SIN ESPOILER
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Y ESA SONRRISA MAMÁ
Valeria llegó a casa cerca de las diez de la noche.
La enorme residencia estaba tranquila, iluminada únicamente por algunas lámparas cálidas que decoraban la sala principal.
Apenas abrió la puerta, escuchó unos pasos apresurados.
—¡Mamá!
Victoria apareció corriendo desde la cocina.
Llevaba un pantalón deportivo y una sudadera enorme que prácticamente la envolvía.
Su cabello estaba recogido en una coleta algo desordenada.
—Hola, cariño.
Victoria la abrazó de inmediato.
—¿Cómo te fue?
—Muy bien.
—¿Segura?
—Sí.
La joven se apartó unos centímetros y entrecerró los ojos.
Valeria soltó una pequeña risa.
—¿Qué pasa?
—Algo pasó.
—¿Qué?
—Te conozco.
—Victoria...
—No, en serio. Te conozco perfectamente.
La chica la tomó de los hombros.
—Cuando tienes un día normal sonríes así.
Hizo una pequeña sonrisa.
—Cuando tienes un día excelente sonríes así.
La sonrisa se hizo más amplia.
—Pero cuando llegas a casa sonriendo como ahora...
Victoria señaló directamente a su madre.
—Hay un hombre involucrado.
Valeria casi se atragantó con su propia respiración.
—¡Victoria!
—¡Lo sabía!
La joven comenzó a reír.
—¡Lo sabía, lo sabía, lo sabía!
—No exageres.
—¿Quién es?
—Nadie.
—Mamá.
—Victoria.
—Mamá.
—Victoria.
Ambas se quedaron mirándose durante unos segundos.
Finalmente terminaron riendo.
Aquella confianza era algo que siempre las había unido.
Después de la mu3rt3 del padre de Victoria, habían aprendido a apoyarse mutuamente.
No solo eran madre e hija.
También eran mejores amigas.
—Ven —dijo Valeria—. Vamos a sentarnos.
Las dos caminaron hacia la sala.
Victoria se acomodó junto a ella en el sofá.
—Ahora sí.
—¿Ahora sí qué?
—Cuéntamelo todo.
—No hay mucho que contar.
—Mamá.
—Conocí a alguien.
Los ojos de Victoria se abrieron.
—¡¿Qué?!
—Solo fue una conversación.
—¿Y cómo se llama?
Valeria sonrió.
—Lorenzo.
—Oh...
—¿Oh?
—Tiene nombre de protagonista de novela romántica.
—Victoria.
—¿Qué? Es verdad.
Valeria negó con la cabeza mientras reía.
—Nos conocimos después del desfile.
—¿Es guapo?
—¡Victoria!
—Es una pregunta importante.
—No pienso responder eso.
—Entonces sí es guapo.
—Eres imposible.
La joven sonrió satisfecha.
—Continúa.
Valeria le contó sobre el encuentro, la conversación y lo agradable que había sido hablar con él.
Mientras escuchaba, Victoria notó algo que no veía desde hacía mucho tiempo.
Su madre brillaba.
No era la sonrisa educada que mostraba en entrevistas.
No era la sonrisa profesional de las cámaras.
Era una sonrisa auténtica.
De felicidad.
Y eso hizo que el corazón de Victoria se sintiera más ligero.
Durante años había visto a su madre esforzarse sola.
Trabajando.
Viajando.
Sacrificándose.
Siempre poniendo a su hija primero.
Tal vez era momento de que ella también pudiera ser feliz.
—¿Sabes qué pienso? —dijo Victoria.
—¿Qué?
—Que deberías darle una oportunidad.
Valeria la observó sorprendida.
—¿De verdad?
—Claro.
—Pensé que te molestaría.
—¿Por qué?
—Porque durante mucho tiempo solo fuimos tú y yo.
Victoria tomó una de las manos de su madre.
—Y siempre lo seremos.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—Cariño...
—Pero si alguien puede hacerte feliz, quiero que lo intentes.
Por unos segundos, ninguna habló.
Simplemente permanecieron sentadas una junto a la otra.
Valeria acarició el cabello de su hija.
—Gracias.
—Aunque tengo una condición.
—¿Cuál?
—Si ese Lorenzo llega a ser tu novio...
—Victoria.
—Voy a investigarlo.
—¡Victoria!
—Completamente.
—No vas a investigar a nadie.
—Ya veremos.
Las dos estallaron en carcajadas.
Y mientras la noche continuaba entre bromas, ninguna de las dos imaginaba que aquel hombre llamado Lorenzo traería consigo un cambio enorme en sus vidas.
Ni que, en algún lugar de Italia, un joven llamado Ian Isaac estaba a punto de cruzarse con Victoria.
Un encuentro que terminaría cambiando el destino de ambos para siempre.