💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 9: Una llamada inesperada
Llegué a mi casa después de un día bastante movido. Apenas entré, saludé a mis papás y dejé el bolso sobre una silla.
—¿Cómo le fue, mijo? —preguntó mi mamá.
—Bien, ma. Cansado, eso sí.
Me senté a comer algo porque tenía bastante hambre. Mientras cenaba, intentaba concentrarme en la conversación de mis papás, pero mi cabeza estaba en otro lado.
No podía dejar de pensar en ella.
En su mirada.
En aquella pequeña conversación que habíamos tenido.
Y en la sonrisa que me había regalado cuando le pedí su número.
Terminé de comer y subí a mi habitación.
Cerré la puerta, me puse ropa cómoda y me acosté en la cama.
Miré el techo.
—Ave María, pues... ¿qué me está pasando?
Tomé el celular.
Abrí mis contactos.
Ahí estaba su nombre.
Me quedé mirando la pantalla durante varios segundos.
Quería escribirle, pero tampoco quería parecer desesperado.
—Bueno, Damián, escríbale normal. No vaya a salir con una bobada.
Finalmente abrí el chat.
Escribí:
"Hola, bonita. ¿Cómo estás? ¿Ya estás en casa?"
Lo pensé dos veces antes de enviarlo.
Finalmente presioné enviar.
Pasaron unos minutos.
Yo miraba el celular cada rato.
—Relájese, pues.
Entonces llegó una respuesta.
Valentina: "Hola, Damián. Sí, ya estoy en mi casa. ¿Y tú?"
Sonreí.
Damián: "También. Acabo de llegar. ¿Cómo estuvo tu tarde?"
Valentina: "Bien, aunque terminé cansadita."
Damián: "Entonces te voy a hacer una pregunta importante."
Valentina: "¿Cuál?"
Damián: "¿Me dejas llamarte?"
Pasaron unos segundos.
Valentina: "Jajajaja, sí."
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
La llamé.
—¿Aló?
Escuché su voz.
—Hola, Damián.
—Hola, Vale. ¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien también. Aunque te voy a decir algo.
—¿Qué cosa?
—Tu voz es diferente a como me la imaginaba.
Ella se rio.
—¿Y cómo te la imaginabas?
—No sé, pues. Pero me gusta.
—Ay, no sea así.
—¿Así cómo?
—Tan hablador.
Me reí.
—Pues yo soy así. Espere a que me conozca bien.
—¿Y usted siempre habla tanto?
—No. Solamente cuando estoy nervioso.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Estás nervioso? —preguntó ella.
—Un poquito.
Valentina soltó una carcajada.
—¡Ay, Damián!
—¿Qué?
—Pensé que usted era más serio.
—Pues vea que no.
Seguimos hablando.
Me contó algunas cosas sobre su día y yo le conté cómo había sido mi llegada a Barranquilla.
—Yo todavía extraño Manizales —le dije—. Allá uno sale y siente ese frío sabroso.
—¡Ay, no! Yo no podría vivir con tanto frío.
—¿Ah, no?
—No, señor. Yo soy de calorcito.
—Pues entonces está en el lugar correcto.
Ella se rio.
—Eso sí.
Poco a poco la conversación se volvió más natural.
Ya no parecía que fuéramos dos personas que apenas se estaban conociendo.
Yo hacía algún comentario y ella se reía.
Ella contaba alguna historia y yo terminaba riéndome también.
En un momento escuché que su risa se hacía más fuerte.
—¿Te estás riendo de mí? —pregunté.
—¡Sí!
—¡No, pues! Yo aquí tratando de caerle bien y usted burlándose.
—Es que usted sí sale con unas cosas.
—Bueno, al menos te hice reír.
—Eso sí.
Sonreí.
No podía verla, pero podía imaginar su sonrisa al otro lado del teléfono.
La llamada continuó durante bastante tiempo.
Finalmente Valentina dijo:
—Damián, creo que ya debería dormir.
—Sí, tienes razón.
—Me gustó hablar contigo.
Aquellas palabras me hicieron sonreír.
—A mí también me gustó hablar contigo, Vale.
—Buenas noches.
—Buenas noches, bonita. Descansa.
—Tú también.
La llamada terminó.
Dejé el celular sobre la cama y me quedé mirando el techo otra vez.
Pero esta vez estaba sonriendo.
Había terminado el día pensando en ella.
Y ahora iba a dormir pensando todavía más.
No sabía qué iba a pasar entre nosotros.
Tampoco quería apresurar las cosas.
Pero había algo que tenía muy claro:
Quería volver a escuchar su risa.