Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
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Capítulo 21: La Sombras del Continente
Tres semanas después de la purga de la familia Silva y la consolidación del control sobre el sur, la paz en la capital se mantenía bajo una disciplina férrea. Los casinos operaban al máximo de su capacidad, los muelles registraban récords de importación bajo la supervisión de los hombres de Alexey, y la firma Vanguard Capital manejaba el mercado bursátil con una precisión clínica.
Sin embargo, las noticias que llegaban desde la frontera norte amenazaban con alterar la estabilidad del nuevo imperio.
En la sala de operaciones del búnker táctico de Alexey, Iván desplegaba una serie de mapas satelitales que mostraban el avance de convoyes blindados a través de las provincias limítrofes.
—El Cartel del Norte, la organización más antigua del continente, ha movilizado a dos mil mercenarios hacia nuestras fronteras —explicó el oficial táctico, ajustando la proyección de la mesa holográfica—. El Don Supremo de la frontera, llamado el "General" Petrov, ha emitido un comunicado a las familias restantes: no reconocen la autoridad de la Sra. Silva ni la hegemonía de Alexey sobre la capital. Exigen la devolución de las rutas del sur o iniciarán una invasión a gran escala.
Alexey, sentado en la cabecera de la mesa con una escopeta de combate sobre las piernas, soltó un gruñido de desprecio.
—Petrov es un viejo chocheador que cree que sigue luchando la guerra fría en las estepas —comentó el capo—. Si pone un solo pie en mis fronteras, le devolveré a sus hombres en cajas de madera.
Victoria caminaba despacio alrededor de la mesa holográfica, vistiendo un conjunto de cuero negro y una bata de seda sobre los hombros. Sus ojos dorados examinaban la distribución de las tropas enemigas con una calma que desarmaba el nerviosismo de los mandos presentes.
—Petrov no es un viejo chocheador, Alexey —corrigió Victoria con voz serena—. Es un veterano de guerra que cuenta con el respaldo de los fabricantes de armas de Europa del Este. Su ataque no será un tiroteo callejero; será una invasión militar diseñada para aplastarnos bajo el peso del número.
—¿Sugerencias, mi Reina? —inquirió Alexey, mirándola con esa mezcla habitual de arrogancia y devoción.
—No esperamos a que crucen la frontera —sentenció Victoria, apoyando las palmas de las manos sobre la mesa y mirando a los oficiales con un brillo peligroso—. Nos adelantaremos. Iremos a su territorio, entraremos en su cuartel general en las montañas y ejecutaremos a Petrov antes de que sus tropas puedan recibir la orden de marchar.
Alexey se puso de pie, dejando la escopeta sobre la mesa y caminando hacia ella con una sonrisa salvaje.
—Un ataque quirúrgico en el corazón del norte... me gusta como piensas, Victoria. Prepararé las unidades de infiltración.
—No llevaremos unidades pesadas, Jefe —intervino ella, rozándole el pecho con la yema del dedo—. Solo tú, yo y diez de tus mejores hombres. El norte aprenderá que la cabeza del gigante se corta desde adentro.
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La expedición hacia las montañas del norte comenzó al caer la noche a bordo de un transporte aéreo privado sin marcas de identificación. El objetivo era la fortaleza de la Selva Negra, un antiguo complejo de búnkeres militares abandonados que Petrov había convertido en el centro de mando de su cartel.
El avión volaba a baja altura para evitar la cobertura de los radares de la frontera. En la cabina de pasajeros modificada, el ambiente era de una tensión helada. Los diez sicarios de elite seleccionados por Alexey revisaban sus fusiles de asalto con silenciador, mientras que el capo mafioso terminaba de ajustar las correas de sus chalecos tácticos.
Victoria permanecía en la zona de proa, concentrada en un ritual de purificación de sus canales mágicos. La sangre de su muñeca izquierda goteaba sobre una daga de aleación pesada, grabando símbolos de fuerza sobre el metal que brillaban con un tenue resplandor dorado.
Alexey se acercó a ella, sentándose en la banqueta lateral y ofreciéndole una cantimplora de agua fresca.
—Las montañas del norte están a diez grados bajo cero —comentó Alexey, observando el corte de su muñeca que se cerraba gradualmente—. Tu magia de sangre va a tener que trabajar el doble para mantener tu cuerpo caliente en medio de la nieve.
Victoria tomó la cantimplora, dio un sorbo y miró al magnate con una sonrisa tranquila.
—El frío no me asusta, bárbaro —dijo ella en voz baja—. En mi vida anterior, goberné imperios que estaban cubiertos por nieves eternas durante siglos. El frío es simplemente un elemento más que responde a mi voluntad. Lo que me preocupa es que te distraigas intentando protegerme en lugar de cuidar tus propios flancos.
Alexey se inclinó hacia ella, le sujetó la nuca con su mano enorme y le plantó un beso seco y profundo en los labios que hizo sonreír a los sicarios del fondo de la cabina.
—Protegerte no es una distracción, Victoria; es mi trabajo favorito —susurró el capo con la voz enronquecida—. Y si Petrov cree que puede tocarte un solo cabello en sus montañas, descubrirá por qué me llaman el Lobo de la metrópoli.
—Asegúrate de no aullar demasiado fuerte cuando entremos al búnker —bromeó ella, devolviéndole el beso con un mordisco provocativo en el labio inferior—. La cacería del General está por comenzar.
La luz verde de la cabina parpadeó, indicando que el transporte había alcanzado la zona de salto sobre los picos nevados del norte. La alianza entre la Emperatriz reencarnada y el Capo de la capital entraba en su fase más mortífera, dispuesta a aplastar al último obstáculo que se interponía entre ellos y el dominio total del continente.