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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

Durante los días siguientes, Selene salía de la residencia Sarmiento a primera hora y regresaba muy tarde. Algunas noches ni siquiera volvía a dormir.

Don Octavio observó todo en silencio y terminó soltando un suspiro impotente.

Solo esperaba que la joven no siguiera cometiendo errores.

Desde el instante en que robó la información para entregársela a Fabián, había herido profundamente a toda la familia Sarmiento. Aun así, si corregía su comportamiento y llevaba una vida tranquila, él nunca la abandonaría.

Selene no era su nieta biológica, pero se había criado a su lado durante más de diez años. Don Octavio no era de piedra. Por supuesto que le tenía cariño.

Desde que Ángela le colgó el teléfono, Fabián comenzó a presentarse todos los días frente a la residencia Montenegro. Siempre llevaba un ramo de flores.

Esperaba que su perseverancia terminara por conmoverla y que ella aceptara recibirlo. Había preparado incontables cosas que quería decirle.

Dentro de la residencia, Gael se llenaba de furia cada vez que veía a Fabián rondando como una mosca.

Tenía ganas de arrojarlo a la sierra para que se lo comieran los lobos.

Ni siquiera se atrevía a ir a la empresa. Permanecía junto a Ángela a todas horas, temiendo que la zorrita que por fin había llegado a sus brazos desapareciera en cuanto apartara la vista.

Una tarde, Fabián incluso intentó sobornar a un miembro del equipo de seguridad para entrar.

Gael llegó al límite de su paciencia.

Ordenó reforzar la vigilancia alrededor de la propiedad y prohibió el acceso a cualquier persona sin autorización.

En especial a Fabián Segovia.

Miró a Ángela, quien parecía completamente indiferente al escándalo, y rechinó los dientes. Luego le rodeó el cuerpo con un brazo y le dio un pequeño mordisco en la punta de la nariz.

—Angie, esa mosca de afuera ya me tiene harto. ¿Me dejas deshacerme de ella?

En sus ojos fríos apareció una sombra peligrosa.

Ángela lo contempló con una mirada felina y seductora.

—Gael, ¿estás celoso?

Él no intentó negarlo.

—Sí. Estoy celoso. El único hombre que tiene derecho a desearte soy yo.

Como si necesitara descargar la frustración, le mordió el brazo.

Ángela descubrió que aquel hombre era cada día más difícil de manejar. Soltó una risa suave y perezosa.

—No te preocupes. No me interesa. Me parece sucio. Un hombre que no sabe respetarse termina igual que una verdura podrida.

Gael frunció ligeramente el ceño.

¿Cómo se había enterado Ángela de las aventuras de Fabián?

Ella buscó un video en su celular y se lo entregó.

La grabación mostraba lo ocurrido dentro del auto después de que Fabián y Selene fueron expulsados de la residencia Montenegro.

Los dos habían tenido relaciones ahí.

Gael contempló las imágenes con absoluto desprecio.

—Repugnante.

Ángela lo miró con curiosidad.

—Señor Montenegro, ¿por qué esto no te provoca el menor interés?

Gael clavó en ella una mirada cargada de significado.

—Angie, ¿quieres que te enseñe lo que sí despierta mi interés? Me preocupa que no seas capaz de soportarlo.

Mientras hablaba, trazó círculos lentos sobre la curva de su cintura.

Ángela encogió el cuello, pero mantuvo una expresión desafiante.

—Claro. Será un placer averiguarlo.

Le rodeó el cuello con los brazos.

—¿Estás segura?

Ángela no retrocedió.

Se acurrucó obedientemente contra su pecho como una gatita dispuesta a confiar en él.

Ángela alzó el rostro y lo besó. Gael respondió despacio al principio, saboreando la presión tímida de sus labios; cuando ella le rodeó el cuello con más fuerza, él inclinó la cabeza y profundizó el beso. La respiración de ambos se mezcló en sonidos cortos y húmedos.

La llevó al dormitorio y la recostó con cuidado. El colchón cedió bajo el peso de ambos y la ropa susurró cuando Gael se acomodó junto a ella. Sus manos recorrieron la cintura, la espalda y los muslos de Ángela con una presión cada vez más segura. Ella lo atrajo de nuevo y tomó una de sus manos para guiarla sobre su cuerpo.

Ángela abrió la camisa de Gael y exploró su pecho y su abdomen. Sintió cómo los músculos se endurecían bajo sus palmas mientras él besaba su cuello y sus clavículas, primero con suavidad y después con una intensidad que le arrancó gemidos contenidos. Las caricias se hicieron más íntimas. Ángela se estremeció bajo sus manos y volvió a buscar su boca; el roce insistente de sus cuerpos encontró un ritmo compartido, cada vez más rápido, hasta arrastrarlos a ambos al placer sin que él llegara a penetrarla.

Después permanecieron abrazados, todavía agitados, con la piel caliente y el pecho subiendo y bajando al mismo ritmo. Gael limpió con cuidado las huellas de sus caricias, alisó la ropa y volvió a besarla con una lentitud cansada antes de dejarla descansar.

A la mañana siguiente abrió los ojos con el cuerpo agotado.

Escuchó el agua de la regadera y las imágenes de la noche anterior regresaron una tras otra a su mente.

Cuanto más recordaba, más calor sentía en la piel. Todavía le parecía escuchar la respiración ronca de Gael junto a su oído y sentir la presión de sus manos en la cintura.

Se incorporó, pero la vergüenza pudo con ella y volvió a ocultarse debajo de las cobijas.

No habían llegado hasta el final.

Sin embargo, los dos se habían dado placer y habían disfrutado cada instante.

Cuando Gael salió del baño, vio un pequeño bulto moviéndose debajo del edredón.

Se acercó y sacó de ahí a la gatita traviesa.

En su rostro había una sonrisa de profunda satisfacción.

—¿Mi amor?

Ángela no le respondió.

Tomó una almohada y la lanzó directamente contra su atractivo rostro.

Gael la atrapó un instante antes de que lo golpeara.

—¿Piensas usarme y después abandonarme? ¿O anoche no fue suficiente?

Ángela abrió los ojos de par en par.

No podía creer que palabras tan descaradas hubieran salido de la boca de Gael Montenegro.

Él rio por lo bajo.

—Ya, no voy a molestarte más. Tengo una sorpresa para ti. Ve a arreglarte mientras reviso el desayuno.

Gael salió de la recámara y cerró la puerta con cuidado.

Ángela tardó bastante en bajar.

Se sentó a la mesa con el rostro lleno de enojo. Durante el baño había descubierto el estado en que Gael había dejado su cuerpo y por un momento sospechó que aquel hombre era en realidad un perro.

Tomó un sándwich y le dio una mordida feroz, imaginando que castigaba al responsable.

Gael recibió su mirada acusadora con una expresión agraviada.

De verdad había intentado contenerse.

Pero con ella entre los brazos, controlarse había sido casi imposible.

Se aclaró la garganta y trató de congraciarse.

—Mi amor, tengo una sorpresa, pero antes necesito que respondas una pregunta.

La seriedad de Gael hizo que Ángela comprendiera que se trataba de algo importante.

Asintió con cautela.

—Pregunta. Si conozco la respuesta, te la diré.

—No te pongas nerviosa. Solo quiero saber qué sientes ahora por Selene. Las últimas veces que las vi juntas, su relación no parecía precisamente... cercana.

—¿Selene? ¿Qué esperas que sienta por una mujer que roba las cosas de los demás? Se quedó con el regalo de cumpleaños que tú me habías enviado. Quisiera que se alejara de los Sarmiento cuanto antes, pero no tengo un motivo suficiente para echarla de la casa.

Ángela estaba preocupada.

Sin una razón seria, don Octavio jamás permitiría que echaran a Selene de la casa. La propia Ángela había insistido mucho para que la adoptaran años atrás.

Al comprobar que ya no sentía un afecto profundo por ella, Gael reunió valor para continuar.

Incluso él se había quedado atónito al descubrir la verdad.

Solo esperaba que Ángela pudiera controlar sus emociones.

Respiró con calma.

—Encontré al padre biológico de Selene. Tú también lo conoces. De hecho, lo conoces bastante bien.

La expresión grave de Gael despertó en Ángela un presentimiento terrible.

—No me digas que es hija ilegítima de mi papá —preguntó con voz temblorosa.

Gael se quedó sin palabras.

Por un momento sintió cierta admiración por la imaginación desbordada de Ángela.

