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Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1

—Son dos —dijo la Dra. Robledo, y giró la pantalla—. Mire: aquí, y aquí.

Yo había preparado preguntas para una mala noticia. Si el tratamiento había fallado, cuánto habría que esperar. Si volvía a sangrar, a quién debía llamar. Desde que perdí mi primer embarazo a las nueve semanas, entrar a ese consultorio era esperar a que alguien me pidiera que fuera fuerte.

No tenía ninguna pregunta para dos corazones.

—¿Los dos están vivos?

—Sí. Y por ahora evolucionan bien.

La doctora subió el volumen. Me quedé escuchando, con una mano sobre la boca, hasta que ella me acercó un pañuelo. Era octubre de 2025. Llevaba tres años casada y tanto tiempo sintiéndome un fracaso que no supe recibir aquella alegría sin pedir que me la confirmaran.

—¿Me puede imprimir una foto?

Robledo sonrió.

Salí con el ultrasonido todavía tibio entre los dedos. Quería encontrar a Rodrigo antes de que se fuera. Esa mañana había venido a la clínica por un asunto de la fundación; me lo había dicho en el coche, mientras contestaba mensajes. No había subido conmigo a la consulta.

Tal vez ahora sí quisiera verlos.

Pensé en mandarle una foto y decidí esperar. Quería estar enfrente cuando entendiera lo que eran aquellas dos manchas. Quería oírlo decir nuestros hijos. Después de tres años sin compartir una cama de verdad, yo todavía encontraba maneras de imaginarlo cerca.

La sala de juntas estaba junto a los elevadores. Reconocí su voz antes de ver la puerta entreabierta.

—Ámbar ya anda viendo cunas —decía—. Le dije que no comprara nada todavía.

Me detuve.

Ámbar Ríos. Su primer amor, según los chismes que mi suegra desmentía con demasiada prisa. La amiga de la familia que podía sentarse en mi lugar durante una cena y hacer que yo pareciera descortés por notarlo.

—¿Y dónde piensas ponerlas? —preguntó Nicolás Bracho—. Renata vive contigo.

—Hasta que nazcan. Después arreglo lo del divorcio.

El papel se dobló entre mis dedos.

Esperé. Necesitaba que la siguiente frase cambiara el sentido de aquella. Una explicación, una broma de mal gusto. Algo.

—No va a darte al bebé y largarse, Rodrigo.

—Con un acuerdo y suficiente dinero, sí. No tiene adónde ir.

—¿Ámbar está de acuerdo con criar al hijo de otra?

—Ámbar quiere una familia conmigo. Lo que no quiere es pasar por un embarazo. Ya sabes cómo se pone con su cuerpo, con su carrera… Esto nos resuelve a todos.

A todos.

Me apoyé en la pared, procurando que el tacón no rozara la puerta. Yo había firmado formularios, soportado la espera después de cada tratamiento, contado los días en que todavía no podía hacerme una prueba. Él había estado esperando otra cosa: que terminara y le entregara al bebé.

Dos bebés. Todavía no lo sabía.

—Tu abuela va a hacer un escándalo —dijo Nicolás.

—Por eso no se lo voy a decir ahora. Cuando tenga al niño en brazos, lo demás será más fácil.

—¿Y las inyecciones de tu mamá? ¿También son parte del acuerdo?

Oí el roce de una silla.

—No empieces con eso.

—Renata llega a tu casa todas las mañanas a que la piquen. La otra vez traía el brazo lleno de moretones.

Miré la marca que asomaba bajo mi manga. Había elegido ese lado para las últimas dosis porque el otro me dolía al dormir.

—Las de la casa son suero —dijo Rodrigo—. Tadeo lo sabe. Mi mamá quiere tenerla ahí, pendiente de nosotros, y a Renata le tranquiliza creer que está haciendo algo por el embarazo.

—¿Y tú la dejas?

—No le hace daño. Déjalo ya, Nico.

No dijo que no fuera cierto.

Recordé la bandeja sobre la mesa de la cocina, la voz de Ofelia preguntando si también ese día pensaba quejarme. Recordé haberle pedido a Rodrigo que me acompañara una mañana. “Son cinco minutos”, me había contestado, sin levantar la vista del teléfono.

Me había dado vergüenza insistir.

La puerta se movió un poco y di un paso atrás. No sabía cuánto tiempo podría seguir oyéndolos sin entrar. Quería ponerle el ultrasonido en la cara, obligarlo a mirarlo. También quería que me dijera que yo había entendido mal, y esa segunda necesidad me avergonzó más que la primera.

Si entraba ahora, él sabría que lo había escuchado. Yo apenas sabía qué creer.

Doblé la hoja con cuidado, esta vez por la mitad, y me alejé hacia la escalera.

En el descanso sonó mi teléfono. Doña Prudencia.

—Mija, ¿ya saliste? Herlinda dice que todavía no llegas.

La abuela de Rodrigo era la única persona de aquella casa que me llamaba para saber cómo estaba, sin añadir después un encargo. Me agarré del barandal antes de contestarle.

—Estoy saliendo de la clínica.

—¿Cómo te fue?

Miré los dos puntitos impresos. La noticia que había querido darles a todos de pronto me pareció algo que tenía que guardar.

—Bien. Estoy un poco cansada.

—Ven a comer conmigo. Descansas acá.

—En un rato llego, doña Prudencia.

Colgué antes de que notara que lloraba. Ella quería a su nieto. No sabía cuánto podría contarle sin que tratara de hablar con él para arreglarlo.

En el estacionamiento, cerré la puerta del coche y me quedé con las llaves en la mano. No podía manejar así. Esperé hasta dejar de mirar la rampa como si Rodrigo fuera a bajar corriendo a buscarme.

No bajó.

Abrí otra vez el ultrasonido. Nada de lo que acababa de oír cambiaba que yo los había querido desde antes de saber que existían. Ni que aquella mañana había sido feliz por ellos.

Pero ya no podía dar por cierta una sola explicación de mi marido.

Las inyecciones de la casa eran falsas. El diagnóstico que me había llevado a aceptar la fecundación in vitro lo había firmado el médico de su familia. Y en la clínica, Rodrigo entraba a salas donde yo nunca había estado.

Busqué el número de Robledo y dejé el dedo sobre la pantalla. Antes de llamar necesitaba saber qué preguntar, qué documentos pedir, a quién podía avisar ella.

Hasta esa mañana no había dudado del nombre escrito en el formulario del padre.

¿De quién eran, en verdad, estos niños?

1
Mar Sol
¡¡Ándale!! ¡¡Sin vergüenza!! Ofelia es malvada, ahora sí, se le callo el teatrito.
Mar Sol
Jerónimo ya se dió cuenta, que Renata es, V.
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! si Jerónimo cuida a Renata sin saber lo de los bebés, pues ahora más la va a cuidar, por que ya investigó quien lo va hacer padre.
Gloria...🇻🇪
La manzanilla no es buena para las embarazadas
Mar Sol
Rodrigo es un cretino, infiel, no merece ni un gramo de consideración de parte de Renata, afortunadamente, Jerónimo está pendiente de ella.
Mar Sol
Jerónimo, acertadamente se acercó a la persona que puede ayudar a su hermana.
Mar Sol
Horrible persona es Ofelia, necesita un escarmiento por entrometida y despreciable.
Mar Sol
Jerónimo se dió cuenta que ella es V.
Mar Sol
¡¡que horror!! Rodrigo es un poco hombre, Ofelia y Ámbar, son unas descaradas.
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