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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:114
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Bajaron al campamento en silencio.

Nadie quería hablar de lo que habían visto. El olor a carne podrida se les había pegado a la ropa y al pelo. Cada vez que Camila respiraba profundo lo notaba otra vez, como si se le hubiera metido dentro.

Llegaron al claro. Las carpas seguían a medio armar. El cooler vacío. Las cenizas de la fogata. Todo igual. Solo que ahora faltaba Mateo de verdad y ya no había forma de engañarse.

Leo dejó la mochila en el suelo.

—No podemos quedarnos aquí. Si hicieron eso con él, pueden venir a por nosotros cuando quieran.

Sofía se limpió la cara con el dorso de la mano. Tenía los ojos rojos pero ya no lloraba.

—¿Y a dónde vamos? El camino está lleno de trampas. El auto no sirve. La camioneta tampoco pasa.

Naiara habló por primera vez desde el claro del cuerpo.

—Hay un sitio. Más al oeste. Una cabaña vieja. La vi una vez cuando venía con mi tío. Está medio caída, pero tiene paredes. Y está lejos del camino principal.

Sofía la miró con desconfianza.

—¿Y por qué no lo dijiste antes?

—Porque no pensé que llegaríamos a esto. Y porque no sé si sigue en pie.

Leo no esperó más discusión.

—Vamos. Ahora. Antes de que baje la luz otra vez.

Recogieron lo que pudieron cargar: dos linternas, el cuchillo, el poco agua que les quedaba y la chaqueta de Leo, todavía manchada. Dejaron el resto. Las carpas, la camioneta, todo. Ya no importaba.

Naiara guió.

Caminaron en fila, apartándose del camino de tierra y metiéndose entre los árboles. El terreno era más irregular. Raíces, piedras sueltas, pendientes cortas. El bosque se cerraba más. La luz apenas llegaba.

Camila iba en medio. Cada crujido la hacía girar la cabeza. El recuerdo del cuerpo de Mateo no se iba. La cabeza abierta. El brazo arrancado. Las moscas. Cerraba los ojos un segundo y lo volvía a ver.

Después de casi una hora Naiara levantó una mano.

—Allí.

Entre los árboles apareció una estructura baja y torcida. Madera gris, techo medio hundido, ventanas sin cristales. La puerta colgaba de un solo gozne. Alrededor había hierba alta y restos de algo que alguna vez pudo ser un cercado.

Se acercaron despacio.

Leo entró primero con la linterna. El haz de luz barrió el interior. Olor a humedad, a madera podrida y a algo más viejo. Polvo. Heces de animales. Y debajo de todo, un rastro débil del mismo olor dulce que ya conocían.

La cabaña tenía una sola habitación grande. Un hogar de piedra negro de hollín. Unos estantes caídos. Un colchón destrozado en un rincón. Y en el suelo, cerca de la pared del fondo, manchas oscuras que no eran humedad.

Tomi se quedó en la puerta.

—No me gusta.

Sofía entró detrás de Leo. La linterna de ella temblaba.

—Hay algo ahí.

Se acercaron al rincón más oscuro.

Bajo una lona podrida había huesos.

No de animal.

Un cráneo humano, roto por un lado. Varias costillas. Un fémur con marcas profundas, como si lo hubieran roído o cortado. Junto a ellos, trozos de tela deshecha y un zapato de niño, muy pequeño, endurecido por el tiempo.

Camila sintió que se le cerraba la garganta.

Dio un paso atrás y chocó con Naiara. Esta no se movió. Solo miraba los restos con la misma expresión de antes: como si ya hubiera esperado encontrarlos.

Leo se agachó sin tocar nada.

—Llevan años aquí. Algunos más que otros.

Había más.

Detrás del hogar, medio enterrada en la tierra del suelo, asomaba otra mano. O lo que quedaba de ella. Dedos torcidos, piel negra y reseca pegada al hueso. Alguien la había dejado ahí a propósito, o se había podrido en ese mismo sitio.

Tomi salió de la cabaña y se dobló otra vez. Esta vez no vomitó, pero se quedó con las manos en las rodillas, respirando entrecortado.

Sofía habló en voz muy baja:

—Esto no es un sitio seguro. Es un cementerio.

Naiara se cruzó de brazos.

—Es el único sitio con cuatro paredes que hay en kilómetros. Fuera estamos más expuestos.

Leo se pasó una mano por la cara. Tenía polvo y cansancio hasta en los nudillos.

—Nos quedamos esta noche. Solo esta noche. Mañana seguimos buscando una salida. Pero ahora necesitamos un lugar donde no nos puedan rodear tan fácil.

Nadie discutió.

No porque estuvieran de acuerdo. Porque no les quedaban fuerzas.

Empujaron la puerta lo mejor que pudieron para cerrarla. Taponaron las ventanas con trozos de madera suelta y con la lona podrida. El resultado era miserable, pero al menos no se veía el bosque directamente.

Se sentaron en el suelo, lejos de los huesos. La linterna de Leo la dejaron en el centro, apuntando hacia arriba, para que diera un poco de luz sin gastar demasiado.

Camila apoyó la espalda en la pared. La madera estaba fría y húmeda. Cerró los ojos y volvió a ver el cuerpo de Mateo. Después el cráneo del rincón. Después la mano negra. Todo se mezclaba.

El olor dulce seguía ahí.

Más débil, pero presente.

Como si la cabaña lo hubiera absorbido durante años y ahora lo soltara despacio.

Afuera, el bosque se había quedado en completo silencio.

Ni un animal.

Ni una rama.

Solo ellos, dentro de esa caja de madera vieja, rodeados de lo que quedaba de otras personas que alguna vez también pensaron que iban a salir.

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LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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