NovelToon NovelToon
El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:262
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA MARCA BLANCA.

Desde lo del bus, Mateo no había vuelto a dormir bien. No por miedo, sino porque cada vez que cerraba los ojos veía los tres puntos rojos del mapa moviéndose hacia su casa.

Al otro día llegó a la universidad más temprano que de costumbre. Jonás ya estaba en el salón, en la misma silla del fondo, con el mismo cuaderno lleno de círculos atravesados. Pero esta vez tenía ojeras mucho más marcadas, como si tampoco hubiera dormido.

—Oe —le dijo Mateo sentándose a su lado—. ¿Estás bien?

Jonás lo miró y sonrió, pero era una sonrisa sin ganas.

—Anoche los vi otra vez. A los huecos.

—¿Dónde?

—En mi edificio. Había uno parado frente a mi puerta. Sin cara. Solo parado ahí, como esperando que yo saliera. Llamé a la policía y cuando llegaron ya no había nadie, solo una mancha de algo negro en el piso que olía a quemado.

Mateo se quedó callado.

—A mí me pasó algo parecido en el bus —dijo para no quedarse callado—. Tres tipos se quedaron sin rostro.

—Te lo dije —respondió Jonás bajando la voz—. Son los que compraron la copia y no aguantaron. Se vaciaron. Ahora buscan a alguien lleno para llenarse.

La profesora entró y empezaron la clase de bases de datos, pero ninguno de los dos le paró bolas. Jonás dibujaba y Mateo miraba el dibujo.

Esta vez Jonás no dibujó una consola. Dibujó a Mateo sentado en un trono negro, con una marca que le subía por el cuello y con miles de sombras arrodilladas. Era idéntico a la visión que Mateo había tenido del final.

Mateo le quitó el lápiz.

—¿Por qué dibujas eso?

Jonás lo miró serio por primera vez.

—Porque te soñé. Anoche soñé contigo sentado ahí. Y tú me mirabas y me decías: vos no fuiste elegido.

Se hizo un silencio incómodo entre los dos. Mateo sintió que el corazón se le aceleró. No era posible que Jonás soñara eso si no tenía conexión con el Otro Lado.

Al terminar la clase, Mateo no se aguantó.

—Ven a mi casa —le dijo de repente—. Necesito mostrarte algo. Pero tienes que prometerme que no vas a decirle a nadie.

Jonás dudó un segundo. Normalmente no iba a la casa de nadie, no confiaba en la gente.

—¿Es sobre lo que hablamos?

—Sí.

—Listo.

Se fueron en bus. En el camino ninguno habló mucho. Mateo miraba por la ventana, pendiente de si veía a alguno de los huecos. Jonás iba con la capota puesta, mirando al piso, como si le diera pena que lo vieran con alguien.

Cuando llegaron a la casa de los Rivas, la mamá de Mateo no estaba, Héctor tampoco. Solo estaba la empleada en la cocina. Mateo subió directo a su cuarto con Jonás detrás.

El cuarto estaba como siempre, desordenado, con ropa en una silla y libros de programación por todos lados. Y en el escritorio, la consola negra, apagada, con el cable desconectado, como si fuera una consola vieja que no sirviera para nada.

Jonás se quedó parado en la puerta.

—Esa es...

—Sí —dijo Mateo—. La original.

Jonás no se acercó. Se quedó mirándola desde lejos, como si fuera un animal que podía morder.

—¿La has prendido?

—Todos los días.

—¿Y qué te muestra?

Mateo dudó. No le podía decir que le mostraba gente para matar.

—Me muestra cosas. Cosas que nadie más ve. Al principio pensé que era un juego.

Jonás dio un paso, solo uno.

—Yo tuve una igual —dijo—. Pero no era igual. La mía nunca me habló. Solo me mostraba cómo me moría. Por eso las empecé a copiar, para ver si a otro le hablaba.

—Tócala —le dijo Mateo sin pensar.

—¿Qué?

—Tócala. Quiero ver qué pasa.

Jonás negó con la cabeza.

—No puedo. Cuando toqué la mía por primera vez me dio una descarga y me desmayé tres días. Desde ahí me quedó esta cicatriz.

Se señaló la ceja.

—Hazlo —insistió Mateo—. Si tú eres como yo, no te va a pasar nada.

Fue una mezcla de curiosidad y de orgullo. Mateo quería saber si Jonás era como él. Si había otro elegido.

Jonás respiró hondo y se acercó al escritorio. Estiró la mano temblando y puso los dedos sobre la consola.

Por un segundo no pasó nada.

Después la consola vibró.

No fue una vibración normal de aparato eléctrico. Fue como si algo adentro se hubiera despertado enojado. Un zumbido grave que hizo que los vidrios de la ventana retumbaran.

Una luz blanca salió de las ranuras de la consola, no negra como siempre le salía a Mateo, sino blanca, brillante, que quemaba.

—¡Ah! —gritó Jonás y quitó la mano de golpe.

