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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.7k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2

El viento frío golpeó el rostro de Camila cuando salió del hospital.

Se estremeció, cerró mejor el abrigo y se alejó a paso rápido.

Al regresar a la casa, contempló el desastre con una calma que ni ella misma sabía que poseía.

Sacó el celular y fotografió desde distintos ángulos las copas de vino, la media rota, la ropa esparcida por el pasillo, el camisón y las pertenencias de Mauricio y Valeria junto a la cama.

Cuando terminó, sintió que podía respirar un poco mejor.

Fue al clóset, sacó las maletas y empezó a guardar sus cosas.

Doblando con cuidado aquello que pensaba llevarse, separó todo lo que ya no quería conservar. Ropa, regalos y objetos que pertenecían a una vida que había terminado.

Los llevó al patio y les prendió fuego.

Las llamas consumieron uno a uno los recuerdos.

Camila trabajó toda la noche.

Cuando la luz del amanecer atravesó las ventanas, el cansancio marcaba su rostro, pero no se había permitido cerrar los ojos ni un minuto.

Oyó la puerta principal.

Sabía quién había llegado, así que continuó guardando sus pertenencias.

—¡Camila!

La voz de Mauricio resonó desde el pasillo.

Ella no respondió.

La puerta de la recámara se abrió de golpe.

Mauricio apareció en el umbral con el rostro sombrío.

—¿Qué estás haciendo? ¿Por qué quemaste tantas cosas en el patio?

—Era basura que ya no servía.

Camila levantó la vista. Sus ojos se enfriaron.

—Hay basura que se puede quemar. Y hay otra que habla, se cree demasiado importante y conviene empacar cuanto antes para sacarla de la casa. Dejarla aquí solo estorba, contamina el aire y le acorta la vida a quien tiene que soportarla.

El rostro de Mauricio se puso rojo.

—Tú…

Camila cruzó los brazos y arqueó una ceja.

—No te alteres. Yo nunca dije que estuviera hablando de ti. Si decidiste darte por aludido, será porque todavía te queda un poco de conciencia.

—Camila Sandoval…

Pronunció su nombre entre dientes.

—¿Qué pasó? ¿Tu amante ya dejó de hacer berrinche? ¿Para qué regresaste?

Mauricio respiró hondo, tratando de recuperar el control.

—Vine por algunas cosas. Y también a hablar contigo. Valeria está embarazada, así que quiero el divorcio. Tengo que hacerme responsable y darle su lugar.

Camila soltó una risa.

—Reconozco que yo cometí el error primero —continuó él—. Puedes quedarte con esta casa.

—¿La casa?

Camila miró alrededor con una expresión de asco.

—Después de que ustedes dos se revolcaron aquí como animales, puedes quedártela. Me da asco.

Una vena palpitó en la frente de Mauricio.

—¿A quién estás llamando asqueroso? Repítelo. Yo sí que estaba ciego cuando decidí casarme contigo…

—¿Cuando decidiste qué?

Camila sacó una toallita húmeda de su bolso y limpió el asa de la maleta.

—Trajiste a otra mujer para tener relaciones en nuestra recámara. ¿Y ahora pretendes regalarme el lugar como si fuera un premio? ¿Quieres que viva rodeada de la suciedad que dejaron?

Mauricio abrió la boca, pero no encontró una respuesta.

En el fondo sabía que le debía demasiado.

La casa de Valeria era varias veces más grande. Si se casaba con ella, su nivel de vida subiría de inmediato. Aquella propiedad ya no le parecía importante.

Además, Camila no tendría adónde ir cuando se divorciaran.

Dejarle la casa le permitiría tranquilizar la conciencia y presentarse ante los demás como un hombre generoso. Después de todo, ella llevaba siete años en la familia Zamora y ni siquiera había podido darle un hijo.

Mauricio estaba convencido de que cualquiera lo felicitaría por haber sido tan considerado.

—No quise decir eso —murmuró.

Camila lo recorrió con la mirada.

—Antes, por lo menos, sabías fingir que eras una persona decente. Ahora hasta tu forma de pararte parece mercancía barata.

Arrojó la toallita directamente al bote de basura.

—No quiero esta casa. Quiero efectivo. La parte que me corresponde de tus ahorros y el valor de las acciones de la empresa. Además…

Su mirada se volvió cortante.

—Voy a recuperar todo el dinero de la sociedad conyugal que gastaste en Valeria durante estos años.

—¡Ya basta! —rugió Mauricio—. Si quieres dinero, puedes quedarte con mis ahorros. Pero no molestes a Valeria.

