Lía jamás imaginó que terminaría dentro de su novela. Después de llorar por la trágica muerte del Clan Licano, despierta en el cuerpo de Elara Licano, la hija menor de la familia y una de las primeras víctimas de la historia.
Ahora conoce el futuro: las traiciones, las conspiraciones y la guerra que destruirán al clan hasta borrar su nombre.
Pero esta vez, Elara no piensa seguir el guion.
Con sus recuerdos y conocimiento de cada acontecimiento, decide cambiar el destino de su familia antes de que sea tarde. Lo que nadie sabe es que alterar una historia puede despertar peligros que jamás existieron en el libro… y ponerla frente a enemigos mucho más poderosos de lo que recuerda.
Para salvar a los Licano, Elara tendrá que desafiar al Imperio, descubrir quién los traicionará y luchar por la supervivencia del clan.
Esta vez, la historia terminará de otra manera.
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Dos caminos: el destino escrito y el que ahora construimos
Elara se quedó de pie junto a la ventana, con la mano apretada contra el cristal frío, mirando hacia la oscuridad del norte. Su mente, sin querer, empezó a recorrer la historia que conocía de memoria, comparando cada línea con lo que estaba viviendo ahora. Dos mundos chocaban en su cabeza: el destino que el libro había escrito… y el nuevo rumbo que ella acababa de forzar.
LO QUE DEBÍA OCURRIR — El destino original que ya rompió
Cerró los ojos y lo vio todo claro, como si las páginas del libro se desplegaran ante ella:
Rian salía solo, sin sospechar nada. Tomaba el camino del Valle Oscuro, tal como siempre hacía. No había nadie que le advirtiera, nadie que viera la trampa. Entraba entre los árboles y de pronto, cientos de soldados imperiales caían sobre él. Luchaba con furia, mataba a muchos… pero al final, caía, herido y rodeado. Lo llevaban prisionero, lo acusaban de traición falsa, y el clan, dividido y sin pruebas, no podía defenderlo. Tres semanas después, lo ejecutaban públicamente ante todos. Ese día, la esperanza murió con él. El invierno llegó pronto, el grano se acabó, la fortaleza cayó… y el nombre de Licano desapareció.
Elara apretó los puños hasta que los nudillos le dolieron. Ese era el camino que estaba preparado para ellos. Un camino de silencio, de ceguera, de perderlo todo sin siquiera entender por qué.
LO QUE ESTÁ PASANDO AHORA — El nuevo rumbo de la historia
Abrió los ojos, y la realidad la golpeó con fuerza, distinta, más viva, más peligrosa:
- Rian no fue solo: Llevó a diez hombres, porque ella lo convenció.
- Cambió la ruta: Evitó el Valle Oscuro, donde lo esperaban.
- Descubrieron al espía: Toren fue capturado antes de poder abrir las puertas de la fortaleza al enemigo.
- Interceptaron el mensaje: Sabían que la emboscada se había movido al Bosque de los Pinos.
- Enviaron jinetes a advertirlo: Corrían a toda velocidad para alcanzarlo antes de que entrara en la trampa.
Pero entonces, el peso de la verdad cayó sobre ella con toda su crudeza: había cambiado el camino, pero no había eliminado el peligro. El Imperio no se había rendido. La emboscada seguía ahí, solo que en otro lugar. Y si los jinetes no llegaban a tiempo… el destino original podía cumplirse de todos modos.
—Cambié las páginas… pero no al enemigo —susurró, con la voz quebrada—. Sigue ahí, esperando. Solo que ahora tiene que jugar sus cartas de otra forma.
Lady Mira entró en ese momento, silenciosa, y al ver la expresión de su hija, se acercó y le puso una mano suave sobre el hombro.
—Hablas como si supieras lo que iba a pasar —dijo su madre, con tono suave pero firme—. Como si hubieras leído nuestra historia antes de vivirla.
Elara dudó. ¿Debía decirlo todo? ¿Que venía de otro mundo? ¿Que ellos eran personajes de un libro destinados a morir? ¿Que ella había venido a salvarlos? Pero el miedo la detuvo. No la creerían. Pensarían que estaba loca, o poseída. Y en ese momento, con el clan al borde de la guerra, la duda era un lujo que no podían permitirse.
—No lo leí —respondió, bajando la mirada—. Lo vi. En sueños, una y otra vez. Vi a Rian cayendo en una trampa sin que nadie pudiera ayudarlo. Vi a nuestro pueblo pasando hambre. Vi nuestras murallas ardiendo. Y vi que nadie hacía nada para evitarlo, porque nadie sabía que venía. No podía dejar que eso se cumpliera.
Lady Mira la miró largo rato, y en lugar de miedo, sus ojos se llenaron de comprensión y de algo más: respeto.
