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Embarazada del papá de mi mejor amiga

Embarazada del papá de mi mejor amiga

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Centrado emocionalmente / Diferencia de edad / La mimada del jefe / Romance oscuro / Completas
Popularitas:12.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

En la noche de su cumpleaños número veintitrés, Camila Alcázar descubre que Diego, el hombre al que amó durante tres años, la engaña con la mujer que juró no significar nada para él.
Humillada, furiosa y decidida a elegir por sí misma al menos una vez, Camila le entrega la llave de una suite al desconocido más imponente del antro.
—Dime que estás segura —le exige él.
—Lo estoy. Esta noche te elijo a ti.
Lo que debía ser una sola noche termina convirtiéndose en el encuentro más intenso de su vida.
Pero al despertar, Camila descubre que aquel desconocido es Maximiliano Montalvo: un poderoso empresario de treinta y cinco años, doce mayor que ella… y el padre adoptivo de Ximena, su mejor amiga.
Camila intenta huir y enterrar lo ocurrido. Maximiliano, en cambio, no piensa dejarla escapar.
—Me voy a casar contigo.
—¿Por una noche?
—No. Porque llevo cuatro años sin poder olvidarte.
Cuando dos latidos inesperados aparecen en una pantalla, el matrimonio secreto que debía protegerla empieza a convertirse en algo mucho más peligroso: una relación llena de deseo, celos y sentimientos que ninguno de los dos puede seguir fingiendo.
Ahora Camila tendrá que enfrentarse a un ex dispuesto a destruirla, una familia que quiere vender su futuro y una rival capaz de atentar contra sus hijos.
Pero Maximiliano ya tomó una decisión.
Camila será su esposa, la madre de sus hijos y la única mujer autorizada a incendiar su cama.
Y piensa consentirla hasta que ella deje de tener miedo de pertenecerle.

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Capítulo 18

Capítulo 18

La junta de los lunes en Ensueño era, según Bárbara Sandoval, "un espacio de rendición de cuentas". En español normal: el lugar donde ella se sentaba en la cabecera de la mesa a repartir humillaciones como quien reparte café.

Ese lunes le tocaba a Ximena.

—El proyecto de la campaña de Yamileth —empezó Bárbara, hojeando unos papeles con la punta de los dedos, como si tocarlos le diera asco— está francamente flojo. —Levantó la vista y clavó los ojos en mi amiga—. Ximena, entiendo que llevar el apellido Montalvo abre puertas. Lo que no abre es la creatividad. Esto lo pudo hacer un practicante de primer semestre.

En la mesa nadie respiró. César, a mi lado, se puso a estudiar su libreta con una devoción repentina.

Ximena no se dobló ni un milímetro.

—Con todo respeto, Bárbara, el brief que me diste el jueves cambió tres veces. La última versión llegó el viernes a las ocho de la noche. —Habló claro, sin subir la voz—. Si quieres, revisamos juntas los correos. Tengo las horas. Tengo las versiones. Y aun así entregué a tiempo.

—Excusas.

—Datos. —Ximena deslizó una hoja por la mesa—. Aquí están las tres versiones del brief con hora y fecha. Yo trabajo con lo que me dan. Y con lo que me dieron, esto es lo que hay.

A Bárbara se le tensó la mandíbula. No estaba acostumbrada a que le devolvieran la pelota con papeles en la mano. Cambió de blanco. Y ahí supe, con el estómago apretado, que el siguiente iba a ser yo.

—Ya que hablamos de puertas que se abren solas —dijo, y giró la cabeza hacia mí con una lentitud de reptil—, hablemos de la señorita Alcázar. Una practicante. Sin experiencia. Sin trayectoria. Que de un día para otro amaneció en el piso ejecutivo, al lado del dueño. —Sonrió apenas—. Uno se pregunta qué méritos tan… particulares hacen que una becaria suba tan rápido. Y tan cerca.

El silencio se puso denso. Alguien tosió. Yo sentí la sangre subirme a la cara, pero no de vergüenza. De rabia. Reconocí el veneno debajo de la frase, la insinuación sucia, el "todos sabemos cómo escalan ciertas mujeres" dicho sin decirlo para no ensuciarse ella la boca.

Apreté el bolígrafo hasta que me dolieron los dedos. "No llores. No tiembles. Aquí no."

—Tiene razón, directora —dije, y me sorprendió lo firme que me salió la voz—. Llegué de un día para otro. Y como sé que no vengo de donde vienen todos aquí, me he tomado la molestia de no llegar con las manos vacías. —Abrí mi carpeta. Saqué un fajo de hojas—. Aquí está el análisis de audiencia de la campaña de Yamileth que me pidieron "de apoyo". Segmentado por edad, por región y por plataforma. Con las tres propuestas de ajuste que ya subieron el engagement en la prueba del fin de semana un dieciocho por ciento. —Deslicé las hojas por la mesa, una a una, hasta ella—. Si mi mérito le parece particular, con gusto se lo explico renglón por renglón.

Nadie dijo nada. César, junto a mí, se llevó el puño a la boca para taparse algo que no era tos.

