Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 17
Jade llegó a Moncada Marine a primera hora de la mañana.
Había pasado buena parte del camino repasando mentalmente la propuesta que había preparado para la campaña. Aunque el contrato ya estaba firmado y Derek había aprobado su agencia, sabía perfectamente que aquella era apenas la primera etapa.
Ahora comenzaba el verdadero trabajo.
Llevaba una carpeta bajo el brazo y el teléfono en la mano mientras atravesaba la recepción del edificio.
Intentó caminar con seguridad, como siempre.
Nada de nervios.
Nada de pensar en el hombre que la esperaba en el piso superior.
Llegó hasta la oficina de Derek y llamó suavemente.
—Adelante.
Jade abrió la puerta.
Derek levantó la mirada desde su escritorio.
Durante un instante sus ojos se encontraron.
Ella sintió aquella pequeña corriente que aparecía cada vez que estaban demasiado cerca.
Pero no permitió que se reflejara en su rostro.
—Buenos días, señor Moncada.
—Buenos días, señorita Castillo.
Derek señaló la silla frente a su escritorio.
—Tome asiento.
Jade se sentó y colocó la carpeta sobre la mesa.
Derek observó el material que ella había preparado.
—¿Trajo la propuesta final?
—Sí.
Jade abrió la carpeta.
—He revisado nuevamente toda la información que recopilamos durante el viaje. También incorporé los datos que obtuvimos directamente de la tripulación y ajusté algunos puntos después de conocer el proceso de pesca desde el mar.
Derek la escuchaba atentamente.
Ella continuó.
—La campaña debe mostrar a Moncada Marine desde una perspectiva diferente. No quiero que el público vea solamente una empresa que comercializa productos del mar. Quiero mostrar el trabajo que existe detrás de cada captura.
Pasó una página.
—La gente debe conocer a las personas que hacen posible que el producto llegue hasta ellos. Los pescadores, los capitanes, la tripulación. El esfuerzo comienza mucho antes de que el producto llegue al consumidor.
Derek asintió.
—Continúe.
Jade señaló otra parte del documento.
—También quiero trabajar con imágenes reales de los barcos. Nada demasiado preparado. Quiero mostrar el movimiento, las redes, el proceso de recolección, el almacenamiento en las cámaras frigoríficas y el trabajo de la tripulación.
—¿Y la imagen de la marca?
—Debe transmitir confianza, calidad y experiencia.
Jade hizo una pausa.
—Pero también cercanía.
Derek levantó ligeramente una ceja.
—¿Cercanía?
—Sí.
Jade sostuvo su mirada.
—Moncada Marine lleva años en este sector. Eso es algo que no debemos esconder detrás de una campaña demasiado sofisticada. La experiencia es precisamente una de sus mayores fortalezas.
Derek tomó uno de los documentos y lo revisó.
—¿Y cómo piensa llevarlo a los medios?
Jade comenzó a explicarle la estrategia.
Habló de publicidad digital, contenido audiovisual, redes sociales, campañas dirigidas a diferentes públicos y una serie de piezas que permitirían mostrar el proceso de la empresa desde una perspectiva más humana.
Derek no la interrumpió.
La dejó hablar.
Y mientras lo hacía, volvió a sorprenderse de la seguridad con la que manejaba su trabajo.
Jade no estaba improvisando.
Cuando terminó, cerró lentamente la carpeta.
—Eso es todo.
Derek se reclinó en su silla.
—¿Quiere cambiar algo?
Jade parpadeó.
—¿Yo?
—Sí. ¿Hay algo de la propuesta que quiera modificar antes de comenzar?
Ella negó con la cabeza.
—No. Aunque si usted considera que hay algo que debería ajustarse...
Derek negó.
—Todo está muy claro.
Tomó la carpeta y la cerró.
—Ponga manos a la obra.
Jade sintió una satisfacción inmediata.
—Perfecto.
Guardó sus documentos.
—Comenzaré hoy mismo.
—Eso espero.
Jade se puso de pie.
—Entonces, si no necesita nada más, me retiro.
Derek también se levantó.
—Por supuesto.
Rodeó lentamente el escritorio.
Jade se mantuvo de pie frente a él.
—Gracias por su tiempo.
Derek extendió la mano.
—Gracias a usted por el trabajo.
Jade tomó su mano.
El contacto apenas duró un instante.
Pero para ambos fue suficiente.
Derek sintió la tensión recorrer el cuerpo de Jade.
Ella intentó mantener la expresión serena.
En lugar de soltar su mano, Derek la sostuvo unos segundos más.
Jade levantó la mirada.
—Señor Moncada...
Derek acercó su mano lentamente y depositó un beso sobre el dorso de ella.
El gesto fue elegante.
Sutil.
Pero la reacción de Jade fue inmediata.
Sintió aquel beso extenderse mucho más allá de su mano.
Como una corriente cálida que recorrió todo su cuerpo.
Su respiración se alteró apenas.
Derek lo notó.
Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Que tenga un buen día, señorita Castillo.
Jade retiró lentamente su mano.
—Igualmente.
Su voz sonó más firme de lo que se sentía.
Tomó su carpeta y caminó hacia la puerta.
No debía permitir que él notara cuánto la había afectado aquel gesto.
Abrió la puerta.
—Jade.
Ella se detuvo.
Miró por encima del hombro.
Derek la observaba.
—Nos veremos pronto.
Ella sostuvo su mirada durante un segundo.
—Seguramente.
Salió.
La puerta se cerró detrás de ella.
Jade comenzó a caminar por el pasillo con pasos tranquilos.
Su rostro estaba sereno.
Su postura era segura.
Nadie que la viera habría imaginado el caos que tenía en su interior.
Cuando llegó al ascensor, presionó el botón.
Las puertas se abrieron.
Entró.
Apenas quedaron cerradas, apoyó la espalda contra la pared y dejó escapar lentamente el aire.
Miró su mano.
Todavía podía sentir el beso.
—¿Por qué hace estas cosas?
El ascensor comenzó a descender.
Jade cerró los ojos.
No podía permitir que Derek siguiera desestabilizándola.
No podía.
Ella había ido allí como publicista.
Era su trabajo.
Nada más.
Y, sin embargo, aquel hombre conseguía convertir una simple despedida en algo capaz de hacer que su corazón se acelerara.
Cuando finalmente salió del edificio, caminó hacia la puerta principal.
Una vez estuvo fuera, se detuvo.
Miró hacia atrás.
Después respiró profundamente.
Por fin podía respirar sin sentir los ojos de Derek sobre ella.
Se llevó una mano al pecho.
—Tranquila.
Intentó recuperar completamente la compostura.
......................
Mientras tanto, en el interior del edificio, Derek permanecía junto a su escritorio.
Había visto a Jade marcharse.
Y una sonrisa lenta apareció en su rostro.
La forma en que había tensado la mano.
La pequeña alteración de su respiración.
La manera en que había intentado ocultar su nerviosismo.
Todo aquello no había pasado desapercibido para él.
Derek volvió a sentarse.
Miró hacia la puerta por donde ella acababa de salir.
—Muy pronto serás mía, Jade Castillo...
Se recostó en su silla.
Aquella seguridad seguía intacta.
Aunque todavía no comprendía que Jade podía ser mucho más difícil de conquistar de lo que imaginaba.
Y que, cuanto más intentaba convertir aquello en un simple juego de deseo, más complicado se volvía ignorar la influencia que ella empezaba a tener sobre él.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos