"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Ellos también son mis hijos
Después de charlar con Regina, encontré un poco de consuelo, por lo que iba con la intención de conversar con Armando y llegar a un acuerdo que nos beneficiara a todos; deseaba resolver las cosas por las buenas sin la necesidad de un abogado. Pero, por lo visto, ese no era el plan de Armando.
— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Regina al ver a la policía en mi casa.
— No lo sé. ¿Les habrá pasado algo a los niños?
Rápidamente aceleré mis pasos; en medio del caos que parecía haber ocurrido, me encontré con un vecino.
— ¿Qué está pasando? ¿Por qué está la policía aquí? —le pregunté.
El vecino me miró con desdén; tal parece que las palabras de Armando se regaron como pólvora entre mis vecinos.
— Tus amantes vinieron a armar un escándalo, le pegaron a tu esposo. Nora tuvo que llamar a la policía porque parecía que lo iban a matar. No es por meterme, vecina, pero usted tiene un pésimo gusto en los hombres. ¿Cómo pudo traicionar a Armandito, que es tan buena gente?
Dios, dame paciencia.
— Ellos no son mis amantes —atiné a decir—. Y Armando puede ser buena gente, pero no ser un buen esposo. Y usted no se meta en lo que no sabe.
El vecino quiso decir algo más; sin embargo, decidí ignorarlo. Aún debía saber cómo estaban mis hijos. No tuve que buscarlos demasiado; pronto los divisé en los brazos de Cristel.
Karina sollozaba mientras miraba a Armando; Kian, sin embargo, se mantenía a un lado. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a ellos.
— Espera, Karla. No creo que acercarse a ellos sea buena idea.
— Debo hacerlo, ellos son mis hijos. Además, yo soy la responsable de este desastre, Marcus y Jhon solo me querían defender. Tengo que hablar con Armando para resolver esto.
— Espera.
Regina intentó detenerme, pero no le hice caso; lo único que deseaba era abrazar a mis hijos y solucionar las cosas con Armando.
Mientras iba caminando, pensé en que para evitar disputas era mejor que vendiéramos la casa y que cada quien se quedara con la mitad. Después de todo, yo también puse mi dinero para construir nuestro hogar. Aunque, si fuera por mí, preferiría quedarme con la casa. Cuántos recuerdos guardaban aquellas paredes, cuánta alegría me dieron, cuántas lágrimas escondieron. En cuanto a los niños, bueno, aún esperaba que ellos me escogieran a mí.
— Niños…
Ni siquiera pude decir las siguientes palabras por la mirada mortal de Armando.
— ¿Cuánta desfachatez tienes para aparecer? Mira nada más cómo me dejaron tus secuaces. No te bastó con traicionarme, sino que encima me mandas a que me golpeen.
Aún seguía con su acto. Es de no creer lo sinvergüenza que estaba siendo para poner sus culpas en mis hombros. En serio, si yo solo fuera una espectadora, también le habría creído sus mentiras.
— Armando, ya deja el show. Tú eres el que me engañó. Me acusas a mí de haberte sido infiel cuando tienes a tu amante a tu lado —gruñí.
— Ella es solo una amiga que se ofreció a ayudarme con los niños. ¡Eres tan descarada! Intentas lavarte las manos como Poncio Pilato y hacer como si nada hubiese sucedido. Pero nadie te va a creer, todos saben la clase de mujer que eres.
En serio, estaba buscando que le diera un puñetazo en la cara.
— Es una mujer trabajadora —dijo Regina apareciendo a mi lado—. No sé qué clase de malentendido tienen con Karla, pero ella siempre se ha ganado su dinero de manera honesta. Es una buena mujer que ha hecho de todo por sacar adelante a su familia. ¿Por qué la juzgan?
Regina miró a los curiosos que observaban el espectáculo con obstinación. Me sentí tan feliz al ver cómo me defendía.
— ¿Y su esposo por qué va a mentir?
— Siempre la he visto con hombres. No es algo de un solo día.
— Tal vez usted es igual, por eso la defiende tanto. Por algo es su amiga.
— Yo le doy el beneficio de la duda. Ojalá y todo se esclarezca.
— Si dice que su esposo la engaña, debería tener alguna evidencia. En cambio, hay demasiada evidencia de usted siendo una libertina. Ni siquiera va a la iglesia.
— Armando siempre ha sido buena gente. Siempre ayuda a los vecinos, tiene una conducta intachable. Incluso él va a la iglesia con los niños. No creo que la haya engañado.
Pero, por lo visto, aunque las intenciones de Regina fueron buenas, la mayoría de las personas estaban a favor de Armando. Él había vivido más tiempo que yo en este barrio, lo conocían desde niño y estaban al tanto de que sus padres no estaban felices con nuestra unión.
La patrulla se estaba llevando a los chicos mientras Armando les decía que allá se iban a encontrar para resolver la disputa.
— ¡Eres un imbécil! Libera a mis amigos y dame a los niños. Ellos no necesitan a alguien tan ruin como tú —le dije—. Niños, vengan conmigo. Ya escucharon a su padre. Él…
— No, no quiero ir contigo, mamá —sollozó Karina mientras abrazaba a Cristel—. ¡Eres mala! ¡Eres mala! No quieres a mi papá. No quiero ir contigo.
— Bebé, no es eso. Es tu papá el que ya no me quiere. Deberías venir conmigo.
— ¡Mentirosa! ¡Mentirosa! ¡Me quiero quedar con Cristel! ¡Que mejor ella sea mi mamá! Ella sí es bonita y no huele feo como tú —sollozó Karina escondiendo su cara en el cuello de esa mujer.
Sentí como si me hubieran arrojado un balde de agua helada. Busqué desesperadamente la mirada de Kian, esperando que mi hijo mayor, mi niño inteligente, dijera algo. Diera un paso hacia mí.
— Kian... mi amor —supliqué con el hilo de voz que me quedaba, extendiendo mi mano temblorosa hacia él.
Kian me miró con una frialdad que jamás había visto. Dio un paso atrás, poniéndose del lado de su padre y sosteniendo la mano de Cristel.
El rechazo de mis hijos me dolió en el alma.
— Ellos también son mis hijos, Karla —comentó Armando con una nota de emoción—. Y yo quiero quedarme con ellos. Ellos no te quieren, quieren estar conmigo. Espero que lo sepas entender, es por el bien de los niños. Lo mejor es que te vayas.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.