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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:323
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La verdad frente a nosotros

El automóvil se detuvo a pocos metros de ellas.

Victoria sintió que las piernas le temblaban.

Lucía todavía sostenía su mano.

—Tenemos que irnos —susurró.

Victoria no respondió.

La puerta del automóvil se abrió.

Daniel bajó.

No gritó.

No corrió hacia ellas.

Simplemente cerró la puerta y comenzó a caminar lentamente.

Aquello fue peor.

Victoria conocía a Daniel.

Sabía que cuando levantaba la voz estaba enojado.

Pero cuando hablaba demasiado bajo significaba que estaba herido.

Muy herido.

—Victoria.

Ella tragó saliva.

—Daniel...

Él miró a Lucía.

Después miró la mano de ambas.

Lucía la soltó inmediatamente.

Daniel sonrió con tristeza.

—Así que esto era.

—No es lo que piensas —dijo Victoria.

—Entonces explícame.

—Puedo explicarlo.

—Hazlo.

Victoria abrió la boca.

No encontró palabras.

Daniel miró a Lucía.

—¿Desde cuándo?

Lucía dio un paso al frente.

—No ha pasado nada.

Daniel soltó una risa amarga.

—¿Nada?

—Daniel —intervino Victoria—, por favor.

—No, Victoria. Quiero saber.

Lucía mantuvo la calma.

—Nos reencontramos ayer.

Daniel la miró fijamente.

—Y en menos de dos días ya estás llevándote a mi esposa a un lugar apartado.

—Ella vino porque quiso.

—¿Y eso te parece normal?

—No estoy diciendo que sea normal.

—Entonces ¿qué estás diciendo?

Lucía guardó silencio.

Daniel volvió a mirar a Victoria.

—¿La quieres?

Victoria sintió que aquella pregunta regresaba nuevamente.

Pero esta vez no estaba dispuesta a mentir.

—No lo sé.

Daniel cerró los ojos.

—Eso es lo peor que podías decir.

—Porque es la verdad.

—¿La verdad?

Daniel señaló a Lucía.

—La conoces desde hace dos días.

—Pero no siento que la conozca desde hace dos días.

Daniel se quedó inmóvil.

Lucía miró a Victoria.

—No tienes que explicarme nada.

Victoria negó con la cabeza.

—Sí tengo.

Daniel soltó una carcajada sin humor.

—Claro.

—Daniel...

—¿Sabes qué? Ya entendí.

Se dio la vuelta.

Victoria sintió un impulso de seguirlo.

—Espera.

Daniel se detuvo.

—¿Qué?

—No quiero que te vayas así.

Él se giró.

—¿Y cómo quieres que me vaya?

Victoria no respondió.

Daniel la miró durante unos segundos.

—Mañana iremos con un abogado.

Victoria sintió que el corazón se le detenía.

—¿Qué?

—Quiero empezar los trámites del divorcio.

Lucía bajó la mirada.

Victoria sintió que todo daba vueltas.

—Daniel, espera.

—No.

—Podemos hablar.

—Llevamos meses hablando.

—No quiero que termine así.

Daniel se acercó.

—Entonces debiste pensar en eso antes de venir aquí.

—No sabía qué estaba haciendo.

—Pero sabías que estabas casada.

Victoria sintió las lágrimas.

—Sí.

Daniel asintió.

—Eso era lo único que necesitabas recordar.

Subió al automóvil.

Antes de cerrar la puerta, miró a Lucía.

—Espero que sepas lo que estás haciendo.

Lucía no respondió.

Daniel arrancó.

Victoria observó las luces traseras desaparecer.

Y cuando finalmente dejaron de verse, se cubrió el rostro con las manos.

—Lo arruiné todo.

Lucía se acercó.

—No.

—Sí.

—Victoria.

—Mi matrimonio.

—Ya estaba roto.

—Pero yo lo terminé.

Lucía la miró.

—No.

Victoria levantó la cabeza.

—¿Entonces quién?

—Tú solamente dejaste de fingir.

Victoria comenzó a llorar.

Lucía la abrazó.

Esta vez Victoria no se apartó.