—La mitad de esos ahorros ya es mía. También me pertenece parte del dinero que usaste para mantener a tu amante. Y no solo vas a devolverlo tú. Su padre también dijo que compensaría mis pérdidas.

Camila hizo una pausa y sonrió.

—Ahora que lo pienso, tu amante resultó ser mi amuleto de la buena suerte.

Mauricio parecía a punto de perder el control.

—Te lo advierto, no busques al señor Beltrán.

—Uy, qué nervioso te pusiste. ¿Temes que no permita que te cases con su hija? ¿O que descubra la clase de hombre que eres?

El comentario dio en el blanco.

Mauricio se quedó rígido. El color desapareció de su rostro.

—¿Qué tonterías dices? Gabriel siempre ha tenido una buena opinión de mí. Nuestras empresas trabajan juntas y…

—¿Tiene una buena opinión de ti?

Camila sacó el celular y deslizó un dedo por la pantalla.

—Entonces voy a llamarlo para preguntarle qué es exactamente lo que admira: tu talento para los negocios o tu habilidad para engañar a tu esposa con su hija.

—¡Camila!

Mauricio se lanzó para arrebatarle el teléfono.

Ella dio un paso a un lado. Él perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer de cara.

—No me pongas las manos encima.

Camila lo miró como si fuera un desconocido.

Mauricio respiraba con dificultad.

—Cada lugar de esta casa que tocaste me repugna —dijo ella con lentitud—. Conviértela en el nido de amor de ustedes o en un corral. Me da igual. Pero no aceptaré ni un peso menos de lo que me corresponde.

Sacó una carpeta del compartimento lateral de la maleta y la arrojó sobre el buró.

—Anoche preparé una propuesta de convenio de divorcio. Aquí están las cuentas bancarias, las inversiones, la valuación del treinta y cinco por ciento de la empresa que está a tu nombre y todos los pagos que hiciste a Valeria durante los últimos tres años.

Mauricio tomó la carpeta.

Mientras avanzaba entre las hojas, las manos comenzaron a temblarle.

—¿De dónde sacaste todo esto?

La sonrisa de Camila no llegó a sus ojos.

—Estuve casada contigo siete años, Mauricio. No era una sirvienta que solo sabía cocinar y limpiar. ¿Quién ordenaba las cuentas de tu empresa cada vez que tú cometías un error? Yo ya sospechaba que ocultabas algo. Guardé cada movimiento.

Señaló los documentos.

—Ahora vamos a revisar todo, peso por peso. También enviaré una copia a Gabriel.

Entonces endulzó la voz de manera deliberada.

—Para que tu futuro suegro compruebe cuánto amas a su hija. ¿Ves qué buena esposa soy?

—No te atreverías —dijo Mauricio. La voz le temblaba mientras apretaba la carpeta—. Estás llegando demasiado lejos. Gabriel es una persona mayor a la que respeto. ¿Por qué habría de creerte a ti en lugar de creerme a mí? Valeria y yo nos conocemos desde niños. Él siempre ha valorado nuestra relación.

—No me interesa su preciosa amistad de la infancia. Yo solo quiero mi dinero.

Mauricio tuvo que contenerse antes de responder.

—Contrataré a un abogado para dividir los bienes. Recibirás cada peso que legalmente te corresponda. Ni uno menos. Pero tampoco vas a quedarte con algo que no sea tuyo.

Camila asintió sin darle importancia.

—Perfecto. Haz lo que quieras.

Guardó la última prenda, cerró la maleta y caminó hacia la puerta.

Cuando pasó a su lado, Mauricio le sujetó el brazo.

Esta vez, su voz perdió la arrogancia.

—Mi mamá está enferma. No soportaría una impresión tan fuerte. Por favor, no le digas nada todavía.

Camila ni siquiera lo miró.

—Tú sabías que tu madre estaba delicada y aun así no pudiste mantenerte lejos de otra mujer. Ahora quieres que yo controle mi boca porque tú no supiste controlar tus pantalones. ¿Con qué derecho me pides que guarde tu secreto?

Se soltó de un tirón.

No volvió la cabeza.

Las ruedas de la maleta resonaron sobre el piso de mármol.

Aquella casa había contenido siete años de recuerdos. Sin embargo, desde el instante en que Mauricio llevó a Valeria hasta su cama, no quedó nada que Camila quisiera conservar.

La puerta se cerró a sus espaldas con un golpe ligero que a Mauricio le sonó como un derrumbe.

Se quedó solo en la recámara.

