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Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:153.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17: Deudas de juego

No estuve ahí para verlo, y durante mucho tiempo ni siquiera lo sospeché. Mientras yo guardaba la pulsera de mi abuelo en el cajón de mi buró esa misma noche, dos colonias más allá, mi prima Daniela cerraba una puerta de manera muy distinta: la de un casino privado en Santa Fe, con una deuda que ya no podía seguir escondiendo. Lo até después, cabo por cabo, con lo que se supo cuando ya era demasiado tarde para que le sirviera de algo negarlo.

Llevaba semanas jugando ahí casi todas las noches, apostando lo que no tenía con la esperanza necia de recuperar de un solo golpe lo que había perdido en veinte. Verme a mí recuperar la mansión, el apellido, hasta el respeto de la gente que antes la trataba como "la prima buena" mientras a mí me miraban con lástima, le quemaba algo por dentro que nunca aprendió a nombrar. Apostar era, para Daniela, la única forma que conocía de sentir que todavía controlaba algo, aunque cada mesa la dejara con menos control del que tenía antes de sentarse.

—Doscientos mil, señorita Linares —le dijo uno de los cobradores del casino, un hombre de traje entallado y sonrisa profesional, la última noche que le permitieron jugar sin pagar—. Y no es una sugerencia. Sabemos dónde vive su familia.

Daniela salió de ahí con las manos temblando, sin poder llamar a su padre —tío Raúl ya tenía suficientes problemas propios, y ella lo sabía mejor que nadie— ni a nadie que no fuera a juzgarla primero y ayudarla después, si es que llegaba a ayudarla. Pasó dos noches sin dormir, calculando y recalculando una cifra que no le cuadraba de ninguna manera, mirando el teléfono cada vez que sonaba con miedo de que fueran ellos otra vez.

En la mansión, durante la cena, tío Raúl le preguntó dos veces si le pasaba algo, con la boca llena y sin dejar de ver el noticiero.

—Nada, papá —contestó, empujando la comida de un lado a otro del plato sin llevársela a la boca—. Cansancio, nomás.

Él no insistió. Nunca insistía cuando la respuesta le convenía, y esa noche, con sus propios problemas legales encima gracias a mí, le convenía más que nadie no tener que resolver también los de su hija.

—————

Bianca se enteró de la deuda por una amiga común, de esas que circulan entre los mismos salones y los mismos chismes desde niñas. Llevaba semanas buscando una manera de golpear a Renata sin que su nombre apareciera en ningún lado, y la noticia le cayó como caída del cielo.

—Pobre Daniela —le dijo a esa amiga, con la voz llena de una compasión que no sentía—. ¿Y nadie la puede ayudar?

Consiguió el número esa misma tarde y no perdió tiempo.

Se vieron en un café discreto de Santa Fe, de esos con mesas separadas por biombos donde nadie ve la cara de nadie. Daniela llegó con los ojos hinchados de no dormir; Bianca, impecable, con esa sonrisa que reservaba para las cámaras y para el momento exacto en que necesitaba que alguien confiara en ella.

—Supe lo de tu problema —le dijo, tomándole la mano por encima de la mesa con una ternura calculada—. Qué feo que tu familia no te apoye en algo así.

—No es que no me apoyen —dijo Daniela, a la defensiva—. Es que no puedo decirles.

—No tienes que decirles nada —contestó Bianca—. Yo puedo pagar esa deuda hoy mismo. Completa.

Daniela levantó la vista, con una mezcla de esperanza y desconfianza que Bianca conocía bien; la había visto antes en la cara de mucha gente, justo antes de comprarla.

—¿Y a cambio de qué?

—De un pequeño favor —dijo Bianca, sin dejar de sonreír—. Nada que no puedas hacer.

—¿Qué tipo de favor?

Bianca se recostó en la silla, jugando con la cucharita de su café, tomándose su tiempo antes de contestar, como si disfrutara el momento exacto en que Daniela ya no tenía forma de negarse sin quedar peor de lo que ya estaba.

—Ya te lo voy a hacer saber. Cuando sea el momento.

—Bianca, necesito saber en qué me estoy metiendo.

—¿Necesitas saberlo, o necesitas los doscientos mil pesos fuera de tu vida antes del viernes? —preguntó Bianca, con una calma que no dejaba lugar a discusión—. Porque a mí me sobra paciencia para esperar a que decidas. A esos hombres, no tanto.

—Te estás metiendo en salir de esa deuda sin que tu papá se entere y sin que esos hombres vuelvan a acercarse a tu casa —dijo, y por primera vez en toda la conversación algo helado le cruzó la voz, apenas un segundo, suficiente para que Daniela entendiera que la dulzura tenía un límite—. Eso es en lo que te estás metiendo.