---

A la mañana siguiente, Victoria despertó en el sofá.

No recordaba en qué momento se había quedado dormida.

Había pasado la noche en casa de Lucía.

No había ocurrido nada.

Lucía le había preparado té.

Habían hablado hasta casi las tres de la mañana.

Después Victoria se quedó dormida.

Ahora, al despertar, encontró una manta sobre su cuerpo.

—Buenos días —dijo Lucía desde la cocina.

Victoria se incorporó.

—¿Qué hora es?

—Las ocho.

Victoria buscó su teléfono.

Tenía diecisiete llamadas perdidas.

Todas de Daniel.

Y cuatro mensajes.

“Necesitamos hablar.”

“Contéstame.”

“Victoria, por favor.”

“El abogado puede recibirnos a las once.”

Victoria sintió un vacío en el pecho.

Lucía se acercó.

—¿Quieres que me vaya?

—No.

—¿Quieres que te lleve?

Victoria negó con la cabeza.

—No sé qué quiero.

Lucía se sentó a su lado.

—Eso está bien.

—No, no está bien.

—Sí lo está.

—Tengo que decidir.

—No hoy.

Victoria la miró.

—Daniel quiere divorciarse.

—¿Y tú?

Victoria respiró profundamente.

—No sé si quiero seguir casada.

Lucía asintió.

—Entonces eso ya es una respuesta.

Victoria bajó la mirada hacia sus manos.

—Tengo miedo.

—¿De él?

—De todo.

—¿De mí?

Victoria levantó los ojos.

No respondió.

Lucía comprendió.

—Victoria, no quiero ser la razón por la que destruyas tu vida.

—No eres la razón.

—Entonces ¿qué soy?

Victoria tardó unos segundos.

—La persona que me hizo darme cuenta de que llevaba mucho tiempo viviendo una vida que no quería.

Lucía sintió un nudo en la garganta.

—Eso es demasiado para alguien que conociste nuevamente hace dos días.

—Lo sé.

—Y por eso debemos tener cuidado.

Victoria asintió.

Entonces su teléfono volvió a sonar.

Daniel.

Esta vez contestó.

—¿Sí?

—¿Dónde estás?

—En casa de una amiga.

—¿De Lucía?

Victoria guardó silencio.

—Victoria.

—Sí.

Daniel respiró profundamente.

—Quiero que vengas sola.

—¿Para qué?

—Para hablar.

—¿Sobre el divorcio?

—Sobre nosotros.

Victoria cerró los ojos.

—Está bien.

—A las diez.

—Sí.

Daniel colgó.

Lucía la observó.

—¿Vas a ir?

—Sí.

—Ten cuidado.

Victoria se levantó.

—Tengo que enfrentar esto.

Lucía también se puso de pie.

—¿Quieres que vaya contigo?

Victoria negó con la cabeza.

—No.

—Está bien.

Victoria caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

Miró a Lucía.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por no pedirme que te elija.

Lucía sonrió.

—Porque si algún día me eliges, quiero que sea porque tú quieres.

Victoria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Salió.

---

Daniel estaba sentado en la sala cuando Victoria llegó.

Sobre la mesa había una carpeta.

Victoria la miró.

—¿Es el divorcio?

—Sí.

Se sentó frente a él.

—¿Ya hablaste con un abogado?

—Sí.

—Eso fue rápido.

—No dormí.

Victoria bajó la mirada.

Daniel abrió la carpeta.

—No quiero hacer esto.

—Entonces ¿por qué lo haces?

—Porque ya no sé cómo competir con algo que ni siquiera entiendo.

Victoria sintió un golpe de culpa.

—No tienes que competir.

—Entonces quédate.

Victoria guardó silencio.

Daniel la miró.

—¿Lo ves?

—¿Qué?

—Ni siquiera puedes decirme que quieres quedarte.

Victoria comenzó a llorar.

—No quiero seguir mintiéndote.

—Entonces dime la verdad.

—La verdad es que ya no soy feliz.

Daniel cerró los ojos.

—¿Y ella te hace feliz?

