Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 17
LA VERDAD NO PUEDE ESCONDERSE
La puerta permaneció abierta.
Nadie habló durante varios segundos.
Iván estaba frente a Elías con una carpeta en las manos.
Raiza permanecía detrás de su hijo.
Isabel había retrocedido hasta quedar junto a la pared.
Su rostro estaba pálido.
Sus manos temblaban.
Elías miró a Iván.
—¿Qué haces aquí?
Iván levantó la carpeta.
—Vine a hablar de cosas que ya no pueden seguir ocultándose.
Elías frunció el ceño.
—¿Qué cosas?
Iván entró lentamente a la casa.
—El dinero.
Miró a Raiza.
—Las cuentas.
Luego observó a Isabel.
—Y el atentado.
El silencio se apoderó de la habitación.
Raiza cruzó los brazos.
—No sé de qué estás hablando.
Iván la miró directamente.
—Entonces no tendrás problemas en responder algunas preguntas.
Raiza no respondió.
Elías cerró la puerta.
—Habla.
Iván colocó la carpeta sobre la mesa.
La abrió lentamente.
Dentro había copias de documentos bancarios.
Fotografías.
Registros.
Y varios informes.
Elías comenzó a revisar los papeles.
Su expresión cambió.
—¿De dónde sacaste esto?
Iván no respondió.
—Eso no es importante.
Isabel se acercó.
—¿Qué son?
Iván tomó una de las hojas.
—Transferencias de dinero realizadas desde cuentas relacionadas con la empresa.
Raiza palideció.
Elías levantó la mirada.
—Estas son las mismas transferencias que aparecieron en la auditoría.
Iván asintió.
—Sí.
—¿Y qué tienen que ver con ellas?
Iván señaló uno de los documentos.
—Esta cuenta pertenece a Raiza.
La mujer retrocedió.
—Eso no significa que yo haya robado.
Iván tomó otro documento.
—Y esta cuenta recibió dinero de otra empresa creada a nombre de un tercero.
Elías miró el nombre.
Su rostro perdió el color.
—Isabel.
La habitación quedó completamente en silencio.
Elías se volteó lentamente hacia su hermana.
—¿Qué significa esto?
Isabel comenzó a negar.
—No sé nada.
Iván levantó una fotografía.
—Entonces explícame por qué apareces entrando varias veces a la oficina privada de Elías.
Isabel sintió miedo.
—Yo...
—¿Qué hacías allí?
Elías levantó la voz.
—¡Respóndeme!
Raiza intervino inmediatamente.
—¡No tienes derecho a hablarle así!
Elías se volteó hacia su madre.
—¡Mamá, basta!
Raiza quedó inmóvil.
Elías respiró profundamente.
—Estoy cansado.
Miró los documentos.
—Estoy cansado de proteger secretos.
Iván observó a Elías.
Por primera vez parecía realmente arrepentido.
Pero todavía faltaba una verdad mucho más peligrosa.
Iván tomó otro documento.
—Hay algo más.
Isabel levantó lentamente la mirada.
—¿Qué?
Iván colocó una fotografía sobre la mesa.
Era una imagen tomada por una cámara cercana a la escuela.
Todos se acercaron.
En la fotografía se veía un automóvil.
Isabel observó la imagen.
Y palideció.
Elías notó su reacción.
—¿Qué pasa?
Isabel intentó mantener la calma.
—No sé.
Iván señaló el vehículo.
—Este automóvil estuvo estacionado cerca de la escuela el día del ataque.
Raiza frunció el ceño.
—¿Y qué tiene que ver con nosotros?
Iván tomó otro documento.
—Está registrado a nombre de una persona llamada Martín.
Elías recordó inmediatamente aquel nombre.
—Martín...
Iván asintió.
—El mismo hombre vinculado con Gissela.
Isabel cerró los ojos.
—No.
Iván se volteó hacia ella.
—¿Lo conoces?
—No.
La respuesta fue inmediata.
Demasiado rápida.
Iván la observó.
—Piénsalo bien.
Isabel permaneció en silencio.
Elías dio un paso hacia ella.
—¿Conoces a Martín?
—¡No!
Pero esta vez su voz tembló.
Iván tomó su teléfono.
—Porque tenemos un registro de llamadas.
Isabel abrió los ojos.
—¿Qué?
—Una llamada realizada desde tu número.
Raiza se acercó rápidamente.
—Eso puede ser falso.
Iván la miró.
—No lo es.
Elías tomó el teléfono de Iván.
Observó los datos.
Su rostro se volvió serio.
—Isabel...
Ella comenzó a llorar.
—Yo no hice nada.
—¡¿Por qué llamaste a Martín?!
Isabel retrocedió.
—Yo solo...