En la palma de su mano había quedado una línea delgada, blanca, como una quemadura, que le cruzaba desde la muñeca hasta el dedo del medio. No sangraba, brillaba.

Mateo miró su propio brazo por instinto. Su marca era negra y le subía por el antebrazo como una vena oscura. La de Jonás era igual pero invertida, blanca, como si fuera el negativo de una foto.

La consola se apagó sola de un golpe, y en la pantalla apareció un mensaje en rojo que Mateo nunca había visto:

"USUARIO NO COMPATIBLE. VÍNCULO RECHAZADO. MARCA DE ADVERTENCIA ASIGNADA."

Jonás se agarró la mano y retrocedió hasta la pared.

—Me quemó... me quemó la hijueputa...

—No era mi intención —dijo Mateo acercándose—. Yo pensé...

—No —lo interrumpió Jonás mirándolo con miedo de verdad, no con sorpresa, con miedo—. Ahora entiendo. Ahora entiendo todo.

—¿Qué entiendes?

Jonás se levantó, con la mano blanca escondida en el bolsillo.

—Tú eres el original. Tú eres el que estábamos esperando. Por eso los huecos te buscan. Por eso mi papá decía que cuando el Heredero apareciera, el resto íbamos a sobrar.

—¿De qué hablas?

—Mi papá no desapareció —dijo Jonás con la voz quebrada—. Mi papá se ofreció para ser el Heredero y la consola lo mató. Porque no era digno. Y a mí me dejaron vivo para que avisara cuando apareciera el que sí es digno. Yo no vendo copias porque quiero plata, las vendo porque me obligan. Porque si no las vendo, ellos me borran la cara a mí también.

Mateo no sabía qué decir. Todo lo que Zero había dicho encajaba. Jonás no era el villano, era el mensajero.

—Jonás...

—No te me acerques —dijo Jonás dando otro paso atrás—. ¿Tú sabes qué significa esa marca blanca? Me marcaron. Me marcaron como el que no sirve. Como los que sobran.

Se miró la mano y la línea blanca latía, como si tuviera pulso.

—Cuando la marca negra llega al corazón, te conviertes en rey —dijo recitando algo que le habían enseñado de niño—. Cuando la marca blanca llega al corazón, te conviertes en puerta.

—¿Puerta para qué?

—Para que ellos entren.

En ese momento la consola se volvió a prender sola, sin que nadie la tocara. No mostró un expediente. Mostró a Jonás, parado en el cuarto de Mateo, pero en la imagen Jonás no tenía rostro. Tenía la cara lisa, blanca, y detrás de él había una fila infinita de seres sin rostro esperando.

Mateo la apagó de un manotazo.

—¡Vete de aquí! —le dijo—. Vete ya.

Jonás no se hizo rogar. Salió corriendo del cuarto, bajó las escaleras de dos en dos y abrió la puerta de la calle sin despedirse.

Mateo se quedó solo, con la consola otra vez silenciosa y con la sensación de haber cagado todo por mostrarle algo que no debía mostrar.

Afuera, Jonás caminó tres cuadras sin parar, con la mano blanca metida en el bolsillo, llorando sin ruido. No lloraba de dolor, lloraba porque por primera vez en diez años había sentido miedo de verdad.

Miedo de Mateo.

Porque acababa de entender que Mateo no era su amigo. Mateo era el Heredero del Abismo que su papá le había dicho que nunca debía despertar. Y ya estaba despierto. Y ya tenía el 40% de la sincronización.

Sacó el celular y marcó un número que no marcaba hacía años. Un número que solo tenía guardado como PADRE.

—Ya lo encontré —dijo cuando contestaron—. Es un pelado de la universidad. Se llama Mateo Rivas. Es hijo de un detective.

Del otro lado se escuchó una voz vieja, cansada.

—Entonces empieza la fase dos.

Jonás colgó y se quedó mirando su mano blanca que cada vez brillaba más.

En la casa de los Rivas, Mateo se arremangó la camisa y vio que su marca negra había avanzado dos centímetros más desde que Jonás tocó la consola. Como si el rechazo de la consola a Jonás le hubiera dado más poder a él.

El Primer Guardián apareció sin que lo llamara.

—Le mostraste la llave a un impuro.

—No sabía que lo iba a rechazar.

—Ahora él sabe quién eres. Y él le dirá a otros.

—¿Debo matarlo?

El Guardián se quedó mirándolo.

—Esa es tu primera decisión como rey, no como juez. ¿Qué vas a hacer con el que te teme?

La consola mostró un expediente nuevo. No era de un asesino. Era de Jonás Marín, 25 años, acusado de fabricar y distribuir dispositivos HEX.

Al final la pregunta de siempre:

¿CULPABLE? SÍ / NO.

Mateo se quedó con el dedo sobre el control, temblando, sin poder darle a ningún botón.

Por primera vez desde que empezó a jugar, no quería juzgar.

CONTINUARA...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play