Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.
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Capitulo 8
...Durante las dos semanas de luna de miel…...
Santiago
Los días pasan sin fallas, sin grietas, sin cambios, todo fluye con una naturalidad casi perfecta, desayunos tranquilos, salidas planeadas, cenas impecables, y en medio de todo… Valeria, siempre Valeria, riendo, participando, disfrutando cada detalle como si este viaje fuera exactamente lo que soñó, está feliz, pero no una felicidad contenida, real, visible, constante.
—¿Te gusta este lugar? —le pregunto una tarde, mientras caminamos junto al mar.
Ella sonríe sin dudar, se acerca más a mí, enlaza su brazo con el mío.
—Me encanta.
Su tono es ligero, sincero, sin esfuerzo, y eso elimina cualquier duda.
Valeria
Camino a su lado, acompaso mis pasos a los suyos, dejo que vea lo que necesita ver, no hay tensión en mis hombros, no hay distancia en mis gestos, todo es suave, todo es natural.
—Deberíamos volver algún día —digo.
Lo miro, sostengo la sonrisa, perfecta.
Santiago
Asiento.
—Claro.
Y lo digo convencido, porque ella lo está, porque se nota en la forma en que habla, en cómo se acerca, en cómo me mira, no hay reservas, no hay frialdad, no hay nada que sugiera otra cosa, solo… satisfacción.
Valeria
Las noches son cálculo, pausas exactas, límites invisibles, nunca lo suficiente para que dude, nunca demasiado para que cuestione, sonrío, hablo, me acerco… y me retiro cuando es necesario, pero hay algo más, algo que él no ve, algo que ella sí.
El teléfono en mi mano, la cámara abierta, un ángulo cuidado, una imagen perfecta, Santiago a mi lado, cercano, convincente, exactamente como necesita verse.
Tomo la foto, otra más, una risa suave, un gesto íntimo, nada explícito, pero suficiente, más que suficiente.
Abro el chat.
Camila.
Adjunto las imágenes, sin texto al principio, solo imágenes, de lo que ella cree que es suyo, de lo que nunca fue.
Escribo después.
—No tienes idea de lo feliz que estoy.
Envío.
Santiago
La observo mientras deja el teléfono a un lado, sonríe, tranquila, ligera, como si nada tuviera peso, como si todo fuera exactamente como debía ser.
—¿Todo bien? —pregunto.
Ella asiente.
—Perfecto.
Y le creo.
^^^Mientras tanto, en la ciudad…^^^
Camila
La oficina está llena de movimiento, teléfonos sonando, pantallas encendidas, voces cruzándose, Camila entra con paso firme, segura, impecable, como siempre.
—Ese evento no puede fallar —dice, dejando una carpeta sobre el escritorio—, revisa cada detalle.
—Sí, Camila.
Ella asiente apenas y sigue caminando.
Su oficina de vidrio refleja todo lo que ha construido, imagen, control, éxito, se sienta, cruza las piernas, y por primera vez en el día… se queda en silencio.
El teléfono vibra sobre la mesa.
Lo toma.
Ve el nombre.
Valeria.
Abre el mensaje.
Silencio.
Las imágenes.
Valeria.
Santiago.
Cercanos.
Cómodos.
Íntimos.
Felices.
Demasiado felices.
Aprieta el teléfono, su mandíbula se tensa.
Lee el mensaje.
—No tienes idea de lo feliz que estoy.
Sonríe, pero no es real.
—Claro… —murmura.
Deja el teléfono sobre la mesa, pero no lo suelta del todo, porque algo se rompe, pequeño, pero real, porque por primera vez… no tiene el control.
...Mientras tanto…...
Daniel
El informe está abierto sobre el escritorio, cada movimiento registrado, cada paso calculado, Daniel lo revisa sin prisa, con precisión, como siempre.
—Empieza mañana —dice.
Último día de la luna de miel…
Valeria
Estoy frente al espejo, el vestido cae perfecto, como siempre, ajusto un detalle mínimo, innecesario, respiro hondo, y sonrío, Santiago aparece detrás de mí.
Santiago
La observo en silencio, y no veo tensión, no veo dudas, no veo distancia, veo exactamente lo que esperaba ver desde el inicio, felicidad.
—Lista para volver —pregunto.
Valeria
Lo miro a través del reflejo, sostengo la mirada, suave, luminosa.
—Sí.
Santiago
Asiento, porque todo salió mejor de lo planeado, porque no hubo errores, porque ella… nunca sospechó.
Valeria
Sostengo su mirada un segundo más, sonrío, perfecta.
Porque ahora… no solo él está cayendo.
Ella también.