Elías levantó la voz.
—¡¿Solo qué?!
Pero antes de que Isabel respondiera...
alguien golpeó la puerta.
Todos se quedaron inmóviles.
Iván caminó lentamente.
Abrió.
Era Nayid.
Nayid entró con el rostro serio.
Miró a Elías.
Luego a Raiza.
Finalmente a Isabel.
Pero cuando vio a Iván, permaneció en silencio.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Elías.
Nayid respiró profundamente.
—Vine a hablar.
Elías cruzó los brazos.
—¿Sobre qué?
Nayid miró a Iván.
—Sobre mi madre.
El silencio regresó a la habitación.
Gissela.
Elías cerró los ojos.
—¿Qué pasó?
Nayid sacó un pequeño sobre.
—Encontré esto.
Lo dejó sobre la mesa.
Iván abrió el sobre.
Dentro había copias de movimientos bancarios.
Elías observó.
—¿Qué es esto?
Nayid bajó la mirada.
—Pagos realizados a Martín.
Raiza quedó inmóvil.
Elías levantó lentamente la mirada.
—¿Gissela le pagó?
Nayid asintió.
—Sí.
El silencio fue absoluto.
Iván tomó los documentos.
—¿Sabes para qué?
Nayid tardó en responder.
—Mi madre me dijo que solamente quería asustar a la esposa de Alejandro.
Elías apretó los puños.
—¿Asustarla?
Nayid cerró los ojos.
—Eso dijo.
Iván observó los documentos.
—¿Y tú le crees?
Nayid no respondió.
—No lo sé.
Por primera vez...
Nayid parecía completamente perdido.
Había pasado años creyendo que su madre siempre estaba de su lado.
Pero ahora comenzaba a descubrir una realidad mucho más oscura.
—Yo no sabía nada —dijo finalmente—. Te lo juro.
Elías lo miró.
—¿Por qué vienes a decirnos esto?
Nayid levantó la mirada.
—Porque Alejandra casi pierde a su madre.
Aquellas palabras hicieron que Elías guardara silencio.
Nayid continuó.
—Y porque mi mamá me enseñó a odiar a personas que ahora sé que no son mis enemigos.
Elías sintió un profundo dolor.
—Nayid...
—No.
El joven negó.
—Todavía no quiero escucharte.
Elías bajó la mirada.
Nayid se acercó a Iván.
—Si necesitan mi declaración...
Hizo una pausa.
—Estoy dispuesto a colaborar.
Iván lo observó.
—Eso puede ser difícil.
Nayid asintió.
—Lo sé.
—Podría afectar a tu madre.
Nayid cerró los ojos.
—Ella tomó sus decisiones.
Elías quedó inmóvil.
Aquellas palabras eran exactamente las mismas que él comenzaba a comprender sobre su propia vida.
Todos tendrían que enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
Mientras tanto, Gissela se encontraba sola en su casa.
Caminaba desesperadamente.
Sabía que Nayid había descubierto los documentos.
Sabía que Iván estaba investigando.
Y sabía que la esposa de Alejandro podía reconocerla.
Su teléfono comenzó a sonar.
Era Martín.
Gissela respondió inmediatamente.
—¿Dónde estás?
—Tenemos un problema.
—¡Ya lo sé!
—No, señora.
La voz del hombre era nerviosa.
—No entiende.
Gissela se detuvo.
—¿Qué pasó?
—Hay alguien que quiere hablar.
—¿Quién?
Hubo un silencio.
—Isabel.
Gissela abrió los ojos.
—¿Isabel?
—Sí.
—¿Por qué?
—Dice que quiere hacer un trato.
Gissela apretó el teléfono.
—¿Qué clase de trato?
—No lo sé.
Gissela cerró los ojos.
Todo comenzaba a tener sentido.
Isabel conocía a Martín.
Y si Isabel estaba intentando hacer un trato...
entonces quizás el atentado no había sido únicamente idea de Gissela.
En la casa de Raiza, Iván seguía observando a Isabel.
—Dime la verdad.
Isabel comenzó a llorar.
—Yo no quería que nadie resultara herido.
Elías cerró los ojos.
—¿Qué significa eso?
Isabel negó rápidamente.
—Yo solo quería ayudar.
Iván se acercó.
—¿Ayudar a quién?
Isabel permaneció en silencio.
—¿A Gissela?
Isabel levantó la mirada.
Raiza quedó sorprendida.
—¿Qué?
Elías miró a su hermana.
—¿Conocías a Gissela?
—No.
—¡Mientes!
Elías golpeó la mesa.
Isabel comenzó a llorar.
—Yo solo hablé con ella una vez.
Iván frunció el ceño.
—¿Cuándo?
—Después de que Elías salió de la clínica.
