"Dos apellidos enfrentados. Un amor prohibido. Una vida que lo cambiará todo."
Camila Santana siempre supo que su familia odiaba a los Santoro. Creció escuchando historias de traiciones, sangre y ruina. Por eso, cuando la envían al extranjero a los ocho años, cree que escapa de ese infierno. Pero el infierno la espera a su regreso.
Veintitrés años, fogosa y decidida, Camila vuelve a casa para encontrarse con su destino: el hijo de los Santoro. Lo que nace entre ellos es un torbellino de pasión y peligro, de caricias que saben a pecado y miradas que prometen guerra. Pero el odio de sus familias no es un rumor: es una sentencia.
Cuando un embarazo inesperado los une para siempre, Camila deberá enfrentarse a la pregunta más difícil: ¿puede el amor de dos personas vencer al odio de dos apellidos? ¿O su hijo estará condenado a heredar una guerra que no eligió?
Una historia de amor, lealtad y el valor de romper cadenas.
NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9 La Subasta Milenial
Esa semana fue extrañamente tranquila.
Camila había pasado los días en vilo, esperando que Rocco apareciera en cualquier esquina, que enviara un mensaje, que reclamara su "apuesta". Pero nada. Ni una llamada, ni un mensaje, ni una aparición dramática. Silencio absoluto.
Y Camila estaba contenta.
O tal vez no tan contenta.
—Estás rara —le dijo Carola por teléfono el jueves por la noche—. Parece que esperas que algo pase.
—No espero nada —respondió Camila, quizás demasiado rápido—. Me alegra que se haya olvidado de mí. Así puedo seguir con mi vida.
—Claro, "seguir con tu vida" —repitió Carola con ironía—. Por eso has estado mirando el teléfono cada cinco minutos desde el lunes.
—¡No es cierto! —protestó Camila, aunque sabía que su prima tenía razón—. Solo... estaba pendiente por si mis hermanos me llamaban.
—Ajá. Claro.
Camila colgó frustrada. No entendía por qué la ausencia de Rocco la inquietaba tanto. Debería estar celebrando. Debería estar agradecida de que el demonio hubiera decidido dejar de atormentarla.
Pero en lugar de eso, pasaba las noches dando vueltas en la cama, recordando el calor de su beso, el tono de su voz, la forma en que la había mirado antes de desaparecer.
—Estás perdiendo la cabeza, Camila —se dijo al espejo—. Ese hombre es tu enemigo. Tu peor enemigo.
Pero su reflejo no parecía convencida.
*_*
El viernes llegó como un vendaval.
La Subasta Milenial 2028 era el evento del año. Se subastaba una ladera de montaña en la que se habían descubierto piedras preciosas, pero el propietario, endeudado hasta el cuello, no tenía fondos para la explotación. Para las familias Santana y Santoro, era una oportunidad de oro. Y también, por supuesto, otro campo de batalla.
Camila llegó con sus hermanos, vestida con un elegante vestido rojo que le favorecía peligrosamente. Joaquín iba serio, repasando números en su cabeza. Felipe, en cambio, parecía más relajado, aunque sus ojos escaneaban la sala con atención.
—Recuerden —dijo Joaquín en voz baja—. No importa lo que pase, no perdamos la compostura. Los Santoro están aquí, y no vamos a darles el gusto de vernos tambalear.
—Sí, capitán —respondió Felipe con una sonrisa burlona.
Camila asintió, aunque su corazón latía con fuerza. Sabía que los Santoro estarían allí. Sabía que Rocco estaría allí.
Y una parte de ella, la que se negaba a callar, estaba esperando verlo.
—¡Cami, Cami! —Lina se acercó como una exhalación, con los ojos brillantes y una sonrisa que no presagiaba nada bueno—. ¡Ese tipo está por aquí! ¡Ese que te ganó tu cuerpo y ahora eres su esclava sexual!
Camila palideció. Aunque Lina no había dicho el nombre, su voz se escuchó en un radio de diez metros. Varias cabezas se giraron hacia ellas.
—Lina, querida —dijo Amelia, jalándola con fuerza—. Deja de decir barbaridades. Deja de ver esas novelas, te hacen mal.
—Pero si es verdad —protestó Lina, aunque su voz se fue apagando al darse cuenta de que todos la miraban—. O sea... yo solo decía...
—Huy, pero si se vinieron todos —interrumpió Carola, apareciendo como un ángel salvador y abrazando a Camila—. ¿Cómo está mi prima favorita?
—Soy tu única prima —murmuró Camila, aunque una sonrisa se asomó en sus labios.
—Por eso eres mi favorita.
El grupo se rió, aliviando la tensión. Pero el alivio duró poco.
—Mira —dijo alguien cerca de ellos, con entusiasmo mal disimulado—. Los Santoro llegaron. Vaya que son realmente guapos. Mi hija ya está en edad de casarse y creo que voy a probar suerte.
Camila se giró sin querer. Y allí estaba él.
Rocco Santoro entraba por la puerta principal como si el lugar le perteneciera. Traje negro a medida, camisa blanca impecable, corbata gris y negra que lo hacía lucir reservado y, al mismo tiempo, peligrosamente tentador. Detrás de él, César y Mariano completaban la estampa, pero era Rocco quien acaparaba todas las miradas.
—Que los dioses nos amparen —susurró Carola, y Camila notó que su prima no miraba a Rocco, sino a César, que la observaba con una intensidad que no pasaba desapercibida.
Felipe, por otro lado, miraba la escena con una sonrisa divertida.
—Esto se va a poner interesante —murmuró.
Pero fue cuando los ojos de Rocco encontraron a Camila que el mundo se detuvo.
Fue un segundo. Quizás dos. Pero en ese breve instante, todo lo demás desapareció. Las miradas de Rocco eran un pozo oscuro donde Camila veía reflejada su propia confusión. Había expectación, miedo, satisfacción, odio... y una pasión que no se disimulaba con nada.
Camila sintió que sus piernas flaqueaban.
—Vayamos a sentarnos —dijo Felipe, guiándola sin advertir que su hermana acababa de tener un encuentro con el peligro.
Camila se dejó llevar, pero no pudo evitar echar un vistazo atrás. Rocco seguía mirándola.
Y en sus labios, una sonrisa que prometía fuego.
*_*
La subasta comenzó con una rapidez que sorprendió a todos. Los lotes se sucedían uno tras otro, y las pujas se elevaban con cada oferta. Pero todos sabían que el plato fuerte era la ladera de la montaña.
—Señoras y señores —anunció el subastador—, ahora el lote más esperado de la noche. La ladera de la montaña de las piedras preciosas. Oferta inicial: diez millones.
—Doce —dijo Joaquín, levantando la mano con calma.
—Quince —respondió una voz grave desde el otro lado de la sala.
Camila no necesitaba girarse para saber quién era. Rocco.
—Diecisiete —continuó Joaquín.
—Veinte.
La puja se elevaba con rapidez. Los hermanos Santana y Santoro se enfrentaban en una batalla de números que hacía temblar a los demás asistentes.
—Veinticinco —dijo Joaquín, con la mandíbula apretada.
—Treinta —respondió Rocco, con una calma que desesperaba.
Camila vio cómo su hermano comenzaba a perder la paciencia. Sabía que la empresa Santana no podía igualar el poderío económico de los Santoro. Pero Joaquín no iba a rendirse sin pelear.
—Treinta y dos —ofreció.
—Cuarenta.