temblaban bajo la falda negra.

Víctor Blackstone estaba al otro extremo de la mesa.

Mi enemigo.

El hombre que firmó la sentencia de mi padre hace años.

Me miró una vez. Rápido. Como si buscara algo familiar en mi cara.

Luego siguió hablando de fusiones como si nada.

Durante dos horas serví vino, tomé notas, y sonreí cuando debía.

La Luna profesional.

La Luna que no existía.

Hasta que pasó.

Adrian chocó su copa con la mía por accidente al brindar.

Vino tinto se derramó. Sobre su camisa blanca. Sobre mi mano.

"¡Mierda! Perdón" susurré, sacando un pañuelo del bolso.

Sin pensar le limpié la mano. Dedo por dedo. Como hacía hace 15 años.

El salón se quedó en silencio.

Adrian se quedó quieto. Mirándome.

Sus ojos color miel se oscurecieron. Como si reconociera el gesto.

"¿De dónde sacaste esa costumbre?" preguntó bajito. Solo para mí.

"De... mi madre" mentí rápido. El corazón a mil.

Él asintió lento. Pero no me creyó. Lo vi en su cara.

Victor carraspeó desde el otro lado.

"Adrian, los señores de Tokio quieren hablar del contrato"

"Ya voy, padre" respondió sin apartar los ojos de mí.

Cuando se levantó, se inclinó y me susurró al oído.

Su aliento me erizó la nuca.

"Hueles igual a..."

Y se fue.

Me quedé congelada.

¿Igual a qué? ¿A la niña del río?

Durante el resto de la cena no pude comer.

Cada vez que Adrian hablaba con los inversionistas, sentía sus ojos sobre mí.

Analizándome. Buscando.

Al final de la noche, cuando todos se fueron, me alcanzó en el ascensor.

Solo estábamos nosotros dos.

"Ven" dijo, y presionó el botón del último piso. El ático.

"Señor Blackstone, ya es tarde..."

"Luna" me cortó. "Dime la verdad. ¿Nos conocemos de antes?"

Las puertas se cerraron.

Y por primera vez en15 años, no supe qué mentir.

 

La duda ya está sembrada.

Adrian sintió algo. Victor sospechó algo.

Y tú, Luna, estás a un paso de que todo se caiga. Día uno y todo lo que fui armando esta apunto de caerse.

Las puertas del ascensor se cerraron.

Solo nosotros dos. Piso 40 subiendo al ático.

El silencio pesaba más que el traje mojado que traía Adrian.

"¿Puedo preguntarte algo?" su voz sonó diferente. Más grave.

"Lo que usted diga, señor Blackstone" respondí, mirando al piso.

Adrian se apoyó en la pared del ascensor. Se aflojó la corbata.

Por un segundo no fue el CEO de BlackStone Corp.

Fue el chico de 14 años que me sacó del río.

"Hace muchos años..." empezó. "Cuando tenía 14, conocí a alguien."

Se me heló la sangre.

"Era una niña" continuó, sin mirarme. "Estaba metida en problemas. Casi se ahoga."

Tragué saliva. No podía respirar.

"La salvé. Le di mi chaqueta. Y ella... me dio esto"

Sacó del bolsillo del pantalón algo pequeño.

No lo vi. Pero supe qué era...

Mi reloj. El que creí perdido.

"Desde ese día no he podido olvidarla" dijo. Por fin me miró.

Sus ojos color miel me atravesaron. "Tenía tu misma mirada, Luna. Tu misma forma de limpiar las manos cuando estás nerviosa."

Mi mundo se cayó a pedazos.

"Señor BlackStone yo..."

"No digas nada" me cortó. Y su cara se endureció. Volvió a ser de piedra.

"Probablemente no eres tú. Probablemente solo me estoy volviendo loco."

El ascensor pitó. Piso 45. El ático.

Las puertas se abrieron a un departamento vacío, oscuro, con vista a toda la ciudad.

Adrian salió sin mirar atrás.

"Buenas noches, Luna. Vete a casa."

Y la puerta se cerró.

Me quedé sola en el ascensor, con el corazón golpeándome las costillas.

Él sospecha.

Él recuerda.

Y yo no sé cuánto tiempo más puedo mentir.

Adrian no dijo tu nombre. Pero lo dijo todo.

Ahora la duda es un monstruo entre nosotros dos.

...Luna vuelve a su casa y encuentra que alguien revisó sus cosas...

Acaso ... ¿Fue Victor?

No, por Dios que puedo hacer, lo qué he planeado no se puede venir abajo en el primer día, ni en el resto de los demás días, semanas, y meses.

¡Por un carajo! Soy una idiota, no puedo dejar que me haga flaquear su mirada cuando se dirige hacia mí. Tengo que ser más profesional y no dejar dudas sobre mi vida. Vamos yo si puedo, creo.

Voy ordenando mi departamento pequeño y trato de dormir y olvidar sus ojos sobre los míos, su tacto y sus labios cuando dice mi nombre, un nombre que no es mío... Y yo solo, yo solo trato de no ... No, no puedo ni debo, solo seré la asistente del diablo y nada más...

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