Elías quedó inmóvil.
—¿Para qué?
Isabel respiró profundamente.
—Porque ella quería saber cosas sobre Analia.
Raiza levantó la voz.
—¡Isabel!
Pero Iván levantó una mano.
—Déjala hablar.
Isabel comenzó a temblar.
—Gissela quería saber dónde estaba Analia.
—¿Y tú le dijiste?
Isabel cerró los ojos.
—Sí.
Elías sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué hiciste?
—Yo no sabía lo que iba a pasar.
—¡Pero sabías que quería hacer daño!
—¡Yo pensaba que solo quería asustarla!
Elías dio un paso atrás.
Por primera vez...
miró a su hermana como si fuera una desconocida.
En ese momento, Araceli llegó a la casa.
Al entrar, vio a Nayid.
Luego a Iván.
Después observó los documentos.
—¿Qué está pasando?
Nadie respondió inmediatamente.
Araceli miró a su padre.
—Papá.
Elías bajó la mirada.
—No ahora.
—¡No!
Araceli levantó la voz.
—Esta vez sí quiero saber.
Miró a Raiza.
—¿Qué hicieron?
Raiza permaneció en silencio.
Araceli comenzó a comprender.
—¿Tiene que ver con mi cuñada?
Isabel comenzó a llorar.
Araceli abrió los ojos.
—No...
Elías se acercó a su hija.
—Araceli...
—¡No me mientas!
Miró a Isabel.
—¿Tú sabías algo?
Isabel bajó la mirada.
Araceli sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—¿Cómo pudieron?
Raiza intentó acercarse.
—Araceli...
—¡No!
Araceli retrocedió.
—¡Primero ayudaron a mi papá a engañar a mi mamá!
Miró a Elías.
—¡Y ahora descubro que siguen intentando destruir nuestra familia!
Elías cerró los ojos.
—Lo siento.
Araceli lo miró con dolor.
—¿Por qué recién ahora dices que lo sientes?
Elías no pudo responder.
Araceli miró a Raiza.
—Usted es mi abuela.
Luego miró a Isabel.
—Y tú eres mi tía.
Su voz se quebró.
—Se supone que deberían protegernos.
Raiza permaneció en silencio.
Araceli continuó.
—Pero ustedes solo han destruido.
Las palabras quedaron suspendidas en la habitación.
Nadie se atrevió a responder.
Mientras tanto, en la clínica, Alejandro recibió una llamada.
Era el médico.
—Señor Alejandro, su esposa está más estable.
Alejandro cerró los ojos.
—Gracias.
—Pero hay algo importante.
Alejandro volvió a tensarse.
—¿Qué ocurre?
—Ella ha recuperado algunos recuerdos.
Alejandro se levantó inmediatamente.
—Voy para allá.
Cuando llegó a la habitación, encontró a su esposa despierta.
Alejandra estaba sentada junto a la cama.
—Mamá.
La mujer sonrió débilmente.
—Mi amor.
Alejandra tomó su mano.
—Te extrañé.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de su madre.
—Yo también te extrañé.
Alejandro se acercó.
—Amor.
Ella levantó la mirada.
—Necesito decirte algo.
Alejandro tomó su mano.
—¿Qué recuerdas?
La mujer cerró los ojos.
Intentando recordar.
—Escuché una voz.
Alejandro se inclinó hacia ella.
—¿De quién?
Ella abrió lentamente los ojos.
—Era una mujer.
Alejandro quedó inmóvil.
—¿Gissela?
Ella negó.
—No.
Alejandro frunció el ceño.
—Entonces, ¿quién?
La mujer comenzó a temblar.
—No vi su rostro.
—¿Pero reconociste la voz?
Ella asintió lentamente.
—Sí.
Alejandro sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
—¿Quién era?
La mujer miró hacia la puerta.
Luego volvió a mirar a Alejandro.
Y susurró un nombre.
Alejandro quedó completamente inmóvil.
—No puede ser...
Esa misma noche, Iván recibió una llamada.
Escuchó atentamente.
Su rostro cambió.
Analia, que estaba junto a él, se preocupó.
—¿Qué sucede?
Iván colgó.
—Martín desapareció.
Analia sintió un escalofrío.
—¿Cómo que desapareció?
—Su teléfono está apagado.
—¿Crees que escapó?
Iván negó lentamente.
—No.
Analia lo miró.
—Entonces, ¿qué pasó?
Iván observó hacia la oscuridad de la calle.
—Creo que alguien quiere asegurarse de que Martín no hable.
Analia sintió miedo.
Porque si Martín desaparecía...
alguien estaba intentando borrar las últimas pruebas.
Y esa persona...
podía estar mucho más cerca de ellos de lo que imaginaban
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.