—Deja de inventar tonterías. Si tu papá te escucha, va a romperte una pierna.

—¡Eso ocurre en todas las telenovelas! No se lo cuentes a mis padres. Mi mamá sí sería capaz de romperme las dos.

Ángela murmuró la última frase.

Gael soltó una risa y le pellizcó suavemente la mejilla.

—No entiendo cómo don Octavio te ha soportado tantos años.

—Entonces dime quién es el padre de Selene.

Gael guardó silencio un instante.

—¿Nunca notaste que sus ojos y los de Fabián se parecen?

Ángela abrió la boca, atónita.

—¿Quieres decir que...?

Gael asintió con serenidad y colocó sobre la mesa los resultados de una prueba de ADN.

Ángela tomó las hojas, revisó la conclusión y tragó saliva.

—Entonces ellos dos han estado cometiendo inces... ¿El padre de Fabián no sabe nada?

La palabra se le atoró en la garganta.

Gael la sentó sobre sus piernas y le acarició el cabello con ternura.

—No lo sabe. Por ahora, solo nosotros dos conocemos la verdad. Te lo cuento porque quiero que tú decidas qué hacer con esta información.

Su voz se volvió más grave.

—Angie, no soy un buen hombre. Pensaba utilizar esto para destruir a la familia Segovia y obligarte a permanecer a mi lado. Pero ahora que elegiste estar conmigo, ya no necesito esa arma.

Gael le mostró sin reservas el lado más oscuro de su naturaleza.

No temía asustarla.

Una mujer capaz de diseñar una trampa para hacer que Fabián perdiera una fortuna no se espantaría con facilidad.

En aquel momento, Gael sintió que los dos eran una pareja perfecta.

Ángela permaneció en silencio, acurrucada contra su pecho.

El informe que sostenía parecía quemarle las manos.

Si su contenido salía a la luz, no solo Selene y Fabián quedarían destruidos. Toda la familia Segovia podía derrumbarse.

Guardó las hojas y levantó la vista.

—¿Cuándo descubriste esto?

—Después de que Fabián te mandó aquel mensaje ordenándote que te acostaras conmigo. Quería que vieras la clase de hombre que es. No merece que te humilles por él. Tú eres la mujer a la que quiero cuidar como mi mayor tesoro. ¿Cómo iba a permitir que te tratara de esa manera?

Los brazos de Gael se apretaron alrededor de ella.

Ángela todavía no estaba acostumbrada a recibir tanta ternura.

Lo empujó ligeramente y adoptó un tono mimado.

—Ya deberías ir a trabajar.

Gael se levantó y alisó las arrugas de su traje.

Después depositó un beso suave en la frente de Ángela.

—Llámame si ocurre algo. Y si vas a salir, lleva contigo a Bravo Uno.

—No me gusta ese cabeza dura. Devuélveme a Luna.

Ángela hizo un puchero.

—Está bien. Haré que Luna regrese dentro de unos días.

Cuando Gael se marchó, Ángela todavía sentía el cuerpo cansado. Volvió a la recámara para descansar.

Fabián, que vigilaba la residencia desde un lugar oculto, esperó hasta ver salir el auto de Gael.

Entonces llamó a Selene.

—Gael acaba de irse. ¿Estás segura de que tu plan funcionará?

—Yo conozco a mi hermana. Solo tienes que hacerla tuya. Aunque no quiera, después se obligará a aceptarte.

Selene comenzó a sollozar.

—Por ti estoy dispuesta incluso a cedértela, ¿y aun así dudas de mí?

Fabián ya no tenía paciencia para consolarla.

La idea de que Ángela pronto le pertenecería le aceleraba la sangre.

En la residencia Sarmiento, Selene sacó el fármaco que había preparado y lo vertió a escondidas en el caldo de don Octavio.

Después llamó a la puerta.

—Abuelo, preparé esto para ti. Te he escuchado toser durante los últimos días.

Don Octavio la miró con satisfacción.

—Siempre tan atenta, Selene. Mucho más que esos dos pequeños ingratos.

Ella contuvo la respiración mientras lo veía beber sin sospechar nada.

Pocos minutos después, don Octavio perdió el conocimiento.