—Tu abuela tenía esos mismos sueños —dijo suavemente—. Veía lo que vendría, y la gente no le creyó hasta que fue demasiado tarde. Muchos dijeron que estaba loca. Otros dijeron que traía mala suerte. Pero ella intentó advertirlos, igual que tú.
—No traigo mala suerte —respondió Elara, con firmeza—. Traigo la verdad de lo que nos espera si no nos preparamos. El destino que nos esperaba era de muerte. Pero yo elegí cambiarlo. Y eso significa que no podemos seguir actuando como antes. Debemos ser más rápidos, más astutos, más unidos que nunca.
—Lo sé —dijo su madre, apretándole la mano—. Y yo te creo. Pero debes saber algo: cuando cambias el destino, el miedo de los demás se vuelve contra ti. Ya hay quienes susurran que tú provocaste al Imperio. Que tus palabras trajeron el peligro. Si algo sale mal… si Rian no vuelve… te culparán a ti.
Elara tragó saliva. Eso también estaba en el libro. Cuando todo empezó a ir mal, la gente buscó a quién culpar, y la chica que hablaba de sueños y de destinos fue la primera en ser señalada. Ese peligro no había desaparecido. Solo había cambiado de momento.
—Si Rian vuelve a salvo, no importa lo que digan —respondió ella—. Y si no… al menos sabré que intenté salvarlo, no que me quedé callada viendo cómo moría.
En ese momento, un jinete apareció en el horizonte, cabalgando a toda velocidad hacia la fortaleza. No era uno de los que habían partido con Rian. Era uno de los que habían sido enviados a advertirlo.
El corazón de Elara se detuvo. ¿Habían llegado a tiempo? ¿O el destino original había ganado después de todo?
Ambas salieron corriendo hacia el patio, donde Lord Kael ya esperaba, con la mirada fija en el jinete que se acercaba. El hombre saltó del caballo, sin aliento, sudado y con las manos temblando. Todos se quedaron en silencio, esperando.
—¿Y bien? —preguntó Lord Kael, con voz tensa—. ¿Lo encontraste? ¿Está a salvo?
El jinete asintió, y un suspiro colectivo recorrió a todos los presentes.
—Llegamos justo a tiempo, mi señor. Estaban a punto de entrar en el bosque. Les dijimos que el enemigo los esperaba allí, escondido entre los árboles. Rian nos creyó. Dieron la vuelta, tomaron el camino de los acantilados… y vieron con sus propios ojos a los soldados imperiales saliendo de su escondite, furiosos porque su trampa había fallado. Vuelven a casa. Están a salvo.
Elara cerró los ojos y dejó escapar el aire que había estado conteniendo durante horas. Lo había logrado. La primera gran tragedia del destino original había sido evitada. Rian volvía a casa. Vivo. Libre.
Pero entonces, recordó las palabras de su madre y miró a los presentes. No todos celebraban. Algunos la miraban con asombro, sí… pero otros con desconfianza. ¿Cómo sabía ella exactamente dónde y cuándo esperaban a su hermano? ¿Cómo podía predecir los movimientos del enemigo? La duda ya estaba sembrada, igual que estaba escrito en el libro… solo que ahora, ella era la que tenía que demostrar que estaba en lo cierto.
Lord Kael se giró hacia ella, con una expresión que no lograba descifrar.
—Le salvaste la vida, Elara —dijo, con voz grave—. Y por eso te estaré eternamente agradecido. Pero hay algo que debes saber: el enemigo no perdonará este fracaso. Ahora saben que los conocemos. Que predecimos sus pasos. Y eso los hará más crueles, más desesperados, más peligrosos que nunca.
—Lo sé —respondió ella, mirando a todos a los ojos—. Pero prefiero enfrentar su odio que su silencio traicionero. Prefiero la guerra con los ojos abiertos que la paz con cadenas. El destino que nos esperaba ya no existe… pero el nuevo que construimos será más difícil de ganar. ¿Estamos listos para ello?
Nadie respondió de inmediato. Pero en el silencio, Elara sintió algo cambiar. Ya no era solo la hija menor, la chica de los sueños extraños. Era la que los había salvado de perder a su hermano. Y aunque algunos desconfiaban, nadie podía negar que ella veía lo que los demás no podían ver.
Fuera, el viento sopló más fuerte, y una capa de escarcha empezó a cubrir el suelo, mucho antes de lo que debía. El invierno eterno, el final inevitable del libro, seguía acercándose… pero ahora, ellos no estaban desprevenidos. Tenían grano acumulado, murallas reforzadas, y algo que en la historia original nunca tuvieron: conocimiento del futuro y la voluntad de cambiarlo.