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Me Enamoré De Su Dolor

Me Enamoré De Su Dolor

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 10

La cocina permanecía en silencio.

Por primera vez desde que había llegado a la mansión Kivilcim, Denmet y Güner estaban solos sin que una discusión, una orden o un secreto interrumpiera el momento.

Güner permanecía de pie frente a ella.

Denmet esperaba.

Había sido él quien le había pedido que no se fuera.

Pero ahora parecía no encontrar las palabras.

—Pensé que necesitaba hablar contigo —dijo finalmente.

Denmet levantó una ceja.

—¿Y ahora?

—Ahora no sé cómo hacerlo.

Ella sonrió levemente.

—Eso es nuevo.

—¿Qué?

—Que el señor Kivilcim no sepa qué hacer.

Güner casi sonrió.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio.

Güner se acercó a una de las mesas y tomó una taza vacía.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Por qué estudias gastronomía?

Denmet se sorprendió.

—¿Eso es lo que querías preguntarme?

—Sí.

—Pensé que iba a ser algo más dramático.

—Lo siento por decepcionarte.

Denmet se sentó.

—Cuando era pequeña, mi madre siempre trabajaba demasiado.

Güner escuchaba atentamente.

—No teníamos mucho. A veces llegaba cansada y apenas tenía fuerzas para cocinar.

Denmet sonrió al recordar.

—Entonces yo intentaba ayudarla.

—¿Y eras buena?

—Terrible.

Güner levantó una ceja.

—Eso no me lo creo.

—Quemé una sopa.

—¿Cómo se quema una sopa?

—No quiero hablar de eso.

Güner soltó una carcajada.

Denmet lo señaló.

—Otra vez.

Él volvió inmediatamente a ponerse serio.

—No me reí.

—Esta vez sí lo admitiré. Definitivamente se rió.

—No tienes pruebas.

—Si Emre estuviera aquí, me apoyaría.

—Por eso me alegra que no esté.

Denmet volvió a sonreír.

Pero poco a poco su expresión cambió.

—La verdad es que cocinar se convirtió en algo importante para mí.

—¿Por qué?

—Porque era una forma de cuidar a mi madre.

Güner guardó silencio.

—Después descubrí que también podía ser una forma de cuidar a otras personas.

Ella levantó la mirada.

—La comida puede hacer que alguien se sienta menos solo.

Aquellas palabras tocaron algo dentro de Güner.

Denmet lo notó.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

—Otra vez.

Güner suspiró.

—No estoy acostumbrado a hablar de estas cosas.

—Entonces no hable.

—Pero quiero hacerlo.

Denmet se quedó inmóvil.

Güner bajó la mirada.

—Cuando Fraize murió, pensé que nunca volvería a sentir algo por nadie.

El nombre volvió a llenar el espacio entre ellos.

Pero aquella vez Denmet no hizo preguntas.

Solo escuchó.

—Primero sentí dolor.

Güner habló lentamente.

—Después rabia.

Sus manos se cerraron.

—Y finalmente...

Levantó la mirada.

—Nada.

Denmet sintió un nudo en la garganta.

—¿Nada?

—Me convertí en alguien que solo sabía trabajar.

—¿Porque era más fácil?

Güner asintió.

—Si trabajaba, no tenía tiempo para recordar.

—Pero siguió recordando.

Güner la observó.

—Sí.

—Entonces no funcionó.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Güner.

—No.

Denmet se acercó un poco.

—No tiene que olvidar para seguir viviendo.

La expresión de Güner cambió.

—No sabes de qué hablas.

—Tiene razón.

Denmet bajó la mirada.

—Nunca perdí a alguien como usted.

Güner permaneció en silencio.

—Pero sé que esconder el dolor no hace que desaparezca.

Aquellas palabras parecieron llegar directamente a él.

Güner se sentó frente a ella.

Por primera vez, no había distancia entre los dos.

—¿Por qué te importa?

Denmet levantó la mirada.

La pregunta la tomó por sorpresa.

—¿Por qué debería importarme?

—No me conoces.

—Eso es cierto.

—Entonces.

Denmet dudó.

¿Qué podía responder?

No quería admitir que, de alguna manera, aquel hombre había comenzado a importarle.

—Porque soy así.

Güner la observó.

—¿Así cómo?

—No me gusta ver sufrir a las personas.

Él sostuvo su mirada durante unos segundos.

—Eso puede ser peligroso.

Denmet sonrió.

—Lo sé.

—¿Y aun así lo haces?

—Aun así.

El silencio regresó.

Pero esta vez era diferente.

No era incómodo.

Era íntimo.

Güner extendió lentamente su mano sobre la mesa.

Sus dedos quedaron cerca de los de Denmet.

Ella contuvo la respiración.

Él también.

Estaban a punto de tocarse.

Pero la puerta se abrió bruscamente.

—¡Aquí están!

Los dos se separaron inmediatamente.

Emre apareció.

—¿Interrumpo algo?

Güner lo miró con evidente molestia.

—Sí.

Denmet abrió los ojos.

Emre sonrió.

—Interesante.

—Emre —advirtió Güner.

—¿Qué?

—¿Qué quieres?

El joven entró en la cocina.

—Tenemos un problema.

La expresión de ambos cambió.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Güner.

—Encontraron a alguien cerca de la entrada principal.

Güner se puso de pie.

—¿Quién?

Emre tragó saliva.

—Una mujer.

Denmet frunció el ceño.

—¿Una mujer?

—Sí.

Emre miró a Güner.

—Dice que quiere hablar contigo.

—¿Quién es?

—No quiso decir su nombre.

Güner salió inmediatamente de la cocina.

Denmet y Emre intercambiaron una mirada.