Selene se acercó y lo sacudió varias veces. Cuando comprobó que estaba completamente inconsciente, se pellizcó el muslo con fuerza hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas.

Luego llamó a Ángela.

Al ver el nombre de Selene en la pantalla, Ángela rechazó la llamada sin pensarlo.

Un instante más tarde apareció el número de su abuelo.

Contestó de inmediato.

—Hermana, el abuelo se desmayó. No sé qué hacer. Por favor, regresa a casa.

Un zumbido llenó la cabeza de Ángela.

¿Cómo podía haberse desmayado su abuelo?

Olvidó todo lo demás. Bajó al estacionamiento, eligió uno de los autos y condujo hacia la residencia Sarmiento.

Bravo Uno la vio salir a toda velocidad e informó de inmediato a Gael.

—Señor, la señorita Sarmiento salió sola. Conducía muy rápido, como si hubiera ocurrido una emergencia. No alcancé a seguirla.

—Entendido.

Gael llamó varias veces a Ángela, pero nadie contestó.

El frío invadió sus ojos.

Volvió a comunicarse con Bravo Uno.

—Revisa la recámara. Averigua si dejó ahí el celular y, si lo encuentras, dime quién hizo la última llamada.

Bravo Uno no colgó.

Sabía que había fallado al no seguirla. Si algo le ocurría a Ángela, ni siquiera entregar la vida bastaría para pagar aquel error.

—Señor, la última llamada entró desde el teléfono de don Octavio.

—Lleva a tu equipo a la residencia Sarmiento. Llámame en cuanto encuentres algo.

Ángela conducía tan rápido como podía.

Deseaba que el auto tuviera alas.

Intentó llamar a Gael, pero solo entonces comprendió que, por salir con tanta prisa, había olvidado el celular.

Su preocupación por don Octavio le impidió notar el vehículo de Fabián siguiéndola.

Cuando bajó frente a la casa, Fabián estacionó detrás de ella y se acercó apresuradamente.

—Angie, Selene me dijo que tu abuelo se desmayó. Vine a ayudar.

Ángela respondió con un sonido breve y caminó rápidamente hacia la entrada.

Fabián sacó con calma un pañuelo y se lo apretó sobre la nariz y la boca.

Ángela intentó resistirse, pero el químico actuó con rapidez.

Fabián miró a su alrededor. Al confirmar que nadie los había visto, la cargó hasta su auto.

Envió un mensaje a Selene para avisarle que ya la tenía. Le ordenó ocuparse del vehículo que Ángela había dejado frente a la residencia.

Cuando Ángela recuperó la conciencia, descubrió que tenía las muñecas atadas a la cabecera de una cama.

Lo último que recordaba era el rostro de Fabián.

Entonces...

Fabián y Selene.

Había pensado perdonarles la vida, pero los dos insistían en buscar su propia destrucción.

La puerta se abrió.

Fabián entró sin prisa, se acercó a la cama y acarició el rostro de Ángela. La contemplaba con una avidez que le revolvió el estómago.

—Angie, por fin vas a ser mía.

El asco cruzó por los ojos de Ángela.

Se mordió la lengua con fuerza. El dolor le devolvió un instante de claridad.

—Fabián, suéltame. No me obligues a odiarte.

—No importa si me odias. Yo sí te amo de verdad.

Ángela apartó el rostro para evitar su mano.

El rechazo pareció enfurecerlo.

Fabián la sujetó por el cabello y tiró de su cabeza.

—¡Gael ya te tocó! ¿Tanta falta te hace un hombre?

Ángela esperó a que bajara la guardia y le clavó la rodilla con todas sus fuerzas entre las piernas.

Fabián soltó un gemido de dolor y retrocedió.

Enseguida volvió a inclinarse y le apretó la mandíbula con violencia.

—Está bien, no voy a tocarte. Esperaré hasta que seas tú quien me lo ruegue.

El efecto de la sustancia era mucho más intenso de lo que Ángela había imaginado.

Su conciencia comenzaba a dispersarse.

—Gael...

No quería que aquel miserable se aprovechara de ella.

—Gael...

Fabián la oyó repetir el nombre de otro hombre y perdió por completo el control.

Ángela ya estaba casi delirando por el efecto de la droga.

Fabián extendió las manos hacia ella.

En ese instante, alguien derribó la puerta de una patada.

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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