Todo continuaba igual que la noche anterior, salvo por la ausencia de la ropa y las pertenencias de Camila.

Miró la mano con la que había sujetado su brazo. Todavía le temblaban los dedos.

Sentía rabia, confusión y un miedo que no estaba dispuesto a reconocer. No entendía que Camila hubiera descubierto la infidelidad y decidido divorciarse sin suplicarle.

Mauricio siempre creyó que Camila lo amaba por encima de todo. Imaginó que lloraría, haría un escándalo y terminaría rogándole que no la abandonara.

Pensó que, como tantas mujeres, soportaría la humillación por sus padres, por las apariencias y por miedo a lo que diría la gente.

La sociedad podía ser cruel con una mujer divorciada: «usada», «abandonada», «ningún hombre volverá a quererla». Mauricio apostó a que esos prejuicios la aplastarían.

Incluso había preparado un discurso de disculpas y promesas para tranquilizarla.

Su plan era conservar a la esposa y a la amante, y dejar que el desprecio social recayera sobre Camila si ella se marchaba. Si exigía que rompiera con Valeria, él se negaría y desgastaría su dignidad hasta que aceptara aquella relación. Confiaba en que, tras meses de discusiones, ella se conformaría con conservar el título de esposa mientras él hacía lo que quisiera fuera de casa.

Cuando Valeria tuviera al bebé, incluso podría llevar a Teresa a visitarlo sin esconderse.

Mauricio había imaginado todas las posibilidades excepto una:

Que Camila se marchara con una calma tan fría que ninguna de sus palabras pudiera detenerla.

Había perdido la apuesta.

La mujer que durante tantos años fue dócil y comprensiva se había negado a soportar una humillación más.

El celular vibró en su bolsillo.

Era un mensaje de Valeria.

«Mau, ¿Camila ya se fue? Tengo mucho miedo. ¿Y si viene al hospital a lastimarme? Mi papá ya no quiere saber nada de mí. Mau, mi amor, ven conmigo, por favor».

Mauricio observó la pantalla durante mucho tiempo.

No contestó.

Dejó el celular boca abajo sobre el buró y contempló la ropa esparcida por el suelo, la evidencia de todo lo que había hecho.

—Así que nunca me amaste tanto como decías —murmuró con una risa amarga—. Me dejaste sin sentir la menor tristeza.

El dolor le pinchó el pecho.

Todo aquello era consecuencia de sus propias decisiones.

Camila entró en el primer hotel que encontró y pidió una habitación.

En cuanto se acostó, los pensamientos la abrumaron.

Todavía tenía demasiados asuntos que resolver. El primero era encontrar la manera de hablar con sus padres.

Ernesto y Elena eran de una generación tradicional. Si les anunciaba de golpe que iba a divorciarse, podían reaccionar muy mal.

La pantalla de su celular se encendió.

Era un mensaje de su madre.

«Cami, ¿vas a venir a comer el fin de semana? Tu papá lleva días preguntando por ti».

Camila lo leyó durante cinco minutos.

Escribió una respuesta, la borró y volvió a empezar varias veces.

Al final solo envió:

«Tengo mucho trabajo. Iré en unos días».

Dejó el celular junto a la almohada y se dio la vuelta.

Sería mejor esperar hasta que el convenio estuviera firmado y la división de bienes quedara asegurada.

Cuando regresara a casa con su futuro resuelto, sus padres podrían disgustarse, pero no tendrían que temer que su hija se quedara desamparada.

Además, estaba la compensación prometida por Gabriel. Podía usar una parte para regalarles un viaje y ayudarlos a aceptar la noticia con menos angustia.

Camila acababa de cerrar los ojos cuando el teléfono volvió a sonar.

Era Mauricio.

Vaciló un segundo antes de contestar.

—No creas que tu vida va a mejorar después del divorcio —dijo él sin siquiera saludar—. Una mujer desagradecida e incapaz de respetar a su esposo como tú no puede sobrevivir sola. Te vas a arrepentir.

Camila soltó una risa fría.

—Lo único que lamento es haberme casado contigo. Me arrepiento de haberte apoyado cuando no tenías nada y de haber creído cada una de tus mentiras. Debí sacarte de mi vida desde el primer día y buscarme un hombre de verdad.

Colgó antes de que pudiera responder.

—Qué manera tan desagradable de empezar el día.

Puso el celular en silencio, se acomodó entre las sábanas y cerró los ojos.

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Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Pura loca 🤷🙄😁
Anabella Vanesa Spinato
noooo morí.....🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
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