—¿Vamos? —preguntó ella.

—Por supuesto.

—Güner dijo que no nos involucráramos.

Emre sonrió.

—Y tú dijiste que estabas cansada de escuchar eso.

Denmet comenzó a caminar.

—Me estás convirtiendo en una mala influencia.

—Creo que ya lo eras.

 

La mujer se encontraba bajo la entrada principal de la mansión.

Estaba completamente mojada por la lluvia.

Vestía ropa oscura y tenía el rostro parcialmente cubierto.

Cuando Güner apareció, levantó lentamente la cabeza.

Él se quedó inmóvil.

Denmet, que observaba desde una distancia prudente junto a Emre, notó que el rostro de Güner había perdido todo color.

—No puede ser.

La mujer sonrió.

—Hola, Güner.

El mundo pareció detenerse.

Emre dio un paso hacia adelante.

—¿Quién es?

Güner no respondió.

La mujer se quitó lentamente la capucha.

Denmet abrió los ojos.

Era hermosa.

Tenía el cabello oscuro y unos ojos que parecían esconder una profunda tristeza.

Pero había algo más.

Güner la conocía.

—No —susurró.

La mujer se acercó.

—Han pasado tres años.

Güner retrocedió.

—Tú estás muerta.

Denmet sintió un escalofrío.

Emre palideció.

—¿Qué?

La mujer miró directamente a Güner.

—Eso es lo que todos creen.

El silencio fue absoluto.

Güner respiraba con dificultad.

—Fraize...

Denmet llevó una mano a su boca.

La mujer sonrió.

—Sí.

Güner negó lentamente.

—No.

—Estoy aquí.

—No.

Güner comenzó a retroceder.

—Yo estuve en tu funeral.

Fraize bajó la mirada.

—Lo sé.

—Vi tu tumba.

—También lo sé.

Güner apretó los puños.

—¿Qué clase de juego es este?

Fraize lo miró con dolor.

—No es un juego.

—¡Entonces explícame!

Su voz resonó por toda la entrada.

Denmet nunca había visto a Güner de aquella manera.

Su frialdad había desaparecido.

Ahora era un hombre completamente destrozado.

Fraize dio un paso hacia él.

—No podía volver.

—¿Por qué?

—Porque tenía miedo.

—¿De quién?

Fraize miró hacia los alrededores.

Su expresión cambió.

—De la persona que intentó matarme.

El corazón de Denmet comenzó a latir con fuerza.

Güner se quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

—Mi accidente no fue un accidente.

Todos guardaron silencio.

Fraize respiró profundamente.

—Alguien intentó matarme.

Güner la observó.

—¿Quién?

Fraize negó lentamente.

—Todavía no lo sé.

—¿Cómo que no sabes?

—Porque durante tres años pensé que había logrado escapar.

Su mirada recorrió lentamente la mansión.

—Pero ahora sé que esa persona sigue aquí.

Denmet sintió un escalofrío.

La frase parecía dirigida a todos.

Emre miró hacia los empleados.

Güner permanecía frente a Fraize.

—¿Por qué regresaste?

Fraize lo miró directamente.

—Por la memoria USB.

Güner abrió los ojos.

—¿Qué sabes de eso?

Fraize bajó la voz.

—Todo.

En ese instante, Selin apareció en la entrada.

Al ver a Fraize, se quedó paralizada.

La expresión de su rostro cambió.

Por primera vez, Selin parecía completamente aterrorizada.

—No...

Fraize se giró lentamente.

Sus ojos se encontraron.

El silencio se volvió insoportable.

—Hola, Selin.

Selin comenzó a retroceder.

—Esto no puede estar pasando.

Fraize sonrió.

—Eso mismo pensaste hace tres años.

Güner observó a ambas mujeres.

—¿Qué está pasando aquí?

Selin no podía hablar.

Fraize se acercó lentamente.

—Díselo.

—Cállate.

—Diles lo que hiciste.

—¡Cállate!

Güner miró a Selin.

—¿Qué hizo?

Selin respiraba agitadamente.

Denmet observaba la escena sin comprender.

Entonces Fraize pronunció las palabras que cambiarían todo.

—Selin estuvo conmigo la noche del accidente.

Güner se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Fraize no apartó la mirada de Selin.

—Y no estaba sola.

La lluvia continuaba cayendo.

Un trueno iluminó el cielo.

Selin comenzó a llorar.

—Fraize, por favor.

Pero Fraize no mostró compasión.

Habían pasado tres años.

Tres años escondida.

Tres años viviendo con miedo.

Y ahora había regresado.

—Es hora de que todos conozcan la verdad.

Güner miró a Selin.

Después a Fraize.

Y finalmente a Denmet.

La joven comprendió que, desde aquel momento, nada volvería a ser igual.

Porque Fraize estaba viva.

La mujer a la que Güner había llorado durante tres años.

La mujer a la que había acusado de traicionarlo.

La mujer cuya muerte había destruido su corazón.

Había regresado.

Y con su regreso...

El pasado había vuelto para reclamar cada una de las mentiras que habían quedado enterradas.

Pero había algo que nadie imaginaba.

Fraize no había regresado únicamente para descubrir quién había intentado matarla.

También había regresado por Güner.

Porque, a pesar de todo...

Todavía existía una parte de su corazón que nunca había conseguido olvidarlo.

Denmet observó a ambos.

Y por primera vez sintió algo que no quería reconocer.

Celos.

Un sentimiento que podía destruirla.

Porque mientras Güner miraba a la mujer que había creído muerta...

Denmet comprendió que se estaba enamorando de un hombre cuyo corazón todavía pertenecía a un fantasma.

Solo que aquel fantasma...

acababa de regresar a la vida.

CONTINUARÁ...

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