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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:481
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Días Prestados

No le había mostrado mi lista a nadie. A nadie de verdad. Mi mamá la habría visto y habría llorado, mi papá habría dicho que dejara de pensar en tonterías y que me concentrara en recuperarme, y mis compañeras del curso habrían puesto esa cara de ay, qué profunda. Por eso la tenía escondida en la última hoja del cuaderno de cálculo, donde nadie mira porque todos odian cálculo.

Pero ese día en la azotea, con Kael sentado al lado mirando hacia el frente, sentí que quería mostrarla. No toda, una parte.

Llegué a la biblioteca más temprano que nunca. La señora Marta me miró raro y me dijo ¿te pasó algo? Le dije que no, que solo quería adelantar tarea. Era mentira. Quería ordenar mis ideas antes de subir. Saqué el cuaderno y miré la lista otra vez. Días Prestados. Cuatro puntos escritos con lápiz pasta azul, con letra apurada.

Me puse a pensar por qué había escrito eso. No fue por hacerme la interesante. Fue porque una noche, después de la segunda quimio, no podía dormir y sentí que el tiempo se me estaba escapando entre los dedos. No en el sentido poético que ponen en las frases de Instagram, en el sentido real. Sentía que todos a mi alrededor tenían todo el tiempo del mundo para equivocarse, para repetir, para aburrirse, y yo no. Yo tenía que apurarme.

La primera era ver el amanecer desde la azotea del colegio. Suena tonto, lo sé. Pero nunca he visto el amanecer completa. Siempre estoy durmiendo o con fiebre o con dolor. Quería ver cómo se ve Conce cuando amanece, sin nadie, solo yo. Con un termo con té, si se podía.

La segunda era que alguien me esperara de verdad. No que me esperara porque le toca, no porque soy la enferma y hay que cuidarme. Que me esperara porque quiere que llegue. Que mire la hora y diga dónde está la Abril. Nadie me había esperado así nunca, ni siquiera mis papás, porque siempre llegaban después.

La tercera era aprender a pegar un jab sin caerme de poto. La escribí porque vi un video de una niña boxeando y me dio risa. Me imaginé a mí misma con guantes gigantes cayéndome y me dio risa en medio de la quimio. Y me gustó sentir risa en medio de algo que no daba risa.

La cuarta era enamorarme una vez, aunque fuera la peor idea del mundo. Esa la escribí a las tres de la mañana, con fiebre. La borré, la escribí, la borré. Me daba vergüenza. ¿Cómo te vas a enamorar cuando sabes que puedes irte pronto? Me parecía injusto para el otro. Como prestarle un libro que sabes que está roto.

Subí a la azotea a las seis. Kael ya estaba ahí. Esta vez no estaba pegándole al aire, estaba sentado con una botella de agua y un cuaderno también. Tenía el buzo gris, no el negro, y las vendas un poco más limpias.

Me senté a su lado y le dije hola. Él me dijo llegaste. Le pregunté si siempre llegaba tan temprano y me dijo que sí, que aquí no lo retan por no hacer nada. Le pregunté qué hacía en su cuaderno y me mostró. Tenía dibujos de guantes, de un ring, y una lista también. Pero la suya decía ganar regional, comprarle zapatillas nuevas a mi mamá, pagar el gimnasio. Me dio vergüenza la mía al lado de la suya. La suya era útil.

Me dijo ¿y tú qué escribes tanto en ese cuaderno de cálculo si odias cálculo? Me reí porque era verdad, todos sabían que odiaba cálculo. Le dije que no era tarea, que era una lista. Me preguntó de qué. Dudé dos segundos y se la mostré. No completa, le mostré los tres primeros puntos. Tapé el cuarto con el dedo.

Leyó en silencio. No se rió. No puso cara de pobrecita. Me dijo ya, el amanecer es mañana a las siete y media, podemos venir temprano. Le dije que estaba cerrado a esa hora. Me dijo yo tengo la llave que me prestó don Luis para guardar guantes. Me quedé mirándolo.

Me preguntó por el tercero. Le dije que quería aprender a pegar un jab sin caerme. Se rió, pero no burlándose. Me dijo ya, eso es fácil, te enseño ahora. Se paró, me dijo ponte así, con los pies así, no así. Me acomodó los hombros con mucho cuidado, como si fuera de vidrio. Me dijo pega. Pegué al aire y me fui para adelante. Me agarró antes de que me cayera y nos reímos los dos. Me dijo de nuevo. Pegué de nuevo y esta vez no me caí.

Nos quedamos ahí hasta que empezó a oscurecer. Me enseñó a vendarme las manos. Me vendó la derecha con mucha paciencia, dando vueltas, asegurando el pulgar. Me dijo si te duele me dices. No me dolía. Me sentía rara, como si mis manos sirvieran para algo más que para tener vías y pinchazos.

Antes de bajar me preguntó por el punto que tapé con el dedo. Le dije que era privado. Me dijo ya, no te pregunto. Pero después me miró y me dijo igual ya sé que es algo de amor, porque lo borraste mucho. Me puse roja al tiro. Le dije cállate. Él se rió y me dijo tranquila, yo también tengo uno así pero no lo escribo.

Bajamos juntos. En la escalera me dijo mañana trae termo, vemos el amanecer. Le dije que no podía, que tenía control temprano en el hospital. Me dijo pasado mañana entonces. Le dije ya.

Llegué a mi casa y por primera vez no prendí la tele al tiro. Me senté en mi pieza y miré mi mano vendada. La venda blanca, un poco suelta, hecha por él. La miré mucho rato. Saqué el cuaderno y al lado del punto tres escribí Kael me enseñó y no me caí. Y al lado del punto uno escribí pasado mañana, con termo.

Tapé el punto cuatro de nuevo, pero esta vez no lo borré.

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