Bárbara tomó las hojas. Las ojeó. No encontró por dónde. Y eso la puso peor, porque a la gente como ella lo que más le arde no es que la desafíen: es que la desafíen con trabajo bien hecho, ahí, sobre la mesa, imposible de tachar.

—Ya veremos si esos números se sostienen —dijo al fin, apretando los papeles.

—Se sostienen —contesté—. Los revisé tres veces.

—Y yo los volví a correr esta mañana, directora, por si acaso. —César habló por primera vez, todo untuoso, deslizando una tableta hacia el centro de la mesa con una sonrisita de gato—. Aquí está el reporte de la plataforma, en vivo. El dieciocho por ciento se quedó corto. Va en veintiuno. —Se encogió de hombros, la viva imagen de la inocencia—. Digo, para que conste en la minuta. Me gusta que las minutas queden exactas.

Bárbara le clavó una mirada que habría derretido acero. César le sonrió de vuelta, encantado. Yo sabía que a él le importaban un comino mis números; lo que le fascinaba era el chisme, el drama, ver a la directora quedarse sin piso. Pero en ese momento me cayó como agua de mayo.

—La junta se acabó —soltó Bárbara, poniéndose de pie de golpe, recogiendo sus cosas con las manos rígidas—. Espero mejores resultados de todos. En especial de quienes creen que un pariente rico o un jefe generoso les resuelve la carrera.

Salió taconeando. La puerta no llegó a azotarse, pero le faltó poco.

Ximena me alcanzó en el pasillo cuando terminó la junta. Venía con los ojos echando chispas y la energía de un huracán chiquito.

—¿Escuchaste a esa vieja? ¿La escuchaste? —Me tomó del brazo y me arrastró hacia el ventanal, lejos de oídos—. "Méritos particulares." ¡Le voy a dar sus méritos particulares! Cami, te juro que si no estamos en horario de oficina le rayo el coche.

—Xime, ya. Ya pasó.

—No, no pasó. —Se plantó frente a mí, seria de repente, esa seriedad rara en ella que aparece nada más cuando algo le importa de verdad—. Óyeme bien. Nadie, y cuando digo nadie es nadie, te vuelve a hablar así enfrente de mí. Ni Bárbara. Ni la reina de Inglaterra. En Ensueño mando yo también, aunque a esa se le olvide. Y tú eres mi amiga.

—Además —añadió, bajando la voz con un brillo travieso—, ¿viste la cara de Bárbara cuando le pusiste las hojas en la mesa? Se le cayó el teatro. "Se lo explico renglón por renglón." —Me imitó, muerta de risa—. ¡Ay, Cami, casi le da un soponcio! Te juro que si te hubiera podido despedir con la mirada, ahorita estaríamos recogiendo tus cosas.

—No exageres.

—No exagero nada. Esa mujer te tiene miedo. —Ximena se puso seria otra vez, esa seriedad rara suya—. Y ¿sabes qué? Hace bien. Porque cada vez que te subestima, tú le contestas con trabajo, y eso a la gente mediocre le da pavor. Yo estoy orgullosísima de ti, Camila Alcázar. Que quede en la minuta, como dice César.

Se me hizo un nudo en la garganta. Y detrás del nudo, como siempre, esa culpa fría que no me suelta.

Porque ella me estaba defendiendo con uñas y dientes de una mujer que insinuaba que yo me acostaba con el dueño para subir. Y la cosa era que yo sí me había acostado con el dueño. Una vez. Antes de todo. Y el dueño era su papá. Y ella no lo sabía. Y me abrazaba.

—Gracias —dije, y me salió ronco.

—No me agradezcas. —Me apretó el brazo, ya sonriendo otra vez, ligera como si nada—. Para eso están las amigas, ¿no? Para partirse la cara juntas.

"Para partirse la cara juntas." Sentí que me clavaban algo en el pecho.

—Xime, si algún día… —empecé, y no supe cómo seguir—. Si algún día pasara algo que… que te lastimara. Que tuviera que ver conmigo. Tú…

—¿De qué hablas? —Frunció el ceño, divertida—. Tú no me lastimarías ni queriendo, Cami. Eres incapaz. —Me tomó de la mano y me jaló hacia los elevadores—. Ándale, te invito un café. Uno bien caro, para vengarnos del capitalismo.

Me dejé llevar. Caminé a su lado por el pasillo con su mano en la mía, riéndome de su chiste, muriéndome por dentro.

Ya en el elevador, mientras bajaban los números, Ximena se recargó en el espejo y me miró con una sonrisita traviesa, de las que anuncian travesura.

—Oye, cambiando de tema. —Se acomodó el pelo—. ¿Por qué mi papá me preguntó ayer, así, súper casual, que qué flores te gustan?

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Kayra Villavicencio
aja, ujum. Por qué? dice que el tiene 42 si desde el principio dijeron que le llevaba 12 años. Las matemáticas no fallan.
Rosa Rodelo
Foto
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰
Kayra Villavicencio
🐺 quiere a la Caperucita
Kayra Villavicencio
🫣🤭🤣😂🤣😂
Kayra Villavicencio
jajaja jajajaja jajajaja, 🫣 se metió a la boca del 🐺 y solita
Phaola Paez
lchevere
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