Victoria no respondió inmediatamente.

—Cuando estoy con ella... siento algo que había olvidado.

—¿Amor?

Victoria tragó saliva.

—No lo sé.

—Pero quieres descubrirlo.

Victoria levantó la mirada.

—Sí.

Daniel asintió lentamente.

—Entonces no hay nada que salvar.

—Daniel...

—No.

Él se puso de pie.

—¿Sabes qué es lo que más me duele?

Victoria negó con la cabeza.

—Que cuando yo intentaba salvar nuestro matrimonio, tú ya estabas mirando hacia otro lado.

—No fue así.

—Quizá no.

Daniel caminó hacia la ventana.

—Tal vez fui un mal esposo.

Victoria no respondió.

—Tal vez dejé de escucharte.

—Sí.

—Tal vez te di por segura.

—Sí.

Daniel respiró profundamente.

—Pero yo todavía te amo.

Victoria sintió que las lágrimas le caían por las mejillas.

—Lo sé.

—Entonces quédate.

Victoria cerró los ojos.

Y durante unos segundos quiso hacerlo.

Quiso volver atrás.

Quiso olvidar a Lucía.

Quiso regresar a la vida que conocía.

Pero entonces recordó la noche anterior.

La forma en que Lucía la había mirado.

La libertad que había sentido.

Y comprendió que ya no podía regresar.

—No puedo.

Daniel asintió.

—Entonces firma.

Victoria miró la carpeta.

—¿Ahora?

—Ahora.

—¿Estás seguro?

—No.

Victoria levantó la mirada.

Daniel sonrió tristemente.

—Pero tampoco quiero obligarte a quedarte conmigo.

Empujó la carpeta hacia ella.

Victoria tomó el bolígrafo.

Sus manos temblaban.

Firmó.

Una hoja.

Después otra.

Y otra.

Cada firma parecía borrar un año de su vida.

Cuando terminó, dejó el bolígrafo.

Daniel tomó los documentos.

—Eso es todo.

Victoria se levantó.

—Daniel...

Él no la miró.

—Vete.

Ella permaneció unos segundos frente a él.

Después salió.

Al cerrar la puerta, Victoria sintió que acababa de quedarse sin hogar.

Aunque todavía tenía una casa.

---

Afuera, se quedó inmóvil.

No sabía adónde ir.

Sacó el teléfono.

Abrió la conversación con Lucía.

Escribió:

“Terminó.”

Lucía respondió:

“¿Estás bien?”

Victoria miró la pantalla.

“Ahora mismo no.”

La respuesta llegó:

“Voy por ti.”

Victoria no tuvo fuerzas para negarse.

---

Lucía llegó quince minutos después.

Victoria subió al automóvil.

No dijo nada.

Lucía tampoco.

Condujeron en silencio.

Después de varios minutos, Victoria comenzó a llorar.

—Lo amé —dijo.

Lucía siguió mirando el camino.

—Lo sé.

—Muchísimo.

—Lo sé.

—No quiero que parezca que todo fue una mentira.

—No lo fue.

Victoria la miró.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—Porque haber dejado de amar a alguien no significa que nunca lo hayas amado.

Victoria apoyó la cabeza contra el asiento.

—Tengo miedo de arrepentirme.

Lucía detuvo el automóvil frente a un semáforo.

—Eso puede pasar.

Victoria la miró sorprendida.

—¿No vas a decirme que no?

—No.

—¿Por qué?

—Porque no quiero venderte una historia perfecta.

El semáforo cambió.

Lucía continuó conduciendo.

—Lo que viene puede ser complicado.

—¿Por qué?

—Porque ahora ya no estás escondiéndote detrás de tu matrimonio.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Lucía la miró brevemente.

—Ahora tendrás que descubrir quién eres cuando no estás intentando ser la esposa de alguien.

Victoria quedó en silencio.

Aquellas palabras la hicieron pensar.

Mucho.

---

Esa noche, Victoria regresó a casa.

Daniel ya había recogido algunas de sus cosas.

La mitad del armario estaba vacío.

Sobre la cama había una caja.

Dentro estaban fotografías.

Su primera Navidad juntos.

El viaje a la playa.

El día que compraron la casa.

Su boda.

Victoria tomó una fotografía.

En ella, Daniel la abrazaba mientras ambos reían.

Victoria lloró.

No porque quisiera regresar.

Sino porque estaba despidiéndose de una parte de su vida.

Entonces escuchó un ruido.

Alguien estaba en la puerta.

Victoria se giró.

Daniel.

—Olvidé unas cosas.

—Están abajo.

Él asintió.

Antes de salir, la miró.

—¿Es ella?

Victoria sabía exactamente lo que quería decir.

—¿Qué?

—¿Lucía?

Victoria respiró profundamente.

—No lo sé.

Daniel sostuvo su mirada.

—¿No sabes si estás enamorada de ella?

—No.

—Entonces ten cuidado.

—¿Por qué?

Daniel tardó unos segundos en responder.

—Porque quizá estás confundiendo la libertad con el amor.

Victoria sintió que aquellas palabras le dolían.

—Puede ser.

Daniel salió.

Victoria quedó sola.

Miró la fotografía.

Después miró su teléfono.

Tenía un mensaje de Lucía.

“¿Quieres que vaya?”

Victoria escribió:

“Sí.”

---

Una hora después, Lucía apareció en la puerta.

Victoria la dejó entrar.

No hablaron.

Lucía vio las cajas.

Las fotografías.

El armario vacío.

—¿Quieres que me quede?

Victoria asintió.

Se sentaron en el suelo.

Victoria apoyó la cabeza sobre el hombro de Lucía.

—Tengo miedo.

—Lo sé.

—No sé qué va a pasar.

—Yo tampoco.

—Quizá esto sea un error.

Lucía la miró.

—Quizá.

Victoria levantó la cabeza.

—No eres muy buena tranquilizando a la gente.

Lucía sonrió.

—Nunca te voy a mentir.

Victoria la observó.

Durante unos segundos no hubo palabras.

Lucía levantó lentamente la mano y tomó la de Victoria.

Esta vez Victoria no la soltó.

—Tengo una pregunta —dijo Lucía.

—¿Cuál?

—¿Quieres que me quede esta noche?

Victoria sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.

Miró sus manos entrelazadas.

Después la miró a los ojos.

—Sí.

Lucía se acercó.

Victoria no retrocedió.

Sus rostros quedaron a pocos centímetros.

—Victoria...

—No digas nada.

Y entonces, por primera vez, sus labios se encontraron.

Fue un beso breve.

Tembloroso.

Lleno de miedo.

Pero también de algo que ninguna de las dos pudo negar.

Cuando se separaron, Victoria cerró los ojos.

—Dios mío.

Lucía acarició su rostro.

—¿Estás arrepentida?

Victoria negó lentamente con la cabeza.

—No.

Pero ninguna de las dos vio el automóvil estacionado al otro lado de la calle.

Ni a la persona que estaba dentro observando la casa.

Ni el teléfono que acababa de tomar una fotografía de la ventana.

Alguien había visto el beso.

Y esa persona no era Daniel.

Era alguien que conocía a Victoria desde hacía muchos años.

Alguien que sabía perfectamente quién era Lucía.

Y alguien que estaba dispuesto a utilizar aquel secreto para destruirlas.

El teléfono de Victoria vibró.

Un número desconocido.

Un mensaje.

“Bonito beso.”

Victoria palideció.

Llegó otro.

“Pero deberías saber algo sobre Lucía antes de enamorarte de ella.”

Victoria levantó lentamente la mirada.

Lucía la observó.

—¿Qué pasa?

Victoria no respondió.

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez había una fotografía.

Era Lucía.

Pero no estaba sola.

A su lado aparecía un hombre.

Y debajo de la imagen había una frase:

“Ella no te contó toda la verdad.”

Victoria sintió que el miedo regresaba.

Solo que esta vez era diferente.

Porque acababa de descubrir que quizá no había terminado un matrimonio para comenzar una historia de amor.

Quizá acababa de entrar directamente en el centro de un secreto mucho más peligroso.

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