Lucía lleva veinte años casada con Mariano. Juntos construyeron un hogar, criaron dos hijos y compartieron una vida llena de sacrificios, sueños y momentos inolvidables. Pero cuando él comienza a distanciarse y aparece Sofía, su joven asistente, Lucía descubre la dolorosa verdad: su marido le es infiel.
Destrozada, pero pensando en sus hijos, en su familia y en los años compartidos, decide darle una segunda oportunidad. Mariano promete cambiar. Ella vuelve a confiar en él y lucha por reconstruir su matrimonio.
Pero algunas promesas duran menos que las lágrimas que provocan.
Cuando Lucía descubre que Mariano nunca terminó realmente su relación con Sofía, comprende que ya no puede seguir viviendo entre mentiras. Esta vez no habrá otra oportunidad.
Frente a la traición, tendrá que elegir entre seguir siendo la mujer que sostiene un matrimonio roto o convertirse en la mujer que finalmente se elige a sí misma.
Porque cuando la confianza muere, el amor ya no puede salvarlo todo.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El reto a la cara
—Mariano… ven aquí, quiero hablar contigo.
Su voz baja, serena, pero con una firmeza que nunca antes había escuchado en ella, lo detuvo en seco cuando ya ponía un pie fuera de la cocina. Él giró despacio, con esa impaciencia que siempre usaba para restarle importancia a todo lo que ella sentía, y se acercó unos pasos:
—¿Qué? ¿Qué pasa ahora, Lucía? ¿Ya encontraste otra cosa de qué quejarte?
Ella no se movió del sitio, lo miró directo a los ojos hasta hacerlo bajar un poco la mirada, y cada palabra salió clara, pesada, cargada de todo lo callado durante meses:
—A esa… que te aparta de mí, que me roba tu tiempo, tu alma y tu cuerpo… ve y dile.
Mariano soltó una risa corta, agresiva y a la defensiva al instante:
—¿De qué estás hablando, mujer? ¿Otra vez con tus celos? ¿Otra vez inventando cosas absurdas donde no hay nada? Siempre lo mismo, siempre imaginas historias para hacerme la vida imposible.
Lucía no se inmutó. No gritó. Solo sostuvo su mirada más fuerte que él:
—Mariano… no soy estúpida. A esa… a la que tratas como si fuera una princesa, a la que nunca le pides cuentas ni nada difícil, que solo te da sonrisas unas horas al día mientras yo cargo el resto… a esa ve y dile tú.
—¿Pero qué estás diciendo realmente? —preguntó él, perdiendo la burla y empezando a ponerse tenso de verdad.
Ella dio un paso hacia adelante:
—Que venga.
—¿Que venga… qué? ¿Qué se te ocurre ahora?
—Dile que venga y me enfrente cara a cara, de mujer a mujer. Que tenga valor para ponerse frente a mí si es que de verdad te quiere tanto como dice. Si es que de verdad se muere por ti, que lo demuestre aquí mismo, sin esconderse detrás de mensajes ni horarios de oficina.
Él dio un paso atrás, con la cara endurecida por el miedo disfrazado de rabia:
—Estás completamente loca, Lucía. No es nada de lo que te imaginas, te juro que lo estás viendo todo mal… no hay nada entre nosotros como crees.
Ella no respondió con palabras dulces ni ruegos. Tenía en la mano la taza de té caliente que le había servido minutos antes: con un movimiento rápido, firme y decidido, le lanzó el contenido justo a la cara. El líquido corrió por su rostro, empapó su camisa impecable, y él se quedó paralizado, boquiabierto, sin saber qué hacer primero.
—¡Mariano! —le gritó entonces, con toda la furia, todo el dolor y toda la dignidad acumulada— ¡Ya no me trates como si fuera tonta! ¡Crees que no me doy cuenta de nada? ¡Crees que no veo cada cambio en ti, cada mentira, cada paso que das lejos de nosotros! He aguantado meses enteros… me callé por los hijos, por la casa, por todo lo que construimos juntos, por veinte años que no merecían terminar así de golpe… pero ya no. Se acabó la paciencia, se acabó el silencio, se acabó que tú decidas cuánto me vales o no. Esto se termina aquí, Mariano. Quiero el divorcio.
El silencio cayó entonces más fuerte que cualquier grito. Mariano se quedó inmóvil, con la cara mojada, la respiración entrecortada, sin decir una sola palabra. Por primera vez en todo este tiempo… no tuvo excusa lista. No pudo negar nada. Solo supo quedarse callado: porque sabía que ella no amenazaba por miedo. Decidía por fin libremente.
MUCHO RELATO, MUCHA EXPLICACION. ABURRE TANTA LETRA, ESCRITORA HAGA MAS CORTA LAS SECUENCIAS..!!!