Daniela se quedó callada, mirando el café que ya se le había enfriado en la taza. Pensó en su padre, en la cara que pondría si se enteraba; pensó en mí, en la rabia sorda que le crecía cada vez que me veía firmar documentos en la mansión que también debería haber sido suya; pensó, sobre todo, en los cobradores y en la dirección de su casa, que ya sabían de memoria.

—Está bien —dijo por fin, con la voz apenas audible—. Lo que sea. Págala.

Bianca sonrió, esta vez sin necesidad de fingir nada, y sacó el celular para hacer una llamada breve, casi aburrida, como quien liquida un trámite menor.

—Espera un mensaje esta noche —dijo el hombre al otro lado de la línea, y Bianca colgó sin despedirse—. Listo —le dijo a Daniela—. Mañana ya no le debes nada a nadie.

—————

Daniela salió del café con un alivio que no lograba sentir del todo limpio, como si el peso de la deuda se hubiera cambiado, no quitado, por otro peso distinto, más ligero por ahora, pero sin forma todavía. No sabía qué le iba a pedir Bianca, ni cuándo, ni qué tan lejos tendría que llegar para pagar el favor que acababa de aceptar sin condiciones. Se dijo a sí misma, en el auto, camino a la mansión, que cualquier cosa que Bianca pidiera no podía ser peor que la amenaza que acababa de quitarse de encima. Se equivocaba, y en el fondo, aunque no quisiera admitirlo, ya lo sabía.

Bianca, en cambio, subió a su auto con la satisfacción tranquila de quien acaba de comprar exactamente la pieza que le faltaba para el tablero que llevaba semanas armando en silencio. No pensó en Daniela ni un minuto más camino a casa. Repasó, en cambio, todo lo que sabía de mí: mis horarios, mi costumbre de andar sola cuando el asunto tenía que ver con la familia, la debilidad que nunca había logrado quitarme de encima por cualquier cosa que oliera a mi abuelo. Con esa mezcla, una prima resentida y una nieta sentimental, ya tenía material de sobra para armar una trampa que no dejara sus huellas por ningún lado.

Esa noche, mientras se quitaba las joyas frente al espejo, se permitió una sonrisa que no era ni dulce ni victimista, sino puramente satisfecha, la única que se guardaba siempre para cuando estaba completamente sola.

1
Ana Cortes
deberia cambiarle el título a la novela porque a pesar de todo lo que le hizo Mark a Renata ella si lo perdono y se caso con él muy larga la novela y muy estúpida la protagonista y credula hasta el final de muy poco le sirvió los tres años en la carcel
Ana Cortes
A Renata hay que hacerle un machitun porque por dios que le pasan desgracias como que me esta cansando de seguir leyendo
Ana Cortes
esta Renata ya se esta pasando de ingenua a estúpida creerle a su prima
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Daisy Mendez
ni yo tampoco, esta escritora como que no recuerda la secuencia de lo que ha escrito de la novela, hay muchas inconsistencias
Daisy Mendez
yo tampoco entiendo porque no saca a luz ese secreto de una vez, si con eso la desenmascara y prueba su inocencia
Romina
cayo redonditlo, patético
Ricarda Gomez
Me gustó este capítulo asta que por fin le dio donde le dolió a bianca🥰
Romina
si con todas las sospechas no entendiste... es que vivías en otro mundo
Mercedez Peréz
bueno deje su his


buenoo dejo su historia o mejor dicho lei muy poco y busque el ultimo capitulo para ver si algo cambio pero su protagonista igual de tonta bueno espero leer algo mejor de ud y no tan larga si no tiene un buen tema
Mercedez Peréz
pero escritora siempre lo mismo esta mujer ya cansa
Mercedez Peréz
ñla verfad ya cansa esta mujer es tonta o se ase no aprendio nada mucho bla bla y no ase nada
Mercedez Peréz
ssi es mary se supone que tendria que saber defenderse pero se ve que ez.bastante tonta..cualquiera la srrincona y no ase.nada no siempre la.vsn a defender. bueno leere.un.poco mas porque sigue.lo mismo dando buelta en lo mismo como va a.ser que descubrio tremendo robo del tio y quedo como aqui no paso nada
Olinda Elena Almeron Muñoz
No soy amiga de criticas negativas,pero realmente están pintando a los protagonistas como tarados mentales
Mercedez Peréz
bueno ya. bamos escritota como todas su protagonista empieza de nuevo con el y a otro con el ccuento.rdpero.que no y este equivocada
Romina
amiga 10 párrafos arriba decías que viajaron juntos 🤦🏻‍♀️
todavia no entiendp proqur sigo leyendo
Romina
haciéndose pasar?
vos te pasas de tarada
Romina
es evidente que la autora se olvidó que Daniela ya le había hecho lo mismo
Romina
corriendo ojo si tiene una bota por dios
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