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Dos Vida, Un Solo Corazón

Dos Vida, Un Solo Corazón

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:906
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Julián deja su vida humilde y su familia al reencontrarse con Valeria, su amor millonario de la infancia, que lo manipula para separarlo de Mara y sus hijos Luca y Elena. Tras mudarse a la mansión, los conflictos, los secretos y los acosos en la escuela rompen la armonía. Mara se va con los niños, y Julián queda atrapado entre dos vidas hasta que el dolor de perderlos lo obliga a elegir. Al final, se aleja de Valeria, reconstruye su familia con honestidad, y los hijos también sanan y construyen relaciones sanas y respetuosas.

NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

— Vacío en la mansión y seducción

Julián regresó al mediodía, con la cabeza pesada y un mal presentimiento que no se le iba de la cabeza. La casa estaba en silencio, un silencio absoluto que le heló la sangre. Leyó la nota una y otra vez, como si las palabras pudieran cambiar, como si al leerlas otra vez descubriera que no era verdad. Corrió de habitación en habitación, abriendo puertas de golpe, esperando encontrarlos, esperando que fuera una broma de mal gusto. Pero no había nadie. Las camas estaban tendidas, los armarios vacíos, sus cosas ya no estaban donde siempre estuvieron. Llamó, mandó mensajes. Nada. Solo el silencio al otro lado de la línea.

—¿Se fueron? —preguntó Valeria, apareciendo en la puerta con expresión de consuelo, con los ojos muy abiertos como si ella también estuviera sorprendida—. Ay, Julián. Lo siento mucho. De verdad.

—¿Lo sientes? —gritó él, desesperado, pasándose las manos por el cabello—. Se fueron, Valeria. Se fueron por mi culpa. Por mi culpa y por todas las veces que no estuve, que no escuché, que los dejé solos.

—No digas eso —le dijo ella, acercándose despacio y tomándole las manos entre las suyas—. Tú no hiciste nada malo. Solo te esforzabas por darles lo mejor, por construirles un futuro. Si no saben valorarlo, si no entienden tus intenciones, es problema de ellos. No tuyo.

Julián se dejó caer en el sofá, cubriéndose la cara con las manos, sintiendo que se le caía el mundo encima. Valeria se sentó a su lado, le acariciaba la espalda con movimientos lentos y rítmicos, le hablaba bajito, como se le habla a un niño asustado.

—Crees estar solo ahora… —le susurró, pegando su voz a su oído—. Pero no estás solo. Yo estoy aquí. Siempre voy a estar aquí. Pase lo que pase.

Esa noche, él bebió mucho. Bebió para olvidar, para no pensar, para apagar la voz de su conciencia que le gritaba que debía haber ido tras ellos nada más ver la nota. Valeria se quedó con él. Le sirvió copa tras copa, se sentó a su lado, le consoló cuando él se quebró. Y cuando él estaba vulnerable, roto, sin fuerzas para pensar, se acercó más, llenando todo el espacio que los demás habían dejado.

—No pienses en ellas ahora —le dijo, besándole suavemente la sien, donde la piel se le había calentado por el alcohol—. Solo nosotros. Como antes. Como siempre debimos estar.

—Valeria… —murmuró él, confundido, con la mirada nublada y el corazón dividido entre el recuerdo de Mara y la presencia de ella.

—Shhh… —le pidió ella, y se sentó en sus piernas, despacio, con una naturalidad que parecía ensayada—. Déjate llevar. Te mereces algo bueno. Algo que no te pida nada a cambio. Algo que solo te dé paz.

Lo llevó a la habitación, apoyándolo con cuidado, como si fuera algo frágil que se podía romper. Se quitó la ropa despacio prenda por prenda con una mirada probocatiba, con la seguridad de quien sabe que va a ganar, de quien siente que el tiempo le ha dado la razón paso a paso. Lo acorraló contra la cama, lo miró a los ojos, sosteniéndole la mirada hasta que él bajó la suya.

—Mírame, Julián —le pidió con voz suave pero firme, tomándole la cara entre las manos—. Olvida todo. Olvida el pasado, olvida la nota, olvida la culpa. Solo nosotros. Ahora.

Tomó su rostro con las manos y lo besó apasionadamente, con la familiaridad de quien conoce cada rincón, cada gesto, cada respiración suya. Siguió a su cuello, a su pecho, recorriéndolo con una mezcla de recuerdo y posesión, siguió bajando más— recordando el tamaño y lo enorme que era—.desabrocho su cinturón, bajo sus prenda con una rapidez que Julián se sorprendió. tomó el miembrö y lo miró..fue directo con su lengua profesional..saboreando su esencia con ojos seductores, con la seguridad de quien cree haber recuperado lo que le pertenece. Julián solo se dejó llevar. Con la cabeza hacia atrás y sus manos dirigiendo con fuerza los movimientos de la cabeza de ella, lo sujetaba con tanta fuerza con movimientos rápidos y profundos hacia adelante y hacia atrás buscando en ese contacto algo que detuviera el dolor, que llenara el vacío que sentía